En muchos aspectos, podríamos pensar que las ciudades son una oportunidad de gestionar de manera eficiente los recursos disponibles, pero no es siempre el caso. El transporte en una ciudad es un elemento clave en su funcionamiento óptimo, no sólo para el traslado de personas sino también de productos. Esta movilidad también está ligada fuertemente al uso de recursos energéticos y a la emisión de gases contaminantes. En este texto se analiza brevemente la problemática general que representa el transporte en México en su relación con la energía, mirando los detalles particulares del transporte urbano del municipio de Mérida, Yucatán, y posibles alternativas para su mejoramiento.

 

 

En la Tabla 1 se presentan algunos datos energéticos que comparan nuestro país con la situación mundial. Aunque México presenta un porcentaje de población urbana mayor al valor global, su consumo energético por habitante es menor que la media mundial, lo que se refleja también en las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por habitante. Esto quiere decir que, a pesar de la vocación petrolera de México, el alto nivel de pobreza de la población se distingue en los valores relativamente bajos de consumo energético por persona, en comparación con otro países también petroleros y urbanizados, pero con alto valor adquisitivo, como Estados Unidos (280 GJ/persona) o Canadá (323 GJ/persona).

 

 

Por otro lado, en México se gasta una proporción muy grande de energía en transporte, en comparación con los valores mundiales. El sector transporte en nuestro país, incluso utiliza más energía que el sector industrial y, por tanto, la manera de contribuir a una disminución efectiva de emisión de gases de efecto invernadero es mediante sistemas eficientes de transporte.

En las últimas décadas se ha privilegiado en nuestro país el uso de autotransporte, el cual en 2017 ocupó el 90% de la energía del sector. En efecto, el INEGI reporta un parque vehicular para ese mismo año con la cantidad de 45,476,133 vehículos registrados (¡un vehículo por cada 2 o 3 habitantes!), de los cuales el 67.5% corresponde a automóviles, 23.8% a camiones y camionetas de carga, 7.8% a motocicletas y apenas el 0.9% a camiones para pasajeros. Estas proporciones del parque vehicular cambian de región a región: en Yucatán, por ejemplo, para un parque vehicular de 770,875 vehículos, 61.7% es de automóviles, 21.0% de motocicletas, 16.9% de camiones y camionetas para carga y tan solo 0.4% de camiones para pasajeros.

 

(Imagen de la Ciudad de México. Imagen de Milenio)

Aunque en la ciudad de Mérida no se tiene un registro exacto del parque vehicular, se estima que existe alrededor de un vehículo por cada dos habitantes; aunque los automóviles se concentran en pocos habitantes pues más de la mitad de los ciudadanos utiliza transporte público, según lo ha señalado el Instituto Municipal de Planeación de Mérida (IMPLAN). Como lo han denunciado el Observatorio de Movilidad Sostenible de Mérida y el Laboratorio Urbano del Mayab, existen grandes deficiencias en el servicio de transporte público de la ciudad y una infraestructura que privilegia el uso de automóviles privados sobre otros medios de transporte (público, bicicleta, peatonal). La movilidad urbana debería formar parte del diseño de urbanización y crecimiento de Mérida, así como de programas de salud pública, integración social, cuidado del medio ambiente y economía.

 

 

Al permitir un crecimiento urbano desordenado y disperso, sin servicios adecuados de transporte público, los habitantes de la ciudad se ven empujados al uso de autotransporte privado. Los circuitos de transporte público no conectan de manera eficiente los distintos puntos de la ciudad ni permiten la intermodalidad, es decir, el cambio orgánico entre distintos medios de transporte (automotor privado, transporte público, bicicleta, peatonal, etc.) para un mismo desplazamiento.

Las dificultades del sistema de transporte inhiben el desplazamiento de personas con bajos recursos económicos o con movilidad reducida; lo que les margina aún más del tejido social. Evidentemente, al privilegiar el uso de transporte público y de transporte sin emisiones de gases de efecto invernadero, también se reducen los efectos contaminantes del ambiente y de contribución al cambio climático; además se impacta positivamente en la salud y la economía de la población, al mantener una atmósfera más limpia, incrementar la actividad física y reducir los accidentes viales.

 

(Ciclistas en México. Imagen de Animal Político)

El transporte de bienes y productos es también una tarea desorganizada en México; Yucatán no es la excepción, impactando directamente a la ciudad de Mérida. La venta de productos locales tiene una mala distribución en la región y muchos de los mercados de estos productos terminan estando lejos de los lugares de producción. Lo mismo sucede en sentido inverso: Mérida acopia y comercializa grandes cantidades de productos provenientes de otras regiones de México y del mundo. Esta globalización de la economía exige el transporte de mercancías por cientos o miles de kilómetros, lo que se refleja en un aumento en el consumo de combustibles y en la correspondiente emisión de gases que contribuyen al cambio climático del planeta. Si las cadenas de comercio locales pudieran reforzarse para encontrar clientes cercanos, se lograría una disminución efectiva en el uso de energía fósil a nivel local.

El mejoramiento del sistema de transporte público y de mercancías es una tarea pendiente de la ciudad de Mérida desde hace ya varias administraciones. Corresponderá a un efecto conjunto de los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal), pero también a la participación ciudadana, de las organizaciones de la sociedad civil, de la academia y de la iniciativa privada, para lograr un proceso de movilidad urbana sostenible. La urgencia ya está establecida y sólo nos falta coordinarnos para lograr que Mérida sea una ciudad incluyente y sostenible a través de un transporte eficiente.

 

 

 

Rodrigo T. Patiño Díaz

Rodrigo T. Patiño Díaz

Químico por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Doctor en Ciencias por el Departamento de Química del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav). Investigador titular de la Unidad Mérida del Cinvestav. Es especialista en temas de energía, y se interesa por el trabajo interdisciplinario y la divulgación de la ciencia.

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