Mérida tiene dos grandes islas de calor y, contrario a lo que se piensa, no están en Ciudad Caucel, afirma el biólogo Luis Fernando Brito Castillo, quien considera que esas enormes planchas de concreto se ubican una al oriente conformada por “los vergeles”, otra al poniente formada por todas las diversas etapas de Juan Pablo II. El especialista afirma que “si se ven la imágenes dese satélite se aprecia que la vegetación es escasa en ambas zonas”.

“Los desarrolladores de vivienda construyen casas en cada rincón, además de que cada vez son más chicas, y claro ejemplo de ello son las que están en Ciudad Caucel; donde los montes que aún quedan a su alrededor la oxigenan.”, agrega. Las reducidas dimensiones de esas construcciones para que habiten las familias, incrementan las condiciones extremas de la temperatura, asegura el también catedrático de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

“La radiación solar es enorme en esas dos islas de calor, fraccionamientos que son áreas de verdaderas planchas de concreto”, expresa. Por eso apunta que la solución no es sólo sembrar árboles, más bien, los ciudadanos necesitan tener en sus hogares los espacios necesarios para poder plantar. Con las medidas que ahora tienen las viviendas, el terreno libre que dejan es cada vez menor o no se cuenta con ello. “Las personas deberían tener al menos una pequeña porción para poder sembrar y tener árboles en su casa”, explica.

Asimismo, “el Centro Histórico podría convertirse en una isla de calor, pues muchas manzanas ya no tienen vegetación, además de que en varias horas del día se concentran los vehículos y eso provoca que la temperatura aumente”, finaliza. Ese sería otro problema más por resolver en la ciudad. 

 

*Portada, imagen SIPSE

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