Escribo este artículo en un 30 de mayo(1), donde nuestro México despierta en semáforo rojo, a excepción de solo un estado: Zacatecas. En el artículo anterior les comenté que el coronavirus ya había afectado a más de 3.4 millones de personas, dando muerte a más de 233 mil. En datos obtenidos el 30 de mayo en la página oficial de la OMS, ya han sido afectados 6’166,970 personas, esto es, un incremento del 81%; han fallecido 372,037, lo que significa un incremento del 59% y se han recuperado 2’641,330 personas.

En este artículo proporcionaré datos que, aunque aparentemente aislados, son resultado de la pandemia cuyas consecuencias nos han afectado inclusive en el lenguaje.

El término que se ha acuñado: la nueva normalidad, expresión que cae en la figura de Oximorón, palabra o expresión que se ha formado por combinación de dos términos de significado contrapuesto. Aquí unos ejemplos: el pico de la curva (las curvas no tienen pico), calma tensa (si está calmado, no está tenso) y otras expresiones como silencio atronador, secreto a voces y por último ejemplo, un oximorón muy común: realidad virtual.

El término que se ha rescatado: la sociedad en riesgo (risk society), concepto acuñado en 1986 por el alemán Ulrich Beck(2) y que en lo personal me parece muy interesante. Se trata de una forma sistemática de lidiar con peligros e inseguridades inducidos e introducidos por la propia modernización. Anthony Giddens, sociólogo inglés, retoma el término y lo define como “una sociedad cada vez más preocupada por el futuro y por la seguridad, lo que genera la noción de riesgo”(3).

Las características principales de una sociedad en riesgo son las siguientes:

· Trabajo flexible y capital liberado.

· Pauperización de la condición de vida de las clases subordinadas.

· Complejización de la lucha de clases (anulación, en algunas regiones) y pérdida de conquistas sociales por parte de las clases subordinadas.

· Aparición de discursos feministas, ecologistas y autonomistas que significan una crítica a las estructuras y relaciones sociales modernas.

· Pensamiento uniforme, desinformación deliberada y limitación progresiva de la educación a la población.

· Crisis de las instituciones sociales modernas. Quiebra de la cosmovisión de la modernidad. Aceptación del riesgo en el pacto social. Convivencia con la crisis ecológica, política y social.

· Dominación completa del capital en la sociedad, lo cual repercute en áreas como la educación, instituciones científicas, discursos, derechos, etc.

Hoy en día, estas características están más presentes que nunca: vivimos en una sociedad en riesgo. Veamos cómo con la situación actual se aplican estas siete características, mismas que voy indicando vía paréntesis.

El 10 de mayo, el INFONAVIT y el IMSS anunciaron que, del 18 de marzo, fecha en la que inició la cuarentena, al 10 de mayo, se habían perdido 707,055 empleos (pauperización de la condición de vida). Recordemos que estos son empleos formales, registrados ante esas dos dependencias, por lo que el número de empleos perdidos es muchísimo mayor (desinformación, desconocemos los números reales).

En el conversatorio transmitido por el Canal del Congreso, se relacionó que las demandas por violencia intrafamiliar se incrementaron un 800% y el número de manifestaciones a favor de los feminicidios ha tenido un incremento del 30% (aparición de discursos feministas).

Por otro lado, comienza a existir una mayor desigualdad económica y la consecuente polarización social (aceptación del riesgo en el pacto social).

De los estudiantes de todos los niveles escolares, solo el 60% tiene acceso a internet, por lo que el 40% de los estudiantes no está teniendo clases a distancia (limitación progresiva de la educación a la población).

A nivel nacional, más de 6 millones de niños beneficiados por el desayuno escolar proporcionado por el DIF dejaron de recibir ese alimento a raíz de que las escuelas cerraron por la pandemia. Para muchos era el único alimento nutritivo que tenían al día.

Estamos a punto de llegar a dos momentos que, sin querer sonar fatalista, me preocupan:

1.- El de la apertura escalonada. Por los comportamientos del pasado 30 de abril y el pasado 10 de mayo, donde la gente se aglomeró para comprar regalos para niños y mamás, nada garantiza que las aglomeraciones no se repitan ante el aviso oficial de que “ya podemos regresar a la nueva normalidad” y,

2.- Se aproxima la temporada de huracanes. Con seguridad será un panorama complejo, con evacuación de poblaciones para concentrarlos en refugios. ¿Cómo podría respetarse la sana distancia en un refugio temporal? En caso de que la energía eléctrica y el agua se corte como ha sucedido en huracanes previos, ¿cómo garantizar la higiene?

Hoy, más que nunca, con un país pintado de rojo por el semáforo de la pandemia, es momento de ser resilientes como persona y como sociedad; evitemos dejar todo en manos del Gobierno pues esto es trabajo de todos; respetemos las normas de salud e higiene.

Vamos a salir bien solamente si te cuidas y si me cuido.

 

 

(1) Los datos que aquí expreso pueden haber cambiado al momento de la publicación en virtud de que fueron obtenidos en la última semana de mayo. Tienen varias fuentes: la ONU, la OMS, la CEPAL, El Economista, datos tomados de sesión virtual del Canal del Congreso, la página oficial de nemws.un.org, entre otras.

 

(2) Beck, Ulrich, 26 de noviembre de 2013. La sociedad del riesgo: en camino hacia otra sociedad moderna.

(3) Giddens y Pierson, Risk Society, 1998, p. 209.

 

Leticia Torres Mesías Estrada

Leticia Torres Mesías Estrada

Arquitecta por la Universidad Autónoma de Yucatán. Maestra en Administración Pública por la Universidad del Valle de México.

Es especialista en Planeación Estratégica Urbana y en Ciudades Seguras por el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano de Barcelona (CIDEU). Docente en la escuela de Arquitectura de la Universidad Modelo y Productora del programa del podcast de radio «Habitar y +».

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