El proyecto del Tren Maya —que consiste en la rehabilitación, ampliación y mejoramiento de las antiguas vías y líneas que conectaban la península con el resto del país— no es una idea nueva, es una consolidación actual, que intenta la revitalización de la economía y del desarrollo de esta parte del país, disponiendo de un medio de comunicación más económico. Esto, nos obliga a revisar tres puntos importantes: el territorio, la población y el impacto ambiental. La importancia de un proyecto de este tipo es que incluye a todos los sectores, como el comercial, de movilidad, económico, ambiental y, en particular, el urbano, ya que el mismo sector de transporte se ubica en asentamientos humanos y en un espacio físico necesario. En éste, las actividades complementarias se sitúan y vienen a formar un subcentro de gran importancia en las ciudades, que modifica, altera y recompone el tejido y funcionamiento urbano; su importancia se fundamenta en que ocupa un sitio, un dónde y un cómo en la ciudad y sus habitantes.

 

 

 

 

El espacio físico: territorio

Este proyecto, que si bien se basa en el transporte, un complemento a la movilidad, requiere de un espacio físico para su funcionamiento, por tal, es de necesidad imperiosa el ordenamiento, la regulación y el cuidado y protección de las zonas en que de manera directa podría afectar, así como las zonas mediatas y hasta las lejanas, cuya comunicación es imprescindible.

La ciudad será afectada de una manera “violenta” en el cambio de usos, modificación de servicios, infraestructura, ocupación, accesos, en el aspecto ambiental y económico. Este acto “violento” alterará las condiciones actuales y es necesario prever lo que va a suceder para, de forma resiliente, poder recuperar no sólo lo que se tenía, sino para conformar algo mejor. Se debe disponer —de acuerdo a los parámetros de diseño urbano— la estructura vial imprescindible, las unidades territoriales afectadas, los espacios públicos de calidad, el uso del suelo y la infraestructura tomando acciones directas que ordenen y mejoren las condiciones; no se trata sólo de “insertar” un uso, se pretende mejorar la ciudad y a las personas que habitan en ella, con soluciones y estrategias, jurídicamente procedentes, técnicamente posibles, económicamente viables y socialmente necesarias.

 

 

 

La población y la educación

Un proyecto de esta magnitud ofrece múltiples oportunidades de trabajo y plantea además la necesidad de un modelo educativo inclusivo que se oriente a la creación de un sistema abierto a jóvenes y mujeres que no hayan tenido experiencia formativa tradicional alguna, o bien que sea trunca, que sean originarios de este territorio.

Es así, que en el contexto nacional y, particularmente en el que rodea al territorio en el cual se emplazará el proyecto del Tren Maya, prevalecen componentes poblacionales diversos, distinguiéndose, entre ellos, las mujeres y los jóvenes, por conformar numéricamente la población mayoritaria económicamente activa en esta región y estar en condiciones de vulnerabilidad ante las limitadas oportunidades educativas y de capacitación que les permitan obtener habilidades y destrezas mediante el aprendizaje autogestivo y proactivo. El aprendizaje inducido (institucional) y el aprendizaje colaborativo (gestado y asumido voluntariamente) son parte de una acción cooperativa compartida para ser motores de la dinámica social y económica en la configuración de una zona de desarrollo como la que delinea el Tren Maya.

Ante esta circunstancia, M. Porter señala que es indispensable asociar la formación para el trabajo a:

1. Los factores disponibles

2. La competencia y competitividad entre las empresas existentes y participantes

3. La formación de la demanda interna y

4. Los sectores de apoyo y conexos del territorio.

Este sistema educativo debe estar orientado también al sector ferroviario y generar espacios de participación a todo recurso humano disponible que, por el trabajo que histórica- mente ha realizado, aporte experiencias a las nuevas generaciones capacitadas para afrontar los retos de solucionar la integración de redes multimodales mediante procesos de restauración, reutilización y aprovechamiento de toda la infraestructura que existe con los requerimientos de los modelos contemporáneos.

En cuanto a infraestructura educativa, las universidades e institutos tecnológicos, los CECYT (Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos), los CBTIS (Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios), los CONALEP (Colegio de Educación Profesional Técnica), las antiguas estaciones de ferrocarril, los edificios patrimoniales, entre otros, poseen equipamiento y espacio suficiente —presencial y a distancia— para capacitar al recurso humano necesario para el sector ferroviario del sureste mexicano.

“Sería absurdo que una autoridad permita que por ganar una mejoría, destruyamos todo lo demás, dañando nuestra calidad de vida y de habitar la ciudad”.

 

 

 

El impacto en el ambiente

En este proyecto, se plantean rutas y líneas nuevas, así, por naturaleza es antípoda de sustentabilidad; sin embargo, se reconoce que el desarrollo tiene que darse en parámetros sustentables de los recursos, que permitan su permanencia, lo cual no quiere decir que no se utilicen; en otras palabras, se debe hacer un uso racional de los recursos. Por obligación, se necesitan políticas ambientales claras, estrictas e inviolables, que permitan el uso de recursos y territorio y que incluyan de modo inseparable los plazos, los recursos y los medios para mitigar y permitir la recuperación del ambiente y evitar el daño permanente, con la responsabilidad compartida ciudadanía-gobierno.

Las ciudades serán afectadas irremediablemente, una vez “insertado” en su espacio urbano, que es lo que el ciudadano usa y disfruta, así pues, no puede permitirse su deterioro o su degradación. Sería absurdo que una autoridad permita que por ganar una mejoría, destruyamos todo lo demás, dañando nuestra calidad de vida y de habitar la ciudad.

 

 

 

Colegio de Arquitectos de la zona metropolitana de Mérida

Colegio de Arquitectos de la zona metropolitana de Mérida

Por: Rosa Loroño, Hernán Gómez y Fernando Alcocer.

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