Mérida, ciudad capital del municipio y del estado, la que alguna vez fue de toda la península, hoy conserva su lugar como la ciudad concentradora de servicios y equipamientos de cobertura regional. Esta característica la consolida como la primera ciudad (sin quitarle la importancia a las demás capitales de nuestra península) que va aumentando en dimensión, población y demanda de servicios; en Mérida se da el mayor número de universidades, hospitales y en estos momentos, de vivienda, debido a la seguridad que brinda.

Mérida, una ciudad que funciona como un gran imán de inversiones que requieren y ocupan un lugar espacial en ella –o en otros casos ya evidentes, en los municipios aledaños–, generando una tensión de ocupación y funcionamiento entre Mérida y las otras ciudades que se ubican a su alrededor. Esto es lo que comúnmente se reconoce como una zona metropolitana, muy diferente a la conurbación.

Como la ciudad más grande e importante, otros asentamientos se desarrollan a su alrededor, muchas veces en otros municipios, cuya gestión es sencilla y, por la distancia, resultan atractivos, pues tienen cobijo y resguardo en la ciudad capital. El atrayente de la cobertura de servicios y equipamientos garantiza el éxito de muchas inversiones. Sin embargo, es Mérida la que carga con el peso de la demanda de servicios, sin tener el poder de reglamentar su propio crecimiento, generando un caos por el aumento de vehículos y población de forma pendular durante los días, cargando su funcionamiento y convivencia como ciudad.

 

La metropolización es una realidad irreversible, por lo que es urgente y necesaria la intervención de autoridades en el ordenamiento y colaboración, simplificando y homologando gestiones que lleven a un regulado crecimiento en toda la zona metropolitana. En el período de la señora Ivonne Ortega, se crea la COMEY, una entidad coordinadora para las gestiones comunes, la cual, tuvo a su cargo la distribución de recursos y obras con beneficio metropolitano. Mérida desconoció su existencia, lo que fue sin duda alguna, una pérdida de tiempo para gestionar el bien común y el desarrollo de ciudades amigables, seguras, bellas e incluyentes. Hoy en día, la COMEY ha sido convertida en el IMDUT, una dependencia dedicada al transporte e inoperante en el tema metropolitano.

La realidad es que se ha desestimado el ordenamiento metropolitano por la gestión de permisos y licencias, grave error, ya que esto es lo último de la cadena; se ha soslayado la coordinación y la elaboración de políticas generales para la zona metropolitana por una oficina de factibilidades; se ha dejado a un lado los principios del diseño y ordenamiento territorial, como la conectividad y movilidad, el ambiente y manejo de residuos, el transporte público y, sobre todo, la relación económico-espacial que guarda todas las ciudades que conforman una zona metropolitana.

“La metropolización es una realidad irreversible, por lo que es urgente y necesaria la intervención de autoridades en el ordenamiento y colaboración, simplificando y homologando gestiones que lleven a un regulado crecimiento en toda la zona metropolitana”.

Mérida es y será la ciudad núcleo que regirá el desarrollo y crecimiento del resto, la que (aun siendo las normas a nivel municipal) tiene que asumir que es en ella donde se están dando las principales actividades, sin importar en cuál municipio de la zona metropolitana se viva, ya que todos nos movemos hacia ella; es Mérida la que debe tomar la posición que manda la ley de integrar el comité de coordinación de forma conjunta con el poder ejecutivo del estado, no por ser más importante, sino porque es ella la que carga con el peso de los servicios e infraestructura. Los nuevos desarrollos fuera de la ciudad, y en especial del municipio, utilizan la estructura sin responsabilizarse de cubrir las obligaciones –como los pagos de derechos e impuestos– demandan uso pero no pagan prediales. Mérida debe ser consciente de que su papel en la zona metropolitana es concentradora y que los problemas diarios, se generan (sin agravio alguno), por los habitantes de otros municipios, que viven ahí por la disponibilidad.

La zona metropolitana se configura por las relaciones sociales, económicas, personales y culturales entre dos o más ciudades y, siendo Mérida la que concentra estos aspectos, es muy importante poder coordinar, reobtener y ejercer de forma transparente recursos que permitan realizar obras de integración, conexión y funcionamiento, teniendo a las demás ciudades como zonas complementarias que conviven y se desempeñan como “uno” y no como “parte”. Se requiere de la visión real y efectiva de una planeación participativa y efectiva conjunta, que genere políticas claras de crecimiento en todos los municipios que forman parte de la zona, para que no se aprovechen de más o menos reglamentación, sino que ésta sea similar y homologada, y conseguir así que las metas y objetivos sean comunes, ya que las personas que vivimos en esta zona no tenemos diferencias, requerimos diferentes servicios, pero aspiramos a la misma calidad de vida.

Fernando Alcocer Ávila

Fernando Alcocer Ávila

Especialista en desarrollo urbano y planeación

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