Transmisión del conocimiento, cohesión social y unidad para la paz, son elementos beneficiosos que derivan de la tradición del Día de Muertos para Yucatán y Mérida; afirma el maestro en Ciencias Antropológicas, Carlos Evia Cervantes. De acuerdo con las investigaciones que ha realizado, el especialista señala que el Janal (Hanal) Pixán fortalece los lazos al interior de las familias, pero también afianza los vínculos entre las comunidades.

De generación en generación, los más jóvenes aprenden y repiten lo que sus ancestros les van enseñando; en cuanto a cómo se prepara el pib, los ingredientes que lleva; cómo se instala el altar y los elementos que deben colocarse. Eso es la transmisión del conocimiento, que va más allá de los tres días del 31 de octubre al 2 de noviembre, puesto que requiere planeación y preparación previa. Difusión que se ha visto fortalecida con las actividades que en las escuelas se desarrollan con motivo de la conmemoración; así como con los eventos oficiales que a la par se realizan.

No obstante, Evia Cervantes considera que no es correcto el organizar concursos de altares debido a que no se puede tener un parámetro apropiado para calificar o determinar cuál es mejor que los demás. “Realmente los altares se elaboran según lo que al difunto le gustaba, de acuerdo con las posibilidades económicas de la familia y con lo que la tradición en cada hogar va dictando. Por eso, en un concurso, ¿qué es lo que se califica?”, cuestiona.

“Muchos se esfuerzan por ponerle más comida, más flores, más velas, más fotos o hasta una casita, pero estrictamente no es algo que deba o tenga que ser obligado en un altar”, afirma. Y aunque reconoce que ha participado como juez en este tipo de “competencias culturales”, también señala que fue en esos momentos en los que comprobó que no hay una medida justa para determinar lo correcto en un altar.

Por ello indica que lo adecuado es que se realicen muestras o exposiciones de altares, sin fines de competencia; puesto que así se continúa propagando el conocimiento de cada quien acerca de la tradición. “Lo positivo es precisamente eso, dar a conocer lo que se hace en días de muertos en la región; que los alumnos investiguen al respecto y conozcan más de esos temas que dan un sentido de pertenencia”, explica.

Una tradición que no es estática

El 31 de octubre es el día para las almas de los niños, el 1 de noviembre es para las de los adultos, y el día 2, se recibe a aquellas ánimas solas o que en sus familias no hay altar. Y lo que perciben al llegar son los olores… los aromas. El Maestro en Ciencias Antropológicas argumenta que, al tratarse de entidades no materiales, no es el sabor de la comida lo que las ánimas disfrutan, sino que es el aroma de la comida, del incienso, de las flores; lo que las guía y las atrae a las mesas que en las casas se disponen para ellos.

En ese sentido, expresa que, aunque para la mayoría la tradición es aquello que tiene que ser repetitivo e inamovible, de acuerdo a lo aprendido: la tradición también va cambiando paulatinamente al paso de los años. Como sustento de su afirmación recuerda que en el caso del pib, los ingredientes puramente prehispánicos son únicamente la masa, el espelón y el achiote. La gallina, el puerco y la hoja de plátano llegaron a la región con la conquista española.

“Por eso no debe extrañar o molestar que ahora se preparen variaciones del pib con mariscos, jamón y queso, res u otras carnes. Pues, de hecho, en Yucatán hay una localidad costera en la que por tradición este platillo se prepara con pescado; sino mal recuerdo es Punta Arena”, agrega.

Paz y cohesión

En cuanto al Hanal Pixán como generador de cohesión social en la metrópoli, Carlos Evia Cervantes indica que se trata de una tradición que congrega a las familias, tanto para los rezos que se acostumbran de acuerdo a la religión que se practique, como para la instalación del altar y la preparación del pib. Además –expresa- todavía hay vecinos que acostumbran intercambiar comida en esos días; así de una casa sale un pib y en respuesta llega otro, a fin de que puedan probar la sazón de cada quien y cómo un gesto de cortesía entre los colonos.

“Esto permite la unidad, fomenta esa comunión en las localidades y sin duda, aporta a ese clima de paz y cordialidad que caracteriza a la Entidad”, añade. “En algunos hogares el rigor de la tradición es tal, que aún se determinan las actividades que realizará cada integrante. Por ejemplo, las mujeres a la preparación del mucbipollo y los hombres a cavar el hueco en el que se cocinará”, concluye.

 

*Entrevista realizada por: Jorge Guzmán Moguel

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