Cuando se conquistó América por los españoles, los conquistadores no reprodujeron el modelo de ciudades de las que había partido, sino que tuvieron la oportunidad de utilizar la extensión americana para crear su ciudad ideal.  A ésta la regía “una razón ordenadora que se revela en un orden social jerárquico transpuesto a un orden distributivo geométrico. No es la sociedad, sino su forma organizada, la que es transpuesta; y no a la ciudad, sino a su forma distributiva”.*

La palabra casi mágica o clave en este sistema fue el “orden”, que encerraba a las tres instituciones más importantes de la época de la conquista (la Iglesia, el Ejercito y la Administración). A su vez, se exigía que este diseño previera el futuro que deparase a la sociedad. Porque el orden debía quedar establecido antes de que la ciudad como tal existiera, para prevenir el futuro desorden, es decir, la ciudad y la sociedad debían permanecer inalterables.

El diseño que reprodujeron las ciudades barrocas en América Latina fue el damero, mismo que se prologó durante muchos siglos. El trazado en damero o hipodámico, es el tipo de planeamiento urbanístico que organiza una ciudad mediante el diseño de sus calles en ángulo recto, creando manzana (cuadras) rectangulares. Este modelo fue el utilizado en los trazados «a cordel» de las nuevas ciudades americanas, generadas a partir de una plaza mayor con iglesia y consejo, es decir, en la Plaza Mayor o Plaza de Armas, se encontraban las autoridades locales y religiosas.

Mientras más se alejaba uno del centro, menos acceso se tenía al desarrollo económico, social y cultural que se llevaba a cabo en el foco de la ciudad. El escritor e investigador Ángel Rama, también describe que en este centro se encontraba una “ciudad letrada” conformada por religiosos, administradores, educadores, profesionales, escritores, servidores públicos y burócratas. ¿Qué quiere decir esto? Que el saber se aglomeraba ahí, e incluso se institucionalizó en ese punto.  

Ahora bien, veamos el caso de Mérida y el desarrollo urbano actual. Es sabido que la ciudad está creciendo lejos de ese centro, literalmente en la periferia; con fraccionamientos para distintas clases sociales; no siempre marginales como se pensaría. Sin embargo, sí, hay más plazas, restaurantes y centros nocturnos distribuidos uniformemente; pero la actividad cultural todavía se concentra en el Centro. Porque esto es lo que previa el diseño colonial barroco: aunque pasaran los años, las personas seguirían dependiendo de esa primera ciudad que hace case “imposible” el cambio en Mérida.

A que me refiero con esto, si bien el plano burocrático ha movido sus sedes, la “ciudad letrada” o la cultura se sigue concentrando en un mismo sitio. ¿Dónde se hace el Mérida Fest, la Noche Blanca, el Festival de las Ánimas, el Festival de la Luz, la Biciruta, ¿etc.? Sí, en el Centro o en el Paseo Montejo, casi todo sigue estando acordonado ahí. Hay otros eventos en Siglo XXI, por ejemplo, pero la centro-dependencia en cuanto a la cultura sigue predominante. Por eso cuando se habla de los fraccionamientos nuevos en la periferia y del acceso a los servicios, hay que tener en cuenta también que hay otra escases más, y no es la de parques, agua o electricidad únicamente, sino de eventos culturales. Los nuevos habitantes de estas colonias necesitan también contar con arte, música, teatro y exposiciones a su alcance; no con aparadores o pseudo galerías perdidas en plazas comerciales.

 

*Biografía o lectura recomendada: Rama, Angel. La ciudad letrada. Arca Editorial, Uruguay, 1998.  

 

 

 

Alma Chacón Lizarraga

Alma Chacón Lizarraga

Editora de textos creativos, publicidad y artículos de interés. Reseñista, traductora y emprendedora de cualquier actividad que requiera mejorar la comunicación entre personas y ciudadanos.  

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