¿Y si le damos una oportunidad a la bici?

Agradezco a quienes pasan por este rincón a leer las reflexiones, pensamientos y/o conocimientos sobre la movilidad urbana y, por sobre todo, humana. Quiero resaltar que ya llevamos varias reflexiones en torno a cómo nos movemos en nuestras ciudades; hemos navegado entre los contrastes de lo que sentimos al movernos en diferentes medios de transporte y lo que vivimos en las calles al transitarlas. Son dos cosas distintas: las vivencias y las sensaciones o emociones que ese movimiento provoca, que para cada persona son diferentes.

Las unas o las otras son el resultado de varios factores. El primero y más importante: nuestro estado de ánimo antes de emprender el viaje, ¿qué está pasando en nosotros antes de salir de casa, del trabajo o de donde sea? ¿Nos entusiasma la idea de salir a tomar el autobús o más bien nos produce flojera? ¿Nos energizamos sabiendo que iremos a nuestro destino en bici o caminando?, ¿o nos baja el ánimo tan sólo pensar en el tiempo y el modo de transporte que tomaremos ese día? Son cuestionamientos que aparecen mientras yo misma me dispongo, a diario, a tomar esas decisiones.

El medio de transporte que elegimos para movernos de un punto a otro, el buen o mal estado de las calles y la calidad de ese espacio público por el cual transitamos también son fundamentales a la hora de reflexionar sobre qué nos hacen sentir y vivir nuestros desplazamientos diarios. Igualmente, los horarios de salida y llegada, junto con los tiempos entre y durante nuestros trayectos, juegan un papel importante. Claro que hay emoción si resulta que a donde debo ir el día de hoy únicamente me tomará entre 10 y 15 minutos en bicicleta, de sólo pensarlo sé que eso va a activar mi circulación sanguínea y me da una experiencia de movilidad activa.

La felicidad que siento antes de salir en la bici me genera endorfinas y dopamina que acompañarán ese trayecto y, aunque aparezca algún obstáculo, algún bache o contratiempo, mi sistema nervioso ya cuenta con una buena dosis de perspectiva para enfrentar los imprevistos del viaje, de sólo pensar que podré fluir en el tráfico y tendré el viento en mi rostro si es un día caluroso. Todo esto, claro, es una visión muy personal y única de mis trayectos, como mujer latina, en mis 30 y tantos años y que de manera autónoma elige sus medios de transporte a diario. Otra historia es cuando el trayecto debe ser en auto, metro o autobús, entre otros, en algunos casos, dependiendo del horario, el día y el objetivo del viaje. En estos no se generan en mí las mismas sensaciones que me produce moverme en bicicleta. ¿Y por qué les comparto esto? Porque en esta ocasión quería dejar plasmado lo que para mí significa moverme en bici.

La bicicleta ha sido una herramienta de cambio social y urbano a lo largo de la historia, y en mi vida personal y profesional me ha transformado profundamente, me ha regalado autonomía, libertad, ligereza, flexibilidad, alegría, movimiento y la lista podría continuar. Tengo una lista amplia de adjetivos calificativos para cada vez que pedaleo y siento bienestar, y es justo esa sensación la que en esta entrega me gustaría dejarles, tanto a quienes ya se transportan en bicicleta y saben de lo que estoy hablando, como para quienes quieran animarse y aún no dan el paso. 

Reconozco que no para todas las personas existe el mismo acceso a esta oportunidad de andar en bici, no siempre es posible o no todas las ciudades lo permiten igual, pero me gustaría que se queden como reflexión lo siguiente: si podemos recorrer largas distancias conduciendo un vehículo porque nos genera más seguridad que ir en bicicleta, nos parece más cómodo o ya estamos demasiado acostumbrados al transporte público motorizado y eso facilita nuestros trayectos, tenemos la capacidad de elegir otras opciones.

¿Y si le damos una oportunidad a la bici?, algún día, para alguno de los trayectos. Tal vez el más corto. Tal vez el más sencillo. Es una pregunta abierta que podría generar un pequeño cambio en nuestra rutina y vida cotidiana, reconociendo en la bicicleta una herramienta para generar alegría y felicidad en nuestras vidas.

 

 

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Laura Viviana Rojas Reyes
Arquitecta por la Universidad Piloto de Colombia y Maestra en Ciencias de la Ciudad por la Universidad Politécnica de Madrid, con especialización en movilidad y ciclismo urbano. Es fundadora y directora de Bicistema Arquitectura y Urbanismo, firma dedicada al diseño y ejecución de proyectos sostenibles que promueven la movilidad activa u la mejora del espacio público en América Latina.