Cuando se habla de basura, es común referirse a términos o conceptos tales como: “disposición final de residuos sólidos urbanos”. Sin embargo, en el transcurso de las etapas que abarca el proceso completo, desde que son generados hasta que se dispone de ellos, los llamados residuos sólidos sufren transformaciones y reacciones muy variadas que los hacen liberar gases o generar lixiviados (líquidos). De modo que, si decidimos apartarnos de ese paradigma y abordamos el problema desde una aproximación sistémica, tendríamos que ser capaces de ver con absoluta claridad que al usar el concepto de Gestión Integral de Residuos (GIR), conlleva una mayor amplitud y mejor perspectiva de análisis, que la simple disposición final de los residuos sólidos urbanos.

Podemos definir el proceso de Gestión Integral de Residuos (GIR), como el conjunto articulado e interrelacionado de acciones regulatorias, operativas, financieras, administrativas, educativas, de planificación, monitoreo y evaluación para el manejo de los residuos desde su generación, hasta su disposición final. Dentro de un sistema GIR, pueden distinguirse claramente las siguientes etapas (ver infografía):

Y el objetivo que se persigue debe ser reducir o eliminar por completo los efectos perjudiciales que estos residuos representan para la salud humana y para el medio ambiente, al mismo tiempo que puede significar un factor de desarrollo económico verdaderamente sostenible. Se estima que en la ciudad de Mérida se generan diariamente, en promedio, más de 900 toneladas de desperdicios, cuya recolección y transporte está concesionada a cuatro empresas: la paramunicipal Servilimpia, y tres privadas: Corbase, Pamplona y Sana. Adicionalmente, se supone que existen otras tres concesiones más que forman parte del sistema de manejo de residuos, de las cuales al menos dos podrían no estar operando; no nos consta debido a que no hay información pública disponible y abierta al respecto, pero desde medios no oficiales inferimos que alguna vez operó una planta que procesaba residuos orgánicos para convertirlos en composta. Al menos durante algún tiempo, se estuvieron vendiendo o regalando bolsas de abono para jardines a quienes lo solicitaran. También existe, pero igualmente no sabemos si opera, una planta de separación y reciclaje capaz de procesar diariamente alrededor de 100 toneladas de desechos, de los cuales mientras funcionó, solamente se obtenían unas 30 toneladas de materiales reciclables que simplemente eran vendidos a terceros, y las 70 toneladas restantes iban a parar al Relleno Sanitario.

Se conoce como Relleno Sanitario o Landfill, al sitio en el cual se disponen los materiales de desecho por el método de enterramiento. Es el más antiguo sistema de tratamiento de residuos, e históricamente ha sido el más común de los métodos de disposición organizada de los mismos que aún continúa utilizándose en muchos lugares alrededor del mundo. Típicamente, los operadores o concesionarios de un relleno sanitario para residuos no peligrosos deben cumplir con ciertas especificaciones predefinidas mediante la aplicación de técnicas que permitan:

1. Confinar los desperdicios en la menor área que sea posible
2. Compactar los residuos para reducir su volumen, y
3. Cubrir los desperdicios diariamente con capas de suelo

(Basura en Mérida: imagen de El Financiero)

Los rellenos sanitarios ofrecen la solución de destino final más económica, aunque no la mejor en términos de sustentabilidad para disponer de los residuos de una ciudad. Entre sus limitaciones más importantes, está que los rellenos sanitarios con administraciones deficientes o poco estrictas pueden causar numerosos problemas como:

1. Daños a la infraestructura de las vías de acceso debido al intenso tránsito de vehículos pesados de carga

2. Contaminación del ambiente local, así como de los mantos acuíferos y del suelo.

3. Contaminación de las carreteras o corrientes de agua locales ocasionada por los neumáticos de los camiones cuando salen del relleno. Este efecto puede ser mitigado con un sistema de lavado de llantas.

4. Cuando la materia orgánica se descompone en un relleno sanitario, se genera de forma natural una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero que por si solo puede representar un peligro, ya que es inflamable y potencialmente explosivo. En los rellenos sanitarios que son administrados apropiadamente, este gas es colectado y utilizado, o simplemente quemado.

5. Los rellenos sanitarios pobremente operados pueden convertirse en una severa molestia debido a la aparición de vectores como ratas y moscas, que son causa de enfermedades infecciosas. Esto puede ser mitigado si los avances del día se cubren adecuadamente al terminar las labores.

6. Otros problemas potenciales incluyen afectaciones a la vida silvestre, polvo, mal olor, contaminación por ruido, y depreciación en los valores de las propiedades cercanas. Además, las aves también contribuyen a extender la contaminación a predios aledaños.

 

(Basura en Mérida: imagen de El Financiero)

El relleno sanitario suele ser una opción con una alta relación costo-beneficio en ciudades donde se dispone de amplios espacios abiertos en las inmediaciones, a un costo relativamente bajo del terreno, siempre y cuando tenga un manejo adecuado. Hoy, a escasos metros del relleno sanitario, ya se encuentra operando la sede del poder legislativo local y un nuevo hospital regional del ISSSTE. En consecuencia, un sitio que genera impactos negativos importantes al ambiente, con el potencial de generar daños a la salud humana por sus efectos infecciosos, puede constituirse ya en un problema severo para la población que acude a estos lugares.

Independientemente del debate que esta situación pudiera generar respecto de las fortalezas y debilidades de los reglamentos de construcción y sus consecuentes criterios para establecer y aprobar los usos de suelo, está claro que muy pronto debe sustituirse el relleno sanitario por otra posible tecnología moderna y funcional; que privilegie el cuidado del ambiente por encima de cualquier otro factor, ya sea económico, social o político. Hoy, países como Alemania, Austria, Suecia, Dinamarca, Bélgica, el Reino de los Países Bajos y Suiza, prohíben terminantemente la disposición de desperdicios no tratados en rellenos sanitarios. En todos estos países, solamente las cenizas producto de la incineración, o los residuos estabilizados de las plantas de tratamiento biológico mecánico, pueden ser depositadas en un relleno sanitario estrictamente controlado y especificado.

Uno de los procesos más modernos para tratamiento de residuos que hoy existen, se conoce con el término waste-to-energy, o con las siglas WtE: que en español podría traducirse como residuos-por-energía, y es el nombre genérico que se da a diferentes tecnologías que generan energía en forma de electricidad y/o calor, a partir del tratamiento primario por medio de la combustión de los residuos.

(Basura en Mérida: imagen Sipse)

Todas las nuevas plantas de WtE que incineran residuos en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México forma parte, tienen que cumplir con estrictas normas de emisiones, incluyendo aquellas de óxidos de nitrógeno, dióxido sulfúrico, metales pesados y dioxinas. Los incineradores modernos que cumplen estas normas son capaces de reducir el volumen original de los desperdicios hasta en un 96%, dependiendo de su composición y el grado de recuperación de algunos materiales, como los metales para su posterior reciclaje.

Algunas personas opinan que con la utilización de estas plantas se reduce el incentivo y la motivación para reciclar. Sin embargo, aún los países que alcanzan los mayores índices de reciclaje en Europa, de hasta un 70% del volumen total de los desechos, incineran el 30% residual para evitar usar rellenos sanitarios, y eso no ha impactado en lo absoluto el porcentaje que reciclan.

Los fabricantes de incineradores han resuelto el problema de las emisiones a la atmósfera usando eliminadores de cal y precipitadores electrostáticos en las chimeneas; adicionalmente, los hay con filtros textiles, reactores y catalizadores que destruyen o capturan otros contaminantes regulados. En un reportaje, el New York Times ha señalado que las plantas de incineración modernas son tan limpias, que se emiten varias veces más dioxinas por las chimeneas de los hogares o los asadores de carbón en una parrillada familiar, que con la incineración de residuos. De acuerdo con el Ministerio Alemán del Medio Ambiente, “debido a las estrictas regulaciones, las plantas de incineración de residuos ya no son significativas en términos de emisión de dioxinas, polvo, y metales pesados”. Hoy en día se encuentran en desarrollo otras tecnologías que tienen el potencial de producir mayor cantidad de energía eléctrica a partir de la misma cantidad de material combustible.

 

(Incinerador WtE)

En el 2007 había en China cerca de 50 plantas de WtE, y Japón era el usuario más grande de tratamiento térmico de residuos, con una capacidad instalada de 40 millones de toneladas. En junio de 2014, Indonesia contaba con una capacidad instalada de generación de energía eléctrica con esta tecnología, de 93.5 Mw y proyectos en diferentes etapas de preparación para contabilizar otros 373 Mw adicionales de capacidad.

Es posible que ante una propuesta como ésta, surjan los obstáculos de siempre: “es que una tecnología como esa es solamente factible para los países desarrollados”, “es que cuesta mucho dinero y ahorita no lo tenemos”, etc. Yo creo con firmeza que hay que investigar, informarse, convencerse de qué es lo mejor que podemos hacer o implementar para resolver los problemas o satisfacer las necesidades que tenemos como sociedad; después averiguar cuánto cuesta, y entonces, gestionar el dinero necesario para hacerlo. Pueden obtenerse o no los medios de financiamiento, pero lo que no es válido desde mi punto de vista, es usar el importe de la inversión como pretexto para no aspirar a lo mejor, sin antes haber hecho un esfuerzo mayor.

 

*Imagen de Portada tomada de La Verdad Noticias.

 

 

 

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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