Las ciudades se expanden sustituyendo las condiciones ambientales de su entorno. El proceso de expansión de la ciudad implica cambios en los ecosistemas originales o transformados de sus periferias, los cuales son eliminados o sustituidos por la ciudad y la infraestructura urbana.

La ciudad de Mérida como otras urbes de México y del mundo han tenido un crecimiento acelerado y desordenado en los últimos 40 años, lo que ha ocasionado una situación que hoy se intenta resolver; y que se caracteriza por el surgimiento de problemas sociales, económicos; y sobre todo ambientales, los cuales tienen un impacto negativo en la sociedad y demeritan la calidad de vida de la población. Como un mecanismo de solución, se propone, y en muchos países se aplica desde hace muchos años, la planificación urbana como una herramienta en donde se designan zonas urbanizables y no urbanizables, dentro de un marco de ordenamiento del territorio, el cual considera también el suelo destinado a la conservación y preservación de recursos naturales de gran valor.

 

En este sentido se debe reconocer que con una acertada visión hacia el futuro, el Ayuntamiento de Mérida creó en 1993 la Zona de Conservación Ecológica Cuxtal. La Reserva se ubica al sur de la ciudad de Mérida y tiene una superficie de 10, 757 hectáreas. En ella están inmersas 9 localidades, las comisarías de Dzununcán y Molas, y siete subcomisarias; así como la planta potabilizadora Mérida I de la JAPAY; que surte más del 50 % del agua que consume la ciudad. Resulta muy ilustrativo recordar que a 26 años de la conformación de la Reserva, cuáles fueron los objetivos que se plantearon en su inicio:

  1. Coadyuvar con el mejoramiento de la calidad de vida de la población,
  2. Regular el crecimiento de la ciudad en esta área,
  3. Contribuir a la conservación de los ecosistemas de la región,
  4. Ayudar a la protección de la zona de captación de agua para el suministro de la ciudad,
  5. Fomentar la educación ambiental,
  6. Impulsar el aprovechamiento racional de los ecosistemas naturales y sus elementos,
  7. Establecer un campo propicio para la investigación científica,
  8. Proporcionar un lugar de recreo y esparcimiento a la población,
  9. Fomentar el desarrollo de la actividad turística,

 

Si analizamos con cuidado cada uno de los objetivos planteados, podemos distinguir un aspecto importante: ninguno de los objetivos ha perdido vigencia o importancia para la ciudad. Quizá sea posible afirmar que los objetivos planteados para la Reserva han adquirido una mayor relevancia de la que se pensó hace 26 años. Por otro lado, si damos un vistazo a las condiciones actuales del estado de conservación de la Reserva, es fácil apreciar que ninguno de los objetivos planteados han tenido un seguimiento razonablemente efectivo por las autoridades municipales responsables de ésta; pues no ha habido la continuidad requerida para el manejo correcto y la observancia del programa de manejo; sobre todo, debido a los múltiples cambios que han ocurrido en el tránsito de los gobiernos municipales de Mérida durante estos años.

La presión de inversionistas y agentes inmobiliarios han generado una mayor demanda de suelo para urbanizar dentro de la Reserva, por lo que construcciones y edificaciones se han logrado infiltrar y expandir, a través del cambio ilegal de uso del suelo. Ante estos embates, la Reserva Cuxtal y la selva baja que debe proteger, han perdido irremediablemente superficies forestales desde el momento de su creación. Se puede estimar que cerca del 40%, de selvas y de vegetación en estado de recuperación se han perdido.

 

 

Sin embargo, el fragmento de selva baja aún preservado representa una gran oportunidad para mejorar la calidad de vida de los cuxtaleños y de los meridanos. Se puede afirmar que la Reserva Cuxtal permite la infiltración de las aguas pluviales, absorbe los contaminantes, retiene y fija dióxido de carbono, produce oxígeno, conserva ecosistemas que son el hábitat para la vida silvestre, regula la temperatura, absorbe y retiene el polvo, así como los gases contaminantes que se producen en Mérida. Además, por su cercanía con la ciudad es un lugar excepcional para la sensibilización, observación de la naturaleza, la concienciación ambiental; idóneo para lograr una buena convivencia social y realizar actividades al aire libre.

Para intentar ser justo, habría que decir que la administración municipal de Mérida 2015 – 2018, y la actual, han realizado acciones para mejorar la gestión y operación de la Reserva. Entre los logros obtenidos están la creación de un órgano desconcentrado, a su vez, se conformó una junta de gobierno en donde participa la academia, varias ONGs y representantes de diversas dependencias de los diferentes organismos de gobierno. Igualmente, se formó un Consejo Técnico Asesor, el programa de manejo de la Reserva fue actualizado en 2018, se dotó a la misma de un presupuesto y se nombró a un Director. Estas acciones iniciadas hace pocos años generan expectativas sobre una mejor dirección. Esperamos que con esto, se aporten beneficios al medio ambiente y a los habitantes de la reserva y de la ciudad de Mérida.

Gerardo García-Gil

Gerardo García-Gil

Doctor en Geografía por la UNAM; especialización en Cartografía de los Recursos Naturales y Ordenamiento Ecológico del Territorio, profesor investigador del Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias-UADY.

E-mail: garciag@correo.uady.mx

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