Los inmigrantes del interior del estado se instalaron en el centro y en casi todos los barrios. Santiago se pobló debido a que su calle principal, la 59, era entrada y salida hacia el puerto de Sisal. San Cristóbal estaba poblado por inmigrantes del oriente del estado, porque por él se salía y entraba hacia las antiguas carreteras a Izamal y Valladolid. Sus habitantes mayoritariamente eran militares y comerciantes porque cerca se encontraba el cuartel de San Benito y el Portal de Granos; más tarde, con el auge del henequén, se convirtió en un área de gran actividad comercial y fabril. A su vez, el barrio de Santa Ana aumentó su población en 1864 al habilitarse el puerto de Progreso. Su vía principal se denominó con el mismo nombre (siendo hoy la avenida que conocemos como la 62) y terminaba en la fueras del barrio donde iniciaba la carretera hacia el puerto.

En 1870, las casonas del centro todavía lucían al estilo de Castilla y Andalucía, aunque éstas eran más sencillas en su aspecto interior, con muros lisos y sin adornos. Las más céntricas detentaban portones guarnecidos con chapetones y artísticos arcos de hierro, marcos de piedra labrada y algunos ostentaban los escudos de armas de sus propietarios. Contaban con varios corredores internos, similares «al de las casas de los árabes andaluces» y varios patios destinados al jardín, la huerta ya la cría de animales domésticos.

A medida que se alejaban del centro, las casas iban siendo menos pretenciosas aunque siempre de fachadas plana. En las calles principales tenían sus viviendas los mestizos; más allá, a extramuros, se abandonaba la mampostería y surgía el paisaje pintoresco que ofrecían las chozas de los indígenas. En ese momento, 60% del total de los habitantes eran indígenas. Para los mestizos, la casa de mampostería era un elemento de orden y estatus; preferían este tipo de construcción para asemejarse a los habitantes del centro, aunque compartían más cultura maya que española. A pesar de todo, el progreso no dejaba de deslizarse, poco a poco, hacia ambos grupos.

En esta época, mientras más cerca estaba la residencia de la plaza principal, mayor era el rango social de sus ocupantes. A los avecindados en esta área se les llamaba «gente del centro», «gente decente» o «familias de bien» y tenían una conciencia de grupo privilegiado. A su vez, era claro que gran parte de la jerarquía social se determinaba por la vivienda.

 

 

*Resumen de: «La búsqueda del confort y la higiene en Mérida, 1860 – 1911» de Raquel Barceló en Historia de la Vida Cotidiana en México. Tomo IV Bienes y Viviendas. El Siglo XIX. Fondo de Cultura Económica, México, 2005. 

*Transcripción de Alma Chacón Lizarraga

 

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