Más allá de cumplir su objetivo de brindar bienestar, el sistema público de salud hace más grande la brecha entre los habitantes de la ciudad. Médicos que en hospitales públicos dan pésima atención a los pacientes, pero que en sus consultorios particulares y clínicas privadas se conducen con buen trato para sus usuarios y clientes, abren aún más la brecha de la desigualdad en la metrópoli.

Gaspar Baquedano López, catedrático de la Facultad de Medicina de la UADY y Coordinador del Programa de Investigación y Atención al Suicidio, explica que los servicios de salud en México y Yucatán acentúan la división social que deriva del poder adquisitivo. En especial, cuando en Mérida hay profesionales de la salud que dividen a sus pacientes, según su poder adquisitivo, entre los de segunda y los de primera clase, así como por la forma en la que acceden a sus servicios. Es decir, si los atienden a través del Sistema de Salud Pública se conducen con prepotencia y menosprecio, pues ahí son precisamente, de segunda. Mientras que cuando es por el sistema privado, están ante los de primera clase, pues aquí se encuentran los que pueden pagar bien.

Baquedano López expresa que la salud tiene su base en la economía, y en ella se puede palpar la desigualdad social. Los que más tienen para pagar serán tratados mejor. “En general, los servicios de salud pública son malos en el país, siempre ha sido el patito feo de los presupuestos. El Seguro Popular no funciona, luego, los medicamentos no hay en muchas de las ocasiones o no son de buena calidad”, agrega.

Además, en Mérida y en Yucatán se da una fragmentación de la salud que desafortunadamente ocurre también en el resto del país. Esta fragmentación es la que divide, discrimina y crea estigmas en quienes padecen enfermedades graves. Estar ubicados en grupos de personas cuyo punto en común es ser víctima del mismo padecimiento, los limita y los va dejando sin un lugar; o fuera del lugar que tenían en la dinámica de la ciudad.

Casos, ejemplos e historias de mala atención en hospitales públicos del Estado, en especial de Mérida, han quedado documentados en redes sociales y diversas plataformas de comunicación. Con la espera interminable, la tramitología y la burocracia en el sistema de salud, se provoca el efecto contrario y nocivo para el bienestar de las personas, ya que todo se agrava.

De una enfermedad se les somete a momentos de estrés, frustración, enojo e incluso depresión, al no poder hacer algo para acceder a la salud; al no contar con el recurso suficiente para acudir a una institución privada. Así es como un servicio médico gratuito no cumple su objetivo en las ciudades, mientras que sí contribuye a corroborar desigualdades, a generar nuevos focos rojos y a someter a una discriminación constante en quienes tienen que hacer uso de ello.

 

*Entrevista realizada por: Jorge Guzmán Moguel

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