Cuando el calor frena la economía.

Aún existen personas en el mundo que continúan viendo el cambio climático como una amenaza futura, algo que ocurriría en las próximas décadas y cuyos efectos enfrentarían principalmente las siguientes generaciones. Esa narrativa es tan equivocada como riesgosa, porque no permite ver la urgencia de actuar de inmediato y a gran velocidad. El cambio climático ya está aquí, y uno de sus impactos más visibles, y menos comprendidos, es el alto costo económico del calor extremo.

Mientras las temperaturas baten récords en distintas regiones del planeta, América Latina enfrenta una realidad particularmente compleja. No se trata únicamente de días más calurosos o de una sensación térmica incómoda. El calor está comenzando a alterar la forma en que trabajamos, producimos y vivimos.

Los primeros en resentirlo son millones de trabajadores que realizan actividades al aire libre. Obreros de la construcción, instaladores de sistemas de paneles solares, personal de mantenimiento urbano, trabajadores agrícolas y muchos otros sectores desarrollan sus jornadas bajo condiciones cada vez más difíciles. Para proteger su salud deben incrementar los periodos de descanso, hidratarse con mayor frecuencia y buscar espacios de sombra. Son medidas necesarias e indispensables, pero que inevitablemente reducen las horas efectivas de trabajo y la productividad.

Algunas empresas han respondido modificando horarios, iniciando labores antes del amanecer o extendiéndolas hacia la tarde y la noche. Otras proporcionan bebidas con sales hidratantes y equipos de protección adicionales. Sin embargo, estas acciones ayudan a mitigar el problema, no a resolverlo.

Los efectos tampoco se limitan a quienes trabajan al aire libre. Numerosas plantas manufactureras, bodegas y talleres operan en instalaciones que nunca fueron diseñadas para soportar temperaturas tan elevadas. La productividad disminuye, los riesgos para la salud aumentan y los costos de operación se incrementan debido a una mayor demanda de refrigeración que dispara el consumo de electricidad.

Todo ello termina reflejándose en la economía. Menor productividad significa mayores costos de producción. Mayores costos suelen traducirse en presiones inflacionarias. Y una inflación persistente afecta especialmente a las familias de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a necesidades básicas.

Incluso sectores aparentemente alejados de esta problemática comienzan a verse afectados. En diversas regiones se analiza la posibilidad de adelantar o modificar calendarios escolares para proteger a los estudiantes durante los periodos de calor más intenso. Estas decisiones generan nuevos desafíos para madres, padres y cuidadores, con consecuencias económicas que rara vez se incorporan a las estimaciones convencionales.

La adaptación climática suele asociarse con infraestructura, energía o gestión del agua. Pero también implica repensar la organización del trabajo, el diseño de nuestras ciudades y las condiciones bajo las cuales operan nuestras economías.

Un estudio de la Universidad de Oxford publicado este año advierte que, si el calentamiento global alcanza los 2°C, aproximadamente la mitad de la población mundial podría vivir bajo condiciones de calor extremo hacia mediados de siglo. No estamos hablando de un escenario lejano. Estamos observando y padeciendo ya sus manifestaciones en muy diversas maneras y situaciones.

Quizá el mayor desafío no sea soportar el calor, sino comprender que ya está transformando silenciosamente los fundamentos de nuestra economía.

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Raúl Asís Monforte González
Ingeniero Civil. Cuenta con dos Maestrías, una en Arquitectura de Paisaje y otra en Energías Renovables, ambas por la Universidad Marista. Empresario especializado en construcción, sistemas de riego y energía solar. Propietario de Riego Inteligente®️ y Mi Energía MX®️. Es presidente fundador de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C., ex presidente del Comité Directivo de la CMIC delegación Yucatán y ex vicepresidente ejecutivo nacional de infraestructura energética en la misma CMIC. Consejero de MetrópoliMid.
raul@mienergiamx.com