Hasta antes de la crisis ecosanitaria que generó la llegada del Covid-19 a México, Yucatán y su ciudad capital venían registrando una evolución económica muy positiva, en contraste con lo que venía ocurriendo en la mayoría de las economías de las entidades federativas del resto del país. A ese resultado se habían orientado los propósitos y el trabajo de las autoridades estatales y municipales en los años recientes. Mérida había logrado colocarse como Ciudad-Marca en el contexto de la globalización y se había convertido en polo de atracción turístico en sus diversas modalidades, en nuevos negocios, en inversión inmobiliaria y en lugar de residencia de mexicanos de diversas regiones y de extranjeros.

Su alto nivel de calidad de vida y sus condiciones de seguridad, así como la tasa de crecimiento económico de la entidad por arriba de la media nacional, la distinguían de lo que ocurría en otras ciudades. Mérida y Yucatán se habían puesto de moda.

Ciertamente, en términos de su aportación al PIB, la economía de Yucatán es a la fecha todavía bastante modesta, ya que sólo representa el 1.5 por ciento del total nacional, ligeramente debajo de la participación de Quintana Roo (1.6 por ciento), pero arriba de la de Guerrero (1.4 por ciento). Su sector económico más importante es el de los servicios y el comercio que generan el 67 por ciento de la riqueza estatal y dan ocupación a dos terceras partes de la fuerza de trabajo de la entidad, particularmente en ramas de actividad como el turismo, la hotelería, restaurantes, las ventas al menudeo, entre otras.

Con todo y su pequeña contribución a la economía del país, las cifras de los últimos años en diversas ramas de actividad dan cuenta del buen desempeño de la entidad: turismo creciente, hoteles con altos niveles de ocupación, cada vez más pasajeros en el aeropuerto de Mérida (nacionales y extranjeros), compra-venta de casas y condominios, inversión a la alza en nuevos sectores de la economía, crecimiento importante del pequeño sector manufacturero, y una economía agropecuaria modesta pero también en expansión.

 

 

Desigualdad social

No obstante, este auge de la economía yucateca solo lo ha disfrutado un sector muy reducido de los habitantes de la entidad, mayoritariamente asentados en la capital del estado y, en particular, de la zona norte-noreste de la metrópoli, así como los visitantes con poder adquisitivo. El boom yucateco y meridano reafirmó la profunda desigualdad social que ha sido característica histórica de esta ciudad. No hay que perder de vista, por ejemplo, que de acuerdo con las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en Mérida radican cerca de 300 mil personas en pobreza y que una proporción muy importante de la población ocupada hasta finales de 2019, poco más del 47 por ciento, lo hacia en condiciones de informalidad. De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el dinamismo de la economía yucateca que se prolongó por 08 lo menos durante los últimos 10 años se acompañó de tasas de crecimiento de la ocupación, incluso por arriba del promedio nacional. Sin embargo, en su mayoría, el empleo asociado a esta dinámica fue empleo precario, de bajos salarios y sin ningún tipo de protección social, tal como lo define la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Triple choque

Como en otras latitudes, el brote del coronavirus ha generado en México un triple choque: uno de oferta, proveniente de la interrupción abrupta de las actividades de una amplia cantidad de negocios y el trastorno de las cadenas de suministro asociadas. Otro de demanda, principalmente por el cambio en el comportamiento de los consumidores que hemos estado confinados y, uno más, el financiero, como secuela de los anteriores, y los correspondientes ajustes de cartera que van de la falta de liquidez a la insolvencia.

A estas alturas de la crisis ya no hay discusión de que la pandemia ha resultado tan letal para la salud pública como para la economía, en función de las empresas que han debido cerrar y de los empleados y trabajadores que han perdido su trabajo, no tanto por el virus en sí, como por el confinamiento y la distancia social que han tenido que implantarse y que, si bien salvan vidas, también se han encargado de desaparecer empleos. Por supuesto que Mérida no ha sido la excepción: hoteles, restaurantes, plazas comerciales, cines, salas de cultura y un amplio etcétera han tenido que cerrar. El costo más alto del cierre de las actividades ha sido sin duda el gran desempleo que se viene generando y que seguro irá en aumento ante la amenaza de una pandemia que nos llevará por el período de mayor contagio en las semanas de fines de abril y, por lo menos, las dos primeras de mayo.

 

 

 Desempleo creciente

A propósito de los altos niveles de desempleo, ya se encargó la propia Secretaría del Trabajo de reportar que, en la semana del 13 de marzo al 6 de abril, se perdieron 346 mil 878 puestos de trabajo formales, a causa de los efectos derivados del brote pandémico.

El presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), ha señalado que, por la emergencia sanitaria del COVID-19, el 70 ciento de los más de 600 socios que tiene la Confederación en Mérida han tenido que hacer ajustes en su plantilla laboral: disminución de horario laboral y despidos masivos, entre otros. El 55 por ciento tuvo que cerrar por no considerarse como actividades esenciales, de acuerdo al decreto oficial y el 45 por ciento siguen operando, pero con restricciones. El líder empresarial precisó que el 90 por ciento de sus empresas afiliadas son pequeñas y medianas empresas (Pymes). De acuerdo a una encuesta realizada por la CONCANACO entre los afilados a las Cámaras de Comercio, Servicios y Turismo de todo el país, más del 80 por ciento de las empresas se encuentran en cierre temporal o disminuyeron sus horas de apertura debido a la contingencia.

Se ha puesto usted a pensar qué ha sido durante estas semanas de las y los jóvenes indígenas que hasta hace poco vendían sus productos textiles en el Centro de Mérida, Paseo de Montejo y lugares más turísticos de la entidad. O de los miles de empleados de los principales restaurantes, taquerías y fondas de la ciudad, como la cafetería Colón. O de los cientos de trabajadores de las diversas casas comerciales, cines, bares y lugares de recreación, de plazas y centros turísticos de la ciudad, por citar solo algunos ejemplos.

“El presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), ha señalado que, por la emergencia sanitaria del COVID-19, el 70 ciento de los más de 600 socios que tiene la Confederación en Mérida han tenido que hacer ajustes en su plantilla laboral”.

Programas de gobierno insuficientes

Los programas anunciados tanto por el gobierno federal como por el estatal para hacer frente a la situación no parecen ser suficientes para contener la avalancha de desempleo en curso y la que previsiblemente irá en ascenso durante los próximos meses aun en el supuesto de que la economía entrara en recuperación en el corto plazo. La austeridad gubernamental a la que ha llamado el Presidente de la República no servirá gran cosa ante las dimensiones del desempleo masivo que se viene. El Programa de Seguro de Desempleo puesto en marcha por el Gobernador Vila también ya probó ser insuficiente frente a los demandantes. La canalización de recursos por 750 mil millones de pesos que el Banco de México ha hecho a la banca comercial para darle liquidez y reactivar el crédito a las empresas, será un alivio para aquellas que cumplan con los requisitos bancarios, y ya veremos cómo funciona el crédito del Banco Interamericano de Desarrollo por 12 mil millones de dólares convenido con el Consejo Mexicano de Negocios, mismo que al parecer puede resultar un mecanismo rápido y eficiente en la apertura de créditos para micro, pequeñas y medianas empresas, aun con el desacuerdo presidencial.

Como sea, frente al hecho de que la inmunidad no alcance pronto a la totalidad de la población, y ante la ausencia de un rescate fiscal de grandes dimensiones, como ha ocurrido en otras economías, —y al que el Presidente López Obrador se ha negado—, muchos sectores de la economía no se recuperarán tan rápido. El sector hotelero, turístico y en general, la actividad económica de contacto, como los restaurantes, cines y bares, sufrirán por varios meses, o muchos ya no abrirán.

“Los programas anunciados tanto por el gobierno federal como por el estatal para hacer frente a la situación no parecen ser suficientes para contener la avalancha de desempleo en curso y la que previsiblemente irá en ascenso durante los próximos meses”.

¿Cuándo volveremos a tomar un avión, o a hospedarnos unos días de vacaciones, o ir a La Negrita a tomar unos tragos y escuchar música, o al concierto de la Sinfónica de Yucatán, o a tomar una champola a la cafetería Colón? ¿Regresaremos a ver jugar a los Leones de Yucatán? Seguro que no lo haremos pronto y por ello es muy probable que la actividad económica entre en un proceso de contracción prolongada, no solo aquí, sino en México y en muchas ciudades del mundo. Mérida no volverá a ser la misma.

 

Esta crisis es el mayor reto de nuestra historia: evitar que se pierdan millones de empleos y disminuyan masivamente los salarios y prestaciones por la desaparición o debilitamiento generalizado de las empresas.

¿Quién aplana la curva del desempleo?

 

 Francisco J. Hernández y Puente

Francisco J. Hernández y Puente

Economista, Profesor de la UNAM.

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