Recientemente Forbes Life posicionó a Mérida como una de las diez mejores ciudades del mundo para viajar en 2022, lo cual en el mejor de los casos nos deja un sabor agridulce. Como hemos mencionado en otras publicaciones, Mérida no es una ciudad caminable, tiene muy pocas áreas peatonales y carece de infraestructura orientada a la movilidad de las personas. El turismo se hace a pie, esto es indiscutible, pero también la calidad de vida de quienes vivimos en Mérida y su zona metropolitana depende en gran medida de si la ciudad está orientada o no hacia las personas. ¿Mérida lo está?
 

El Peatón: clave para hacer ciudades para la gente.

Hacer ciudades para la gente implica poner a la persona en el centro del diseño, la planeación y la ejecución de obras y políticas públicas. Uno podría pensar que esto es obvio, ¿qué más podríamos tener en mente al momento de hacer ciudades si no es a sus habitantes?, pero si prestas un poco de atención a la estructura urbana de nuestras ciudades te darás cuenta que, tristemente, no están siendo diseñadas para las personas.

Ciudades para el auto, no para el peatón.

Al analizar componentes esenciales del diseño urbano, como la escala, las dimensiones, la distribución de zonas, la accesibilidad, etc., te das cuenta de que, consciente o inconsciente- mente, estamos diseñando ciudades pensando en el automóvil y no en el peatón. Es decir, en el medio de transporte y no en la persona. Si no lo crees, tan sólo fíjate en la distribución de las calles –que son espacios públicos esenciales– y compara el porcentaje de espacio destinado al auto contra el destinado a las personas; en muchos casos ni siquiera hay senderos peatonales, o están llenos de obstáculos que impiden caminar.

Cada vez existen más zonas de la ciudad donde no puedes llegar a pie o en transporte público, enfatizando la dependencia del automóvil. Las escalas también están hechas para estos flujos motorizados, con grandes espectaculares y letreros luminosos, creados para que los veas a grandes distancias y circulando a gran velocidad, y no caminando, lo cual hace que sacrifiquemos experiencias, colores, aromas, interacción real. No se trata de satanizar el automóvil –que trae importantes beneficios y practicidad– pero es importante rescatar una visión centrada en la persona.

 

El Peatón: clave para evolucionar hacia comunidades urbanas.

Caminar es parte de la naturaleza humana. Caminando interactuamos y nos reconocemos como seres humanos, nos permitimos articular con la sociedad y con nuestros semejantes. Como menciona Luis Carlos Sierra en esta misma edición: “Conocemos el mundo interactuando con él, viviéndolo, experimentándolo, sufriéndolo, recorriéndolo”. Pero los beneficios de una ciudad amigable al peatón van más allá del individuo y permean en la sociedad.

Las ciudades accesibles y amigables con el peatón –es decir las ciudades caminables–, construyen comunidad. Esto implica entender la diferencia entre dos conceptos muy importantes que nos explica María Isabel Velázquez en esta edición:

· La accesibilidad, que depende de la infraestructura y los equipamientos, hace que una ciudad sea accesible. Pero, más importante aún,
· La caminabilidad, que depende del confort, hace que una ciudad sea habitable.

Esto es, una ciudad que se puede caminar cómodamente, que está diseñada para experimentar como peatones –como personas pues–, es una ciudad que se puede disfrutar, habitar y vivir; es una ciudad que va a mejorar nuestra calidad de vida, como individuos y como comunidad.

Un ejemplo alarmante en Mérida: los pasos y los puentes peatonales.

Cuando pensamos en Mérida y su peatonalidad, no podemos evitar mencionar los llamados puentes peatonales. En esta misma edición, Eduardo Monsreal nos expone cifras duras: de 493 siniestros con peatones acontecidos entre 2016 y 2018, tan sólo 11 se registraron en inmediaciones de pasos peatonales, lo cual representa una incidencia de 0.02 siniestros por cada paso peatonal. En contraste, en ese mismo período, se registraron 26 atropellamientos en inmediaciones de puentes peatonales, lo que supone una tasa de incidencia de 2.9 siniestros por cada puente, una diferencia abismal de proporciones.

Esto nos pone a reflexionar sobre qué estrategia está pensada realmente para el peatón: 0.02 de los pasos peatonales –los que son a nivel de calle–, contra 2.9 de los puentes peatonales –los que son elevados, que se están desmantelando en muchas partes del mundo y que algunos han bautizado como “puentes anti peatonales”.

“Una ciudad que se puede caminar cómodamente, que está diseñada para experimentar como peatones –como personas pues–, es una ciudad que se puede disfrutar, habitar y vivir; es una ciudad que va a mejorar nuestra calidad de vida, como individuos y como comunidad”.

David Montañez Rufino

David Montañez Rufino

Fundador y Director General de la plataforma urbana M50: organización ciudadana dedicada a promover una ciudad pensada, diseñada y construida mediante gobernanza; con espacios públicos de calidad, sistema de movilidad integral y desarrollo urbano sostenible.

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