Gentrificación urbana ¿nuevo instrumento de segregación social?

La gentrificación es un proceso social y espacial característico de las ciudades capitalistas en las que la ubicación de cada grupo social dentro de la ciudad es determinada por su capacidad de compra y sus características sociodemográficas. Es un término anglosajón que fue acuñado en la década de 1960 por la socióloga Ruth Glass, al observar cómo la población de los barrios obreros tradicionales de Londres era desplazada por otras clases sociales, adineradas y modernas, atraídas por los edificios de la época victoriana.

Su análisis del tema en Estados Unidos se ha complejizado porque existen diversos tipos de gentrificación. Al observarse que no sólo es un fenómeno económico determinado por los precios inmobiliarios, se descubre que se relaciona también con factores como la raza. Es decir, afecta a la población afroamericana que es desplazada de sus barrios por presiones que combinan alta capacidad de compra con rechazo social por parte de la población blanca, como muestran diversos autores en Chicago, Filadelfia y muchas otras ciudades norteamericanas.

 

 

En nuestra realidad mexicana y, en general latinoamericana, el fenómeno existe, aunque sigue siendo un tanto resbaladizo y poco claro. La razón es que su estudio proviene de una realidad urbana muy diferente a la nuestra en varios sentidos: en el mundo anglosajón las explicaciones tienden a concentrarse en el desplazamiento poblacional por procesos de renovación urbana en los que generalmente predomina la vivienda en renta. Esto facilita la gentrificación e, inclusive, tiende a verse como normal al ser parte de la “modernización” urbana.

En las ciudades latinoamericanas predomina la propiedad y la tenencia de viviendas (aunque parcialmente informal) y no la renta. Si bien la gentrificación ocurre por presiones inmobiliarias que pueden beneficiar a propietarios, no así a quienes no lo son y a las actividades —económicas y sociales tradicionales— que son desplazadas por las consideradas modernas. Estas presiones de desplazamiento generan resistencias, en muchos casos violentas.

Otro elemento a considerar es que en nuestras ciudades persisten fenómenos de segregación y marginación de poblaciones que históricamente han sido desplazadas de barrios céntricos a periferias precarias e informales. Igualmente ocurre con nueva población que tiene que asentarse en estas periferias por falta de oferta asequible a su capacidad de compra en la ciudad consolidada. Estos fenómenos no son suficientemente considerados en los estudios sobre gentrificación.  

En síntesis, lo que observamos es que la gentrificación contemporánea tiende a convertirse en una especie de nuevo colonialismo. La razón es que los centros históricos y los barrios con arquitectura tradicional de alto valor histórico y artístico, entre otros espacios urbanos, son apetecidos por clases sociales con alto nivel de ingreso que privilegian formas de vida que surgen de las modas impuestas por los medios de comunicación, por la preeminencia de la blanquitud racial y por los elementos estéticos y culturales que caracterizan a la identidad de estas clases. 

Más allá del desplazamiento social por acciones de regeneración urbana, estamos ante procesos socioespaciales que, en muchos casos, nos recuerdan que la segregación y la marginación de los grupos sociales que son diferentes por su ingreso, su raza o su clase social, sigue muy presente y sólo cambia de nombre. 

 

¡Descarga gratis la edición 86!

 

Artículos Recientes

Última Revista

Alfonso Iracheta Cenecorta
Director General de Centro EURE S.C. e Investigador de El Colegio Mexiquense.
axic@cmq.edu.mx