En el artículo anterior “Neurodivergencias en las infancias”, mencionamos el ejemplo de una niña agobiada por el ruido y la luz en un parque, entendimos qué es la neurodivergencia y cómo el espacio público rara vez contempla las necesidades de estas personas. Ahora, en este mes, hablaremos sobre los diferentes tipos de neurodivergencia, así como sus necesidades concretas en los parques: cómo se desenvuelven, qué les impide participar y qué les invita a quedarse.

Qué necesita la neurodivergencia del espacio público
Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Esta condición afecta la comunicación, la interacción social y el procesamiento sensorial, con hiper o hiposensibilidad a los estímulos.
Al estar en el espacio público realizan una exploración cautelosa del entorno en el que se encuentran: observan antes de sumarse a alguna actividad, se mantienen en los bordes de las áreas de juego (aislamiento) o repiten el mismo recorrido o movimiento una y otra vez. ¿Por qué?, porque lo conocido les brinda seguridad. Su participación se ve limitada por lo impredecible que llega a ser el espacio para ellos (ruido súbito, aglomeración, temperatura del lugar y más). Dicho esto, para incentivar su estancia y participación, debe hacerse justamente lo contrario: el espacio debe contar con rutas reconocibles, zonas de calma visibles desde lejos y la posibilidad de mirar sin sentirse obligados a integrarse de inmediato.
Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
Patrón de falta de atención, hiperactividad e impulsividad que también tiene un componente sensorial. El entorno compite al cerebro por recursos cognitivos limitados.
Se desenvuelven con movimiento constante, saltan de una actividad a otra y exploran de una forma poco lineal. Por ello, si los parques “exigen” quietud prolongada o áreas que no ofrecen dónde canalizar ese exceso de energía, tienden a tener una sobrecarga sensorial (estrés y agotamiento mental), impulsividad sensorial y desorientación. Como solución, es indispensable contar con mobiliario urbano que permita la actividad física intensa (correr, columpiarse o trepar, entre otros) y una organización clara del espacio que ayude al infante a decidir qué hacer sin necesitar demasiadas instrucciones.
Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS)
Afecta a cerca del 3% de la niñez y consiste en la dificultad para organizar la información que llega por los sentidos, ya sea con hiper o hiposensibilidad.
En la práctica, un niño hipersensible puede negarse a pisar pasto o arena, o cubrirse los oídos ante ruidos moderados; mientras que uno hiposensible puede buscar activamente girar, saltar o gritar para sentirse regulado. Por lo tanto, si el parque tiene una mezcla simultánea de estímulos (luz, ruido y textura) pueden reaccionar con miedo o ansiedad intensa en busca de estímulos adecuados a sus necesidades (gritar, berrinches, llevarse a la boca cosas no comestibles u otras cosas). Para evitar estas complicaciones, es primordial que los espacios cuenten con una variedad de texturas y niveles de estímulo entre los que pueda moverse según lo que necesite en ese momento.
Dispraxia
Trastorno neurológico de planificación motora que afecta la coordinación, el equilibrio y la comprensión de relaciones espaciales.
Las infancias con esta condición pueden presentar retos al correr, trepar o mantener el equilibrio, debido a la dificultad para procesar señales sensoriales y espaciales. Entre las principales barreras físicas que condicionan su integración y participación plena dentro del parque, se encuentran los cambios de nivel abruptos y los juegos con una sola forma “correcta” de completarse o jugar. Para incentivar sus capacidades, es primordial que el espacio disponga de superficies uniformes, así como alternativas para lograr el mismo reto que los otros niños (por ejemplo, una rampa junto a una escalera), sin presión de tiempo ni de miradas ajenas.
Dislexia y discalculia
Dificultad para procesar símbolos escritos o numéricos, que no afecta la inteligencia sino la forma de codificar cierto tipo de información.
En el espacio público se desenvuelven apoyándose en la memoria visual y recorridos repetidos, por lo que su participación se ve limitada cuando los mapas, reglamentos o avisos dependen sólo de texto o de números. En vista de ello, se vuelve esencial la presencia de tablas de información con pictogramas, colores y símbolos reconocibles que comuniquen sin necesidad de leer.
Síndrome Gilles de la Tourette
Condición neurológica caracterizada por tics motores y/o vocales involuntarios.
Cuando están en el espacio público, buscan cierto control sobre la exposición social, pueden preferir entornos menos concurridos y momentos de menor observación o zonas para retirarse con discreción si lo necesitan. Es decir, si un parque no dispone de zonas “de escape” o lugares más cerrados o privados (como los kioscos), se desencadenan retos sociales como: la incomprensión social, el aumento del estrés (por la acumulación de gente) y el aislamiento (no se siente bienvenido). Para evitar su distanciamiento, los parques deben contar con ambientes donde el movimiento y el ruido ya forman parte de la norma (zonas de juego activo), y donde salir de una actividad o momento de tensión no llame la atención.
Los parques funcionan mejor si contemplamos todas las perspectivas
En ORTMED y MetrópoliMid buscamos comprender las distintas condiciones de la neurodivergencia para reconocer que no todos los usuarios experimentan los parques de la misma manera. Cada condición presenta necesidades específicas, pero todas coinciden en la importancia de contar con entornos previsibles, accesibles, flexibles y sensorialmente equilibrados.
Al diseñar parques desde la diversidad, se favorece la participación de las infancias neurodivergentes y se contribuye a la creación de espacios públicos más inclusivos, seguros y acogedores para toda la comunidad.
Por Equipo ORTMED y Equipo MetrópoliMid
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