Cada vez es más pertinente y urgente, el llamado para encaminarse hacia una transición que permita al planeta migrar desde una economía basada en la ya insostenible quema de combustibles fósiles, hacia una prosperidad cimentada en fuentes de energía limpias y renovables. Con frecuencia este llamado es erróneamente interpretado como una declaración de guerra, en la que las demostraciones de poderío y enfrentamiento en el campo de batalla, tendrían que derivar en un saldo de derrotados y vencedores, con un oponente que se levanta airoso sobre la destrucción que ha infringido a su rival, los hidrocarburos contra el silicio, el uranio enriquecido contra el poder del viento, los paneles solares contra las plantas termoeléctricas.

No es así, una genuina transición requiere varios años de preparación anticipada, tarea que ya debería estar cumplida. Así como un atleta olímpico entrena varias horas al día, cuida su alimentación, se protege contra las amenazas a su salud física y mental, y se enfoca en sus objetivos de manera disciplinada conforme transcurre el calendario, del mismo modo los países y regiones de todo el planeta ya deberían haber concluido la fortificación de su andamiaje normativo e institucional, preparado su sistema financiero, formado a su capital humano, e incentivado la inversión del sector privado en materia energética.

Muchos incluso ya han iniciado ésta que es una carrera de fondo, de largo alcance, una prueba de maratón. Otros andan un poco distraídos en la línea de salida y no se dieron cuenta que el disparo de inicio ya ha sido detonado. México tuvo un buen arranque, pero inexplicablemente nuestro entrenador ahora nos quiere obligar a retroceder, y no sólo a la línea de partida, sino que desea llevarnos completamente fuera del estadio y estropear nuestra preparación de varios años atrás, obligándonos a ingerir exclusivamente alimentos chatarra repletos de grasa y fumar cigarrillos que dañarán nuestro sistema respiratorio.

Quienes han comprendido correctamente lo que se precisa para lograr la transición, están haciendo acopio de sus fortalezas para liderar el cambio. No es casualidad que entre las empresas que se están colocando a la cabeza de la transformación energética global, se encuentren algunas de las mayores petroleras del mundo, y tampoco es una contradicción.

Las empresas especialistas en hidrocarburos, llevan décadas operando en un mercado muy competitivo, volátil, muy sensible a los súbitos cambios en la oferta y la demanda, vulnerables a las situaciones y acomodos geopolíticos globales, cuentan con expertos en desarrollo de puertos y grandes parques industriales, en construcción especializada, cuentan con una fuerza de trabajo altamente calificada y certificada, que conoce tanto de la operación, como del mantenimiento de instalaciones industriales especializadas.

Con toda esta serie de cualidades, valores y fortalezas, quizás no haya mejor perfil de empresa existente, que una petrolera, que tenga el mayor potencial de convertirse en un líder de la transición a energía limpia y renovable. Quien no lo crea, dirija la mirada a lo que están haciendo empresas como British Petroleum, o la Royal Dutch Shell, que han establecido claramente sus metas para alcanzar la neutralidad de carbono en sus operaciones, y han definido la hoja de ruta que las llevará a alcanzar tal objetivo.

Adicionalmente, la transición energética no es una tarea que pueda lograr sola una empresa, por muy grande, poderosa e influyente que esta sea. Una misión de esta importancia y tamaño, requiere la integración de alianzas y coaliciones entre el sector público y el privado con la participación activa de la sociedad, con la disponibilidad de recursos que aporta el sector financiero, con los avances tecnológicos y la formación de capital humano que aporta el sector académico y los institutos de ciencia e investigación.

Un amplio despliegue de la transición, necesita explorar las múltiples vías del progreso hacia la descarbonización, como puede ser la implementación de tecnologías de captura y secuestro de carbono, la descarbonización de los procesos industriales, la integración rápida del hidrógeno a la economía global, continuar los grandes avances de la energía eólica marina, insistir en investigar acerca de los biocombustibles y los combustibles renovables, brindar soporte a los avances en almacenamiento de energía y la producción del hidrógeno verde.

Así que, resolver adecuadamente el modo de satisfacer las necesidades energéticas de la humanidad hacia el futuro, no debe de ser un asunto de quién o qué sector gana una guerra. Los protagonistas del sector de petróleo y el gas, saben bien que esos recursos son finitos y tarde o temprano ya no serán viables. Los que tenemos la certeza de que las fuentes limpias y renovables dominarán el mapa energético, sabemos que este cambio no será súbito, pero sí tiene que ser muy rápido. De hecho a toda la humanidad le conviene que sea así, ambicioso y veloz. Pero también está claro que muchos de los actuales actores no desaparecerán, sino que con base en sus propias cualidades, se transformarán para estar entre los actores clave, donde por supuesto también habrá nuevos jugadores.

Todos somos piezas de un gran rompecabezas, el modo en que logremos embonar unos con otros y que las fortalezas de cada sector se constituyan en el aglutinante que brinde solidez a dicha unión, será determinante para que la transición ocurra exitosamente.


 

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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