México vive una paradoja: mejoran las condiciones de vida de millones de personas en pobreza debido a los incrementos reales al salario y por programas sociales que cubren a decenas de millones de familias y, sin embargo, parece que “las cosas no cambian”; apenas sube el salario, se incrementan los precios de los alimentos, de la renta y del transporte, y se percibe más inseguridad en las ciudades. 

Se observa una cierta frustración social que es remachada, día a día, por los medios de comunicación y por actores políticos, ocultando y minusvalorando cualquier avance publicitado y exagerando cuanta noticia negativa con el único propósito de confrontación con sus oponentes. 

Politizar la ciudad y la metrópoli significa informar, nombrar a los enemigos que generan y agudizan esta frustración y elevar a las más altas tribunas de la política y del debate social las causas que la provocan: ¿por qué suben los precios del suelo y de la vivienda sin control? ¿Por qué no se ofrecen lotes para vivienda en lugares cercanos al transporte, a la educación, a la salud y al abasto? ¿Por qué los grandes proyectos urbanos son para los más pudientes y expulsan a los pobres de sus barrios y colonias? ¿Por qué las calles y las banquetas están en mal estado? ¿Por qué no se mejoran los espacios públicos? ¿Por qué la basura se concentra en las periferias pobres?…

Informar significa ir más allá de los diagnósticos y tratar de responder estas preguntas de forma que nos conduzcan a la propuesta y a la acción. Nombrar al enemigo es ir más allá de la política del día y desenmascarar las fuerzas que determinan las frustraciones de las y los ciudadanos. El enemigo no es el mercado ni es la política; el primero está para ofrecer los bienes y servicios que todos requerimos y la política está para que estos se distribuyan lo más justa y ordenadamente posible en la sociedad y en los lugares donde ésta vive. La frustración no se resuelve en la limitada confrontación entre las posiciones políticas antagónicas.

El enemigo es aquel que extrae los recursos sin límite y sin control, que expolia a las familias a través de las rentas financieras e inmobiliarias, que se ha apropiado de las ciudades y de las metrópolis, convirtiéndolas en mercancías sujetas a las reglas de la acumulación sin límite, sin importar su costo social y ambiental. Aquellos que han secuestrado al Estado, al grado de apropiarse de recursos que deberían llegar a la población, pagando bajos impuestos y teniendo beneficios fiscales y financieros de todo tipo. Aquellos que sólo ven por sus intereses y que han logrado concentrar la riqueza generada por todos a grados insostenibles, en un número cada vez menor de individuos, familias y corporaciones. 

Enfrentar la frustración debe partir por ubicar al enemigo, canalizar las capacidades de movilización y electorales de la sociedad para enfrentarlo con conocimiento y con propuestas de transformación. Y esto sólo puede avanzar si entendemos que es en los conglomerados urbanos donde más se perciben los problemas y donde se concentra el talento, el conocimiento y el poder de la sociedad para luchar por la transformación que necesitamos. 

 

 

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Alfonso Iracheta Cenecorta
Director general de Centro EURE S.C. e Investigador de El Colegio Mexiquense
axic@cmq.edu.mx