Cuando escucho la palabra Resiliencia, la imagen de una planta abriéndose paso por el asfalto agrietado y gris me viene a la cabeza. Hoy, quizá, la imagen de una persona con mascarilla tratando de superar un virus mundial es más adecuada.

La resiliencia no es una moda ni una palabra recurrente. La resiliencia es una necesidad obligada, desde hace décadas, pero que ahora es visiblemente más urgente. Se trata, sin definiciones técnicas, académicas o científicas, de nuestra capacidad de adaptarnos a una adversidad y salir adelante. A nivel personal esto implica muchas cosas: conocernos, reinventarnos, superarnos. Implica hacer frente a una amenaza, a una situación difícil, a un cambio agresivo en nuestro entorno… y vencerlo. La forma o los medios que utilicemos son el verdadero reto y es, finalmente, lo que habrá de definir la nueva persona que seremos después de la crisis.

La amenaza externa que hoy enfrentamos –una pandemia mundial que pone en riesgo nuestra salud y que afecta directamente nuestra calidad de vida y nuestra economía– nos demanda ser resilientes. Pero no debemos olvidar que la resiliencia es una respuesta que no es exclusivamente nuestra. La naturaleza también requiere actuar con resiliencia y muchos fenómenos naturales que a simple vista no comprendemos son resultado de un proceso de adaptación.

Y ya que hablamos de ello, hablemos también de la resiliencia en las ciudades. La ciudad es el punto de encuentro entre las personas y la naturaleza. Más del 55% de la población mundial vive en ciudades, y se estima que para el 2050 –que podrá escucharse lejano, pero no lo es– siete de cada diez personas vivirán en zonas urbanas, con una población que probablemente sea del doble que la actual. Esto hace de nuestras ciudades uno de los agentes de impacto más críticos para la naturaleza y el medio ambiente.

En otras palabras, nuestra sobrepoblación y actividad urbana generan en el medio ambiente la necesidad de reequilibrarse para salir adelante de su propia amenaza externa: el ser humano.

 

 
 

 

Somos muchos, 7,730 millones de personas(1). ¡Siete mil setecientos treinta millones!, te reto a que hagas el ejercicio de imaginar esa cantidad de gente en tu cabeza. Simplemente somos un desafío demasiado grande para el mundo, ocupando espacio, consumiendo recursos, agotando energía. Sin embargo, para sobrevivir y prosperar la sociedad necesita de las ciudades, el ser humano necesita de la naturaleza y de todo aquello que el medio ambiente le proporciona. Entonces, preocuparnos por la resiliencia del hombre implica también preocuparnos por la resiliencia urbana y por la resiliencia ambiental. De ahí la gran relevancia de este tema y la razón por la cual en MetrópoliMid hemos dedicado una edición a consultar a especialistas sobre las estrategias, los retos y las oportunidades de resiliencia para nuestras ciudades.

¿Qué estamos haciendo para hacer frente a los retos de nuestro propio impacto sobre la naturaleza?, ¿cómo diseñamos nuestras ciudades?, ¿cómo definimos nuestras inversiones y qué proyectos impulsamos para ser más resilientes?

La resiliencia –personal, urbana y ambiental–, debe ser una meta transversal que siempre tengamos en mente: al momento de trazar nuevos asentamientos, fraccionamientos o desarrollos; al establecer sistemas de movilidad, que prioricen los no motorizados o los más eficientes; al generar y consumir energía, buscando fuentes y procesos limpios y renovables; al diseñar nuestras ciudades, con espacios públicos, áreas verdes, zonas de recarga; al implementar sistemas de tratamiento de desechos, tratando de promover su reciclaje o aprovechamiento; y al adaptarnos –con respeto y gratitud– a nuestro entorno físico, para hacer frente a fenómenos o desastres naturales.

El reto es enorme, por ello debemos afrontarlo juntos y de inmediato. Después de todo, de la capacidad de resiliencia depende nuestro futuro y el de nuestras ciudades.

 

 

La amenaza que hoy enfrentamos nos demanda ser resilientes. Pero no debemos olvidar que la resiliencia es una respuesta que no es exclusivamente nuestra. La sobrepoblación y actividad urbana generan en el medio ambiente la necesidad de reequilibrarse para salir adelante de su propia amenaza externa: el ser humano.

(1) Census.gov

David Montañez Rufino

David Montañez Rufino

Fundador y Director General de la plataforma urbana M50: organización ciudadana dedicada a promover una ciudad pensada, diseñada y construida mediante gobernanza; con espacios públicos de calidad, sistema de movilidad integral y desarrollo urbano sostenible.

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