En esta ocasión no será una entrevista lo que les comparta; sino mi experiencia de este verano de 2026 en la bellísima ciudad de Oslo, en Noruega. Serán 2 los artículos que le dedicaré a esta ciudad. En este primero les platicaré sobre las características principales de la ciudad y en la próxima edición sobre los edificios más emblemáticos.
Noruega es un país con un poco más de 5.5 millones de habitantes de los cuales 724 mil viven en la capital, Oslo. En la llamada área urbana continua llegan a 1.1 millones y, si consideramos la zona metropolitana, es un total de 1.5 millones de habitantes (SSB oficina central de Estadísticas de Noruega).
Es una capital con una escala que permite moverte con facilidad por medio de sus camiones articulados, tranvías, metro y ferrys del fiordo, ya que tienen un sistema de boleto común, lo que permite las transferencias con mucha facilidad. El servicio no es barato, pero es sumamente eficiente. El uso de la bicicleta y el scooter son muy comunes, contando con ciclovías en toda la ciudad.
Es de llamar la atención y de admirar la cantidad de áreas verdes, zonas arboladas y flores y en consecuencia muchas aves que existen en la ciudad. Oslo está rodeado por Oslomarka, que es un inmenso cinturón boscoso de donde muchas aves migran a la ciudad. Las aves están totalmente protegidas por el gobierno, las podemos ver en todas las plazas, en zonas peatonales y hasta conviviendo con las personas. El país cuenta con políticas muy estrictas de protección ambiental y cuentan con penalización en caso de perturbarlas.
En los parques urbanos y en el centro de la ciudad podemos encontrar “cuervos encapuchados”, pájaro negro característico de la ciudad y urracas. En los lugares cercanos al fiordo, encontramos gaviotas, porrones y cisnes donde eventualmente se puede ver planeando a águilas marinas de cola blanca, aunque su hábitat es en la periferia y en los bosques (ver imagen 1).

Imagen 1
En cuanto a las flores, todas las personas, escuelas o empresas deben registrar que flores han sembrado en sus propiedades. Este dato sirve para que el gobierno logre identificar donde hay “vacíos sin flores” y se siembra en los espacios públicos más cercanos a ese sitio identificado como vacío. El uso de las azoteas verdes o quinta fachada es muy común.
En las zonas peatonales, utilizan un concepto al que llaman “Autopista de las abejas”, corredores ecológicos urbanos, de los cuales Oslo fue la primera ciudad en el mundo en tenerlos, con el objetivo de proteger y alimentar a los insectos polinizadores mientras cruzan la ciudad. Consiste la idea en tener estaciones de polen cada 250 metros como máximo, para asegurar que a las abejas y abejorros, que tienen un radio de vuelo muy limitado, esta “autopista” les garantice fuente de néctar y polen. Los girasoles y las facelias o caléndulas son muy comunes de encontrar en estas “autopistas”, colocadas en grandes maceteros de fierro fundido de 1.20 metros de diámetro. En estas zonas peatonales, la policía anda a caballo y sin armas, ya que Oslo es una ciudad muy segura. Una de las principales “autopistas de las abejas” está en la bellísima calle peatonal Karl Johans, ruta con mucha vida en la cual se pueden encontrar museos, teatros, áreas verdes, hoteles, cafeterías (ver imágenes 2 y 3).

Imagen 2

Imagen 3
Todas estas políticas públicas permiten que Oslo cuente con una proporción asombrosa y admirable de metros cuadrados de área verde per cápita: entre 280 y 330, siendo una de las ciudades con mayor porcentaje en el mundo. Específicamente, la ciudad de Oslo tiene entre un 68% y un 74% de espacios verdes y arbolados en la ciudad (Fuente: Statranker.org).
La accesibilidad la podemos encontrar en todas partes: rampas, guías podotáctiles, bebederos, asientos isquiáticos, mapas con braille y con letras. Es una bella ciudad que se disfruta mucho caminando, ya que podemos encontrar bancas por todas partes, tomarnos un descanso mientras se disfruta de un delicioso helado (ver imágenes 4 y 5).

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Imagen 5
Oslo es una ciudad de la que podemos aprender mucho: es verde, accesible y segura.
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