No caminamos únicamente porque existan banquetas; caminamos cuando la ciudad está diseñada para que caminar tenga sentido.
Hace varios años escribí que Paseo de Montejo era la mejor calle para caminar en Mérida. Hoy sigo convencido de ello, pero más importante aún, sé que recorrerla de principio a fin permite entender cómo ha cambiado nuestra manera de construir ciudad.
A medida que avanzamos hacia Prolongación Montejo comienzan a aparecer cambios: el mobiliario urbano disminuye, las banquetas pierden amplitud en algunos tramos, aumentan las interrupciones provocadas por accesos vehiculares y la experiencia peatonal deja de ser continua. Más adelante, en desarrollos todavía más recientes, esa tendencia se acentúa hasta llegar a calles donde caminar deja de ser una prioridad del diseño urbano.
Día Mundial del Peatón: una radiografía de la caminabilidad en México
Cada 17 de agosto se conmemora el Día Mundial del Peatón, una fecha para recordar el primer caso documentado de una persona que murió tras ser atropellada por un vehículo motorizado. Caminar es una forma fundamental de vivir el territorio y de desarrollarnos social, económica y culturalmente en nuestra ciudad. A pesar de esto, en muchas ciudades latinoamericanas caminar es difícil, estresante y, en muchos casos, peligroso.
Más allá de las percepciones, vale la pena preguntarnos qué nos dicen los datos. Por ello, en esta edición de MetrópoliMid invitamos a la Liga Peatonal para realizar una revisión del estado actual de la movilidad peatonal en México. A partir de una comparación entre distintas entidades del país, el estudio presenta hallazgos muy importantes.

La infraestructura por sí misma no garantiza la caminabilidad
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que el tiempo que las personas dedican a caminar guarda una relación mucho más estrecha con la densidad urbana que con la simple existencia de banquetas. En su análisis lo señalan muy claramente, “uno es el caminar obligado por la carencia, y otro es el caminar habilitado por un buen diseño urbano”. Esto es, existe una enorme diferencia entre caminar porque no existe otra alternativa y hacerlo porque la ciudad invita a recorrerla.
Volvemos al ejemplo inicial de Paseo de Montejo. Su atractivo para caminar no depende únicamente de la calidad de sus banquetas; también responde a una combinación de factores urbanos: la mezcla de usos de suelo, los frentes activos, la presencia de árboles, el confort climático, la conectividad con otros modos de transporte, la proximidad entre actividades cotidianas y una densidad que mantiene viva la calle durante buena parte del día. Esto no hace más que reforzar la visión integral de ciudad que hemos defendido desde MetrópoliMid y, por ello, debemos preservar las condiciones urbanas que hoy hacen de Paseo de Montejo un espacio caminable, y procurar que esa lógica de diseño se replique en otros sectores de la ciudad.
Quizá esa sea una de las principales lecciones que nos deja Paseo de Montejo. Las banquetas importan, pero caminar una ciudad depende de mucho más que una banqueta. Depende de cómo decidimos construirla, de si acercamos los servicios o los alejamos, de si mezclamos actividades o las separamos e incluso de si pensamos primero en las personas o únicamente en los vehículos.
Construir una ciudad caminable no consiste únicamente en hacer mejores banquetas, sino en construir una mejor ciudad. Hagamos una Mérida para el peatón. Hagamos una Mérida para la gente.








