Es muy común leer u oír acerca de la necesidad o conveniencia de apropiarse del espacio público, un término usado con regularidad por los diseñadores y promotores de dichos espacios, ya sean arquitectos, paisajistas, urbanistas, líderes comunitarios o políticos. Pero, ¿qué significa apropiarse de un espacio público?, ¿cuál sería el propósito de hacerlo?

Es lógico que nadie se refiere a hacerlo en el sentido literal, en el que el diccionario define como “tomar para sí alguna cosa, haciéndose dueña de ella”. Mucho menos en estricto sentido legal, que implicaría la traslación de la propiedad a un particular o a un grupo de ellos, ya que eso mismo haría que dejara de ser precisamente público.

Lo que en realidad esperan diseñadores y promotores, es que se genere en los usuarios del espacio público un sentido de pertenencia inmaterial, ese sentimiento de propiedad colectiva, del cual el ciudadano se considera una parte. Y, mientras más importante se asuma a sí mismo el individuo como propietario de ese  espacio, se esperaría no solamente que hiciera un uso mas frecuente del mismo, sino que celosamente protegiera su integridad, cuidara de no causarle daños, pero también que ninguna otra persona lo hiciera, que fuera exigente con la autoridad que es responsable de mantenerlo en condiciones óptimas y se mantuviera vigilante de su cabal cumplimiento.

Si ese objetivo fuera alcanzado, significaría el mayor de los éxitos para ambos, diseñador y promotor. ¿Qué arquitecto, urbanista o paisajista no desearía ver numerosas familias felices y sonrientes disfrutando el parque que diseñó? Su nombre estaría en boca de todas esas personas y los ayuntamientos o gobiernos estatal y federal lo buscarían incesantemente para contratar sus servicios profesionales y aplicarlos en otras latitudes. ¿Qué político no daría lo más valioso que tuviera, por que cientos o miles de ciudadanos en edad de votar reconozcan que impulsó tal o cual espacio que les encanta disfrutar? En las siguientes fechas electorales, su nombre estaría en la mente de todos al acudir a la urna y sin duda sería un gran estímulo para tachar en la boleta el nombre de dicho político o de su partido.

 

Por lo general, se conoce con el nombre de espacio público a todo lugar cuya propiedad, dominio y uso, es público. El común de las personas asocia o restringe el término a parques, jardines u otros espacios destinados al esparcimiento y disfrute en condiciones de amplia libertad, sin restricciones de circulación o de realizar cualquier tipo de actividades, con excepción únicamente de aquellas que se tipifiquen por las leyes como conductas delictivas o que afecten los derechos de otras personas.

En un sentido mas amplio aún, espacio público son también las vías de comunicación, las áreas verdes residuales, oficinas públicas, hospitales, museos. Incluso, muchos lugares que legalmente están bajo un régimen de propiedad privada, están abiertos sin distinciones a un uso público, como los centros comerciales, los restaurantes, salas de cine, o cualquier negocio en donde se dé atención, se brinde un servicio o se expenda un producto al público. Desde luego, en este último caso, el uso estará atenido a las reglas que el propietario privado establezca.

Aún en esos casos puede existir un sentido de apropiación, como por ejemplo cuando te gusta de manera especial asistir a determinada sucursal de esa franquicia extranjera que expende café en diversas presentaciones y sueles ocupar, si tienes suerte, la misma mesa para quedarte horas trabajando, haciendo tareas o incluso recibiendo clientes y proveedores, en ese espacio que ya hiciste y sientes como tuyo.

Resulta entonces conveniente reflexionar y cuestionarnos acerca del grado de adopción que hemos hecho los ciudadanos de los espacios públicos que se encuentran a nuestra disposición y servicio, en la ciudad de Mérida, y en otras ciudades de la península de Yucatán. Sería útil evaluar las razones por las cuales nos hemos apropiado o no, o si únicamente lo hemos hecho de manera parcial, de algunos sitios públicos a los que tenemos acceso.

¿Visitas con frecuencia el parque más cercano a tu casa? ¿Acostumbras caminar si necesitas trasladarte a algún sitio que se encuentre a menos de 1.5 km de tu hogar? ¿Realmente disfrutas de pasar un poco de tu tiempo en ciertos espacios abiertos al público? ¿En cuales sí y en cuales no? ¿Hacías esto antes de la pandemia de COVID-19 que nos obligó a suspender actividades recreativas, sociales y laborales?

 
 

Apropiarse del espacio público no es un acto que pueda suceder a la fuerza, impuesto, solamente porque consideremos que sea positivo hacerlo, debido a algunas de las razones que ya se han expresado. La apropiación debería suceder con naturalidad, con soltura, de un modo amigable e intuitivo, como cuando aprendes a utilizar las funciones, tanto las más básicas como las avanzadas, de un nuevo teléfono inteligente que no viene con instrucciones en la caja.

El enorme desafío de diseñadores y promotores de los espacios públicos estriba primordialmente en conseguir hacerlos tan atractivos, tan a la medida de las necesidades de los usuarios, tan buenos satisfactores de sus aspiraciones y deseos, que se logre un proceso de apropiación natural, orgánico, que suceda casi sin darse cuenta ni proponérselo.

Una gran parte del camino se habrá recorrido si desde las etapas tempranas de planeación y diseño se involucra al ciudadano y sí, mediante ejercicios participativos en comunidad, se le permite opinar y plasmar la expectativa que tiene del espacio público que se construirá o será remodelado. Desde ahí da inicio el proceso de apropiación. Desde luego, el diseñador tiene que interpretar adecuadamente las expresiones ciudadanas y encauzarlas correctamente. Posteriormente, esos sitios tienen que ser construidos con alta calidad, deben ser durables, seguros, resilientes y sostenibles.

Después de meses protegiéndote de un malévolo virus, ¿extrañas salir al aire libre a disfrutar de tu espacio público? ¿Crees que en realidad te lo robó el coronavirus? o ¿nunca ha sido completamente tuyo?

“El enorme desafío de diseñadores y promotores de los espacios públicos estriba primordialmente en conseguir hacerlos tan atractivos, tan a la medida de las necesidades de los usuarios, tan buenos satisfactores de sus aspiraciones y deseos, que se logre un proceso de apropiación natural, orgánico, que suceda casi sin darse cuenta ni proponérselo

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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