Recuerdo claramente un episodio de mi juventud, cuando tenía cierto interés por conocer mejor, a un nivel más íntimo, a una chica que me parecía guapa, inteligente, formada en sólidos valores humanos y familiares, para que en su caso, pudiéramos de común acuerdo iniciar una relación más formal. Ella también era pretendida por otro joven, que por cierto hoy es su esposo y me da gusto que hayan formado una familia que hasta hoy permanece unida y bien cimentada en nuestra sociedad.

En algún momento durante el proceso, su mejor amiga se aseguró hábilmente de filtrar a ambos pretendientes, el mensaje de que ella aceptaría de entre cualquiera de los dos, a quien tuviera la osadía de declararle su amor y pedirle que fuera su novia antes que el otro, es decir, le daba lo mismo cualquiera de los dos con tal de que lo hiciera pronto.

En un primer momento, me resultó desagradable enterarme de eso, me decepcionó que ella no fuera capaz de evaluar las cualidades de ambos y formarse una opinión que fuera independiente del “timing”. El mismo día que acusé recibo del mensaje, comenté eso en una reunión que tuve con un grupo cercano de amigos, y me propusieron: “Si debido a ese mensaje ya decidiste no continuar con tus intenciones, llevémosle una serenata de despedida”.

En aquella época aún conservábamos esa romántica costumbre de las serenatas, lo cual se facilitaba cuando contabas con amigos que sabían rasgar las cuerdas de una guitarra, y entre todos conjuntábamos unas voces que no eran tan desafinadas. El caso es que ya entrada la primera hora de la madrugada del día siguiente, cumplimos con el objetivo, y al final la chica salió gentilmente a la ventana a agradecer la serenata. Quizás la obscuridad de la noche no me permitió observar su expresión de asombro, ya que al día siguiente me enteré que un par de horas antes, por la noche, el otro pretendiente había hecho lo necesario para obtener su aprobación inmediata.

Tiempo después comprendí, que probablemente esa aparente indiferencia de estar dispuesta a aceptar a cualquiera de los dos, era en realidad un halago y reconocimiento, al fin y al cabo ambos somos Ingenieros Civiles, y eso ya es garantía de ser un buen partido.



Pero hoy he querido traer a valor presente esa anécdota, porque los mexicanos estamos a unos cuantos días de enfrentar una decisión de alta trascendencia para la historia de nuestra nación, y nos encontramos ante la disyuntiva de mantenerle a quien ocupa la titularidad del poder ejecutivo, el control absoluto y ominoso del poder legislativo, del cual ha hecho un uso abusivo e insultante gracias a que posee una mayoría de incondicionales a su servicio, o hacer llegar a las curules de ambas cámaras del Congreso de la Unión, a tal cantidad de representantes populares, que signifiquen un sano balance para ese poder que pretende ser absoluto.

Pero nos estamos enfrentando a lo que considero una verdadera tragedia: llegar al punto de que cualquiera me da lo mismo, con tal de crear esa situación equilibrada de poderes que tanto urge a nuestro país. Y lo considero una tragedia, puesto que ninguna de las fuerzas opositoras en lo general, ha comprendido a cabalidad su misión trascendental en este momento de la historia de México.

En 2018, México alcanzo su mayor nivel de hartazgo ante situaciones insostenibles que no deseamos de regreso, especialmente de corrupción generalizada, y de sus graves consecuencias en el crecimiento, bienestar y desigualdad imperantes en nuestro país, y eligió una opción de gobierno que en ese momento era lo mismo que hoy tenemos: Una opción cualquiera. Daba exactamente lo mismo elegir cualquier opción que ofreciera acabar con esos problemas que nos indignan a muchos mexicanos, convenía probar, al menos así lo consideraron una gran mayoría de los votantes, al que ofreciera aunque sea un mínimo indicio de cambio y de mejoría. Eso lo entendió muy bien uno de los pretendientes, lo ofreció en una bandeja que quizás no era muy atractiva, pero al menos supo comunicar su oferta y que cayera en terreno fértil, el problema es que fue el único que lo hizo, y lo hizo de primero, con el “timing” perfecto.

Pero todo fue un engaño, si ha habido cambio alguno, solo ha sido para empeorar lo que ya no creíamos nadie que pudiera estar peor.

Es posible que para conservar el privilegio de continuar impunemente tomando dinero de proyectos y programas públicos, los “anteriores” al menos se preocuparan por tener mas o menos bajo control la seguridad, mediocremente atendida la salud de la población, que pusieran empeño por hacer proyectos de desarrollo medianamente sensatos, viables y dignos, aunque solo fuera para que ello garantizara mantener los flujos de ingreso para sus cuentas y bolsillos.

Hoy padecemos una ausencia total de liderazgo auténtico, visionario, comprometido, en ambos pretendientes que persiguen obtener nuestra preferencia. A diferencia de las opciones que en su momento tuvo la chica de la anécdota que les narré al principio, no tenemos dos buenos prospectos (si me es permitida esa falta de humildad), sino mas bien uno malo y otro que en más de dos años nos ha demostrado ser infinitamente más malo, peligroso y destructivo.

¡Por eso es bien importante, que el próximo 06 de junio, tengamos muy claro a quién la vamos a cantar una buena serenata de despedida!

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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