“A la república solo ha de salvarla pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectar hacia lo porvenir”, es una interesante frase del filósofo madrileño José Ortega y Gasset.

Hace poco menos de un año, en noviembre de 2019, fue presentada en Palacio Nacional una lista de 147 proyectos, a la que pomposamente se denominó como Plan Nacional de Infraestructura, y que significaba una inversión cercana a los 900 mil MDP. Ante la ausencia de proyectos del sector energético en ese listado, un tema que debería considerarse estratégico para el desarrollo nacional, se respondió en su momento que el Plan de Inversión en Energía vendría unas cuantas semanas después. Nunca llegó el anuncio de tales proyectos energéticos.

De los 147, menos del 5% parecen seguir vigentes, del otro 95% no se conoce avance.

El 05 de octubre pasado, otra vez se le llama Plan, a una nueva lista que es divulgada, ahora con 39 proyectos, y una inversión de un tercio de lo que se anotaba en aquella primera. Ahora sí se incluyen unos pocos de Pemex y CFE, pero ninguno que apunte a tecnología moderna, limpia y renovable.

Por eso paso a explicar a mis amables lectores que no son de Yucatán, el motivo de utilizar en el título de esta columna, un vocablo del idioma maya, chéen, que significa: sólo, solamente o apenas. Me temo que lo que ha sido presentado como un plan, es una chéen lista de proyectos.

La ausencia de resultados tangibles y concretos, la caída del crecimiento y el empleo, los índices de inseguridad que suben sin parar, son elementos que están haciendo crecer el descontento social en nuestro país, y eso despierta en el presidente la urgencia de hacer anuncios venturosos, optimistas, que sean percibidos como que se está trabajando en proyectos de infraestructura de gran envergadura que ayudarán a revertir esos números.

Lamentablemente la realidad no juega a su favor. Reunir a unos pocos amigos de la iniciativa privada, preguntarles en qué van a invertir en los próximos 1 o 2 años, sumarle unos cuantos proyectos del sector público, y hacer con esa información una chéen lista, es notoriamente insuficiente para lo que nuestro país necesita, tanto en cantidad, como en calidad de proyectos.

Lo de la cantidad parece tener una explicación: si el régimen actual va a utilizar a favor de su imagen pública, la inversión privada que tanto ha insultado y lastimado, el precio será cuando menos un compromiso de que después no los podrá cancelar mediante una encuesta patito, aunque cumplan con todos los requisitos normativos aplicables. Así que seguramente el mismo presidente ejerció su derecho de admisión, y habrá dejado fuera a muchos que deseaban tener el “privilegio” de ser enlistados, para poder gozar de esa inmunidad que hoy, el estado de derecho parece no ofrecer.

Pero por otro lado, resulta verdaderamente un exceso llamarle Plan Nacional de Infraestructura a una chéen lista.

Cuando se hace un verdadero plan, en primer lugar se establece una meta, un objetivo. Y éste debe ser sumamente ambicioso, visionario, insertado en el futuro de grandeza que imaginamos para nuestro país, “pensar en grande y sacudirse de lo pequeño” como decía Ortega y Gasset. Después, ha de definirse la estrategia que te llevará desde el punto en el cual te encuentras hoy, hasta ese anhelado sitio en el que has definido y que persigues alcanzar. A partir de ahí, se desarrollan programas y portafolios de proyectos, cada uno de ellos con asignación presupuestal, con responsables de su ejecución y posterior comisionamiento, con indicadores de desempeño, con una evaluación seria y profesional de sus amenazas y oportunidades, todos ellos perfectamente articulados entre sí, en concordancia con la estrategia establecida. Y por desgracia, ninguno de estos elementos parece estar presente en este caso.

Especialmente grave es la ausencia de proyectos de energía limpia y renovable, de cuidado del medio ambiente, de combate al cambio climático, de desarrollo sostenible, temas que parecen no importar a este gobierno.

Por lo tanto, mientras el portafolio de proyectos no sea el resultado de la ejecución de un verdadero plan, que además sea incluyente, justo, participativo y sostenible, terminará siendo una chéen lista.

O peor, correrá el riesgo de convertirse en una bebida caliente y espesa, de moderada viscosidad, producto de la cocción dulce de maíz, molido y desleído en agua, que se lleva a la boca mediante una de las porciones distales de la región de la mano de un ser humano, o dicho en un lenguaje más coloquial: Atole con el dedo.

 
 

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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