Entrevista a Jorge Bolio y Eduardo Monsreal
Mérida crece a un ritmo que supera las conversaciones que se están teniendo en torno a hacia dónde se dirige ni a costa de qué, o de quiénes. Para poner sobre la mesa esos temas, platicamos con Jorge Bolio y Eduardo Monsreal, dos especialistas en desarrollo urbano que piensan la ciudad desde distintos ángulos.
Bloque 1 – Mérida y su realidad actual
Si hoy tuvieras el poder absoluto durante un año sobre Mérida, ¿qué harías el primer lunes?
Jorge Bolio: Atendería problemas de infraestructura que están muy rezagados, como el sistema de agua potable. La calidad del agua se está deteriorando, y cada vez más es más costosa la potabilización y la cloración.
También pondría orden en el mercado inmobiliario. Se sigue traficando con terrenos basura y se sigue engañando a mucha gente. Ya no sólo se venden lotes basura, se venden ciudades basura. Desarrollos en la periferia metropolitana que no tienen ninguna regulación, no han introducido servicios y siguen expandiéndose continuamente bajo el mismo patrón, sin redes de infraestructura básica.
Eduardo Monsreal: En primera instancia, llevar a cabo un diagnóstico a partir de la compilación de estudios previos. Posteriormente, hacer un monitoreo de, por ejemplo, temas como la tenencia de la propiedad o también de la regulación de los usos de suelo.
¿Cuál ha sido el peor error urbanístico que ha cometido la Zona Metropolitana en los últimos 30 años?
Jorge Bolio: Retrasar durante más de dos décadas la solución del problema del transporte colectivo. El sistema funcionó hasta fines de los años setenta, en los ochenta ya se demandaba un replanteamiento radical que nunca se dio. Desde la Fundación Plan Estratégico de Mérida insistimos en la necesidad de romper con ese injusto esquema del transporte concentrado en el centro que obligaba a los usuarios a pagar una doble tarifa para trasladarse mediante transbordos, además de la ineficiencia en general del servicio, el mal estado de las unidades, el rezagadísimo sistema de cobranza y la injusticia con respecto a la relación laboral de los choferes.
Muchos defectos que se podían corregir con voluntad política, sabiendo que la constitución y las leyes locales le otorgan todas las facultades al gobierno del estado y en parte al municipio para corregir eso de una buena vez. Sin embargo, esa solución no apareció.
El Sistema Va y Ven —independientemente del sistema de pago por kilometraje— creo que ha contribuido a alargar las rutas, a aumentar las frecuencias, a mejorar el confort en las unidades y hasta la eficiencia misma en las empresas.
Eduardo Monsreal: La escasa atención al tema de la conectividad o de la permeabilidad urbana. Se le ha prestado mucha atención a la red vial primaria, pero se ha descuidado la red vial secundaria, que es también fundamental no sólo para el tránsito motorizado, sino también para el tránsito no motorizado o la movilidad activa, como la movilidad peatonal y ciclista, que ha estado muy rezagada. Se presta mucha atención a conectar localidades, pero no se presta atención a cómo conectar diferentes colonias y fraccionamientos o incluso cómo garantizar la conectividad dentro de una misma colonia o fraccionamiento. Además, últimamente se le ha dado mucha atención al tema de los desarrollos cerrados, que comprometen aún más la permeabilidad urbana.
Esto contribuye a cruces conflictivos en el periférico. El tema no es sólo garantizar diferentes opciones de movilidad, sino la posibilidad de tener diferentes itinerarios de viaje. Todo se reduce y todo converge en una sola calle, una sola entrada y una salida. Y eso también multiplica las distancias de recorrido y hace inviables los desplazamientos peatonales y ciclistas.
¿Qué obra en Yucatán nunca debió construirse?
Jorge Bolio: Definitivamente no es posible escapar a esta respuesta: el Tren Maya. Ese dispendio de tantos miles de millones de pesos, ese acopio de tierra, esa destrucción ambiental desastrosa que se llevó a cabo con los desmontes, sobre todo con la construcción del tramo Cancún–Tulum. Hay una megalomanía detrás de estas decisiones que no puede negarse y las consecuencias no tardaron en aparecer. No es justo seguir subsidiando un sistema que drena tantos recursos públicos que bien pueden ser utilizados en otras cosas.
¿Qué obra en Yucatán debió hacerse y no se hizo?
Jorge Bolio: Seguir mejorando la función del periférico como articulador metropolitano. Desde 2001 y 2002, cuando se modernizó notablemente añadiendo 19 distribuidores y sobre todo con la ampliación en un buen número de carriles. En ese momento, se debió seguir trabajando en la conexión entre el periférico y las carreteras de acceso desde diversos puntos de la zona metropolitana. Lo hemos visto de 5 a 6 años para la fecha, el periférico colapsó y precisamente en esos puntos de acceso es donde se generaron mayores problemas.
Eduardo Monsreal: El nuevo distribuidor vial de la Mérida–Progreso. Se tuvo la oportunidad de corregir ese trazado tipo trébol y se repitió el error; anulando la posibilidad de garantizar cruces seguros para todos los usuarios de la vía y no sólo para los automóviles.
Ahora bien, sobre algunas grandes ideas que no se han podido concretar, es justamente el arco vial 230. Es viable y es necesario. Hoy por hoy se requiere la conectividad entre diferentes subcentros urbanos. Cada gran suburbio, cada gran desarrollo inmobiliario que hay, como Caucel o las Américas, eventualmente se van a terminar convirtiendo en subcentros urbanos. Y eso también va a traer consigo no sólo la movilidad barrio o periferia–Centro, sino también la movilidad complementaria.
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Bloque 2 – Derribar mitos
¿Cuál es la mentira más repetida sobre el crecimiento de Mérida?
Jorge Bolio: La mentira más repetida de Mérida es que demográficamente somos muchísimos, no somos tantos como lo promueve el mercado inmobiliario. Esta plusvalía que tanto cantan para Mérida nos ha llevado a severas distorsiones, como el de la carestía de la vivienda. Hay una o dos generaciones que se quedaron sin acceso a ella. La vivienda fue accesible para las generaciones anteriores porque el suelo no estaba tan encarecido, era un porcentaje minoritario en el costo total de la vivienda. Ahora el terreno ya superó con mucho el costo de la edificación y del suministro de servicios.
Esas distorsiones provienen de una especie de himno que se le está haciendo a la ciudad desde hace dos décadas, tratando de atraer capitales con una voluntad absurda de querer inflarla a toda costa. Incluso los indicadores de inflación general ponen a Mérida como una de las ciudades más caras, cuando es una de las ciudades con los niveles más precarios en salario y condiciones laborales.
Eduardo Monsreal: La mentira más repetida es el crecimiento poblacional. Otra de las mentiras asociadas es el tema de la migración, de que somos demasiados, de que no podemos absorber a gente foránea, de que van a generar congestión y saturación. Y el hecho de que también asocian la llegada de personas foráneas a malos hábitos de conducción cuando vemos que ese tipo de situaciones se dan también por parte de la población local. Lo preocupante no es la llegada de más gente, sino las altas tasas de tenencia y uso del transporte motorizado; ese es el principal problema. Los picos de crecimiento del parque vehicular son superiores a los riesgos de crecimiento poblacional.
¿Qué decisión urbana parece buena, pero en realidad empeora la ciudad?
Jorge Bolio: La infraestructura ciclista en las principales vialidades de la ciudad. Quiero aclarar que yo fui, en términos deportivos, muy ciclista, fui uno de los promotores más comprometidos con el establecimiento de la biciruta desde el Plan Estratégico. Eso creo que fue una buena decisión, pero el querer convertir a Mérida en Ámsterdam por decreto, no me gusta la idea. Se atentó contra la movilidad en Mérida con una serie de obras que estrangularon vías muy importantes en aras de un tráfico vehicular no motorizado que no se dio. Hay que considerar que cantidad (tenencia) no equivale a uso. Estoy de acuerdo en que el automóvil es el peor invitado que tenemos en la casa, pero las condiciones de la ciudad, tanto su extensión como el clima mismo, no favorecen una política de apoyo incondicional a las ciclovialidades.
Eduardo Monsreal: Las restricciones de densidad, los niveles, y las alturas. Ese tipo de acciones pueden ser a corto plazo benéficas para ciertas zonas de la ciudad, pero a largo plazo terminan siendo contraproducentes porque se encarece la vivienda. Se encarece el suelo, especialmente el suelo ubicado en zonas céntricas, porque sólo está restringido a cierto número de unidades de vivienda. Y el hecho de que, al encarecerse el precio y reducirse las posibilidades de construir, se reducen también la diversidad de modelos o tipologías de vivienda.
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Bloque 3 – Elige una más

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Bloque 4 – Predicciones
¿Qué decisión actual vamos a lamentar más dentro de 20 años?
Jorge Bolio: Quedarnos sin suelo urbano. La oferta del suelo está acaparada, monopolizada y sumamente encarecida. Eso está enriqueciendo enormemente a algunos, y eso va a ser una hipoteca que vamos a pagar todos en las próximas generaciones.
¿Qué colonia será irreconocible en diez años?
Jorge Bolio: Colonias que se desarrollaron como fraccionamientos en los años 70 y 80 sufrirán modificaciones en su fisonomía y estructura urbana de manera muy veloz. Porque cuando una avenida durante décadas funcionó como enlace vial habitacional y de pronto en un siguiente plan aparece como corredor urbano, detrás de esa figura aparecen las licencias para lavaderos de carros, plazas comerciales con restaurantes o con permiso para la venta de alcoholes, música viva, y una serie de establecimientos que son muy atractivos para el flujo vehicular, pero no tienen estacionamientos.
Eduardo Monsreal: Los barrios del centro histórico, por ejemplo, así como las inmediaciones de la plancha, que tendrán una transformación radical en los usos de suelo. Otras son las colonias del norte de la ciudad y de las comisarías, que ya están pasando por una transformación significativa. Podría citar Santa Gertrudis Copó, San Antonio Hool, Temozón Norte, que son altamente susceptibles a que se reemplace gran parte de las construcciones y también de la población que la recibe.
¿Cuál será el siguiente gran problema de Mérida que todavía nadie está viendo?
Jorge Bolio: El agua. Hace ya muchos años especialistas de la facultad ingeniería de del CINESTAV han estado hablando de la intrusión salina. Mientras más agua saquemos del subsuelo y más acercamos los desarrollos a la franja litoral, más propiciamos la entrada del agua de mar a nuestros mantos friáticos.
Eduardo Monsreal: El servicio de agua potable. No sólo llega con muy baja presión, sino también con una baja calidad. Estamos viendo cómo hay algunos sectores de la ciudad y sus comisarías donde se interrumpe el servicio. También hay una amenaza latente: la llegada de centros de bases de datos que puedan consumir no sólo grandes cantidades de electricidad, sino también de agua.
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Bloque 5 – Impacto de problemas urbanos

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