Cuando el agua encuentra su camino
El crecimiento urbano y los cambios en los patrones climáticos obligan a las ciudades a replantear la manera en que gestionan el agua de lluvia. Mérida enfrenta este desafío en un contexto marcado por fenómenos meteorológicos cada vez más intensos y por pronósticos que anticipan un fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante los próximos meses. A partir de la lluvia histórica registrada en mayo de 2026, este artículo analiza la importancia de una estrategia integral de infraestructura pluvial como herramienta de resiliencia urbana. Asimismo, expone cómo la visión impulsada por la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada articula obras, mantenimiento, innovación, gestión del riesgo y participación ciudadana para construir una ciudad más preparada frente a las lluvias extraordinarias, reconociendo el trabajo del personal operativo municipal y la corresponsabilidad de la sociedad en el cuidado del espacio público.
Las ciudades son organismos vivos que evolucionan constantemente. Su crecimiento transforma el territorio, modifica los escurrimientos naturales y exige que la infraestructura urbana se adapte a nuevas realidades. Hoy, uno de los mayores retos para las ciudades es crecer con capacidad para responder a un clima cada vez más variable e impredecible.
Los pronósticos científicos confirman esa realidad. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) ha confirmado el establecimiento de condiciones de El Niño y estima una probabilidad del 63 por ciento de que evolucione hacia un episodio muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027. Para la Península de Yucatán, esto no implica necesariamente más días de lluvia, sino una mayor probabilidad de precipitaciones concentradas en periodos muy cortos, con capacidad para generar encharcamientos e inundaciones urbanas.
Mérida tuvo una muestra de ese escenario el pasado mes de mayo. En tan sólo veinticuatro horas se registraron 147.9 milímetros de lluvia, más del doble del promedio histórico de precipitación para todo el mes y el mayor acumulado observado para mayo desde que existen registros meteorológicos en la ciudad. Aquella jornada confirmó que las lluvias extraordinarias ya no pueden considerarse eventos aislados, sino un fenómeno que exige una nueva visión sobre el desarrollo urbano.
Urbanismo resiliente: planear para un clima distinto
Durante décadas, la infraestructura pluvial de muchas ciudades respondió a las condiciones climáticas predominantes de su tiempo. Sin embargo, los nuevos escenarios obligan a replantear esa lógica.
El urbanismo contemporáneo entiende que el agua no debe combatirse, sino gestionarse de manera inteligente. Esto implica reconocer sus trayectorias naturales, preservar las zonas de infiltración, incorporar soluciones basadas en la naturaleza y conectar la infraestructura existente para que funcione como un sistema integral.
Bajo esa perspectiva, la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada ha impulsado una Estrategia Integral de Infraestructura Pluvial que coloca la resiliencia urbana en el centro de la política pública municipal. Más que un programa de obras se trata de una visión de ciudad que busca preparar a Mérida para enfrentar fenómenos hidrometeorológicos cada vez más complejos.
Su principio rector resume con claridad esta filosofía: el agua de lluvia debe tener camino. Esto significa diseñar una ciudad donde el agua pueda captarse, conducirse, almacenarse temporalmente e infiltrarse hacia el subsuelo mediante la integración de pozos pluviales, zanjas, aljibes, sistemas de drenaje, cortes de calle y nuevas soluciones de infraestructura verde, como jardines de lluvia y áreas de retención.

La mejor emergencia es la que se previene
La lluvia histórica de mayo puso a prueba la capacidad operativa del Ayuntamiento de Mérida. Desde las primeras horas de la contingencia, la administración municipal activó un protocolo especial encabezado por la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, quien supervisó personalmente las labores de atención, instruyó la habilitación preventiva de un albergue en el sur de la ciudad y coordinó la respuesta de las distintas dependencias municipales para atender los reportes ciudadanos con oportunidad.
Sin embargo, el verdadero valor de aquella respuesta radica en que fue posible gracias al trabajo preventivo realizado durante meses. La prevención comienza mucho antes de que inicie la temporada de lluvias. Consiste en limpiar rejillas, desazolvar zanjas, mantener pozos en funcionamiento, retirar residuos, inspeccionar sistemas de conducción y fortalecer permanentemente la capacidad operativa del municipio.
Como resultado de estas acciones, el Ayuntamiento ha atendido más de 65 mil rejillas, construido 2,386 sistemas de drenaje pluvial. Paralelamente, avanza la construcción de 120 nuevos pozos pluviales en zonas prioritarias, así como la interconexión de infraestructura existente para mejorar el flujo y la infiltración del agua.
A ello se suma la incorporación gradual de infraestructura verde, una tendencia ampliamente utilizada en ciudades resilientes, que permite reducir escurrimientos superficiales, incrementar la infiltración y aprovechar el agua de lluvia como un recurso ambiental.
Infraestructura que aprende del territorio
Uno de los mayores aciertos de la estrategia municipal consiste en abandonar las soluciones uniformes. Cada zona de Mérida presenta condiciones distintas de topografía, urbanización, escurrimientos y comportamiento hidráulico. Por ello, el Ayuntamiento desarrolla soluciones específicas para puntos críticos mediante Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible, interconexión de drenajes, macropozos, aljibes, jardines de lluvia y adecuaciones que permiten conducir el agua de forma más eficiente.
Esta visión representa un cambio importante en la forma de entender la infraestructura pública: ya no se trata únicamente de construir más obras, sino de lograr que todas funcionen como un sistema coordinado que aproveche tanto la infraestructura existente como los procesos naturales del territorio.
Quienes hacen posible la ciudad
Existe una dimensión del urbanismo que pocas veces aparece en los planos: el trabajo cotidiano de las personas que mantienen viva la infraestructura.
Durante la contingencia de mayo, cientos de trabajadores de Servicios Públicos Municipales, Obras Públicas, Protección Civil y otras dependencias laboraron bajo condiciones adversas para liberar rejillas, retirar árboles caídos, desazolvar sistemas pluviales, operar maquinaria especializada y mantener transitables las vialidades.
Su labor demuestra que la resiliencia urbana no depende únicamente del concreto, el acero o la ingeniería. También depende del conocimiento técnico, la experiencia y el compromiso de quienes hacen posible que la ciudad siga funcionando incluso durante las condiciones más difíciles. Reconocer ese esfuerzo significa reconocer que el servicio público constituye una parte esencial de la infraestructura de cualquier ciudad.

La ciudad también se construye desde la ciudadanía
Ninguna obra pública puede sustituir la participación social. Una rejilla obstruida por basura, una zanja convertida en tiradero clandestino o residuos abandonados en la vía pública pueden impedir el funcionamiento de todo un sistema diseñado para conducir el agua.
Por ello, la Estrategia Integral de Infraestructura Pluvial incorpora un componente de corresponsabilidad ciudadana basado en campañas de concientización, supervisión permanente y promoción de buenas prácticas para el cuidado del espacio público.
Mantener limpias las calles, respetar la infraestructura pluvial, reportar obstrucciones y seguir las recomendaciones de Protección Civil durante eventos meteorológicos extremos son acciones que fortalecen la seguridad colectiva. La resiliencia comienza con pequeñas decisiones cotidianas.
Preparar hoy la Mérida del futuro
Las ciudades que mejor enfrentarán los desafíos climáticos no serán necesariamente las que construyan más infraestructura, sino aquellas que logren integrar la planeación urbana, ciencia, innovación, gestión del riesgo y participación ciudadana en una misma visión de desarrollo.
Los pronósticos asociados a El Niño recuerdan que el clima seguirá poniendo a prueba la capacidad de adaptación de nuestras ciudades. Frente a ese escenario, Mérida ha optado por anticiparse mediante una estrategia que combina obras, mantenimiento permanente, infraestructura verde, fortalecimiento operativo y participación comunitaria.
La visión impulsada por la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada entiende que gobernar una ciudad implica mirar más allá de la siguiente temporada de lluvias. Significa preparar hoy la infraestructura que protegerá a las próximas generaciones y construir políticas públicas capaces de adaptarse a un entorno climático en constante transformación.
El agua siempre encontrará un camino. La responsabilidad de quienes planean y habitan la ciudad consiste en asegurarse de que ese camino proteja a las personas, fortalezca el patrimonio común y permita que Mérida continúe siendo una ciudad segura, resiliente y preparada para el futuro.
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