Casi todos los vehículos que los seres humanos utilizamos para alcanzar el destino que nos proponemos, cuentan con al menos uno, o varios espejos retrovisores. En un automóvil común y corriente, tenemos el espejo central, pegado a la parte superior del panorámico, y contamos también con los laterales, que a veces nos advierten que los objetos que ahí vemos, están más cerca de lo que aparentan.

Esos dispositivos, son herramientas de ayuda para el conductor, principalmente para que éste se asegure de que el pasado se va quedando atrás, y que quienes van aún más rápido hacia el mismo u otros destinos, no se constituyan en un riesgo o peligro tanto para el conductor mismo, como para los pasajeros que lleva.

Pero el área total de todos esos espejos, es apenas una fracción del área del cristal frontal, lo que nos indica que hay que prestar más atención al camino que nos lleva al futuro que deseamos alcanzar, que a lo que vamos dejando atrás.

La visión de ese futuro, debe ser clara, transparente, nítida, ambiciosa, por eso el panorámico tiene que ser mucho más grande, debe estar limpio, para que podamos ver los obstáculos que hay que esquivar, para que evitemos accidentes, y nuestro viaje sea seguro, al destino elegido.

Me puse a reflexionar acerca de esta figura retórica, después de enterarme de la existencia de Sophie Howe, la primera y hasta hoy única funcionaria pública en el mundo, desde cuyo cargo representa de manera exclusiva a un grupo social distante, uno que no acostumbra mostrarse, ni levantar la voz para manifestar sus necesidades o sus opiniones, que es quizás el más afectado por las actuales amenazas que enfrenta la humanidad, pero que no se queja por eso, que difícilmente pueda realizar una propuesta a los políticos y tomadores de decisiones. Es más, se trata de un colectivo de personas, que ni siquiera tiene el derecho de votar. Y la razón de esto, es que Sophie representa a un conjunto de personas que aún no nacen, a los ciudadanos de las futuras generaciones de Gales. Desde su oficina en la ciudad de Cardiff, capital de este país que forma parte del Reino Unido, trabaja por cumplir el mandato que tiene, de velar por los intereses y el bienestar de las generaciones futuras.

Todos hemos dicho alguna vez que nos preocupamos por el planeta que vamos a heredar a nuestros hijos y nietos. El moderno concepto de sostenibilidad, tan utilizado en estos días, hace referencia a preservar los recursos que pertenecen a las siguientes generaciones, pero nadie había expresamente, por Ley, y con una institución creada ex profeso, establecido las bases para que se convierta en una realidad, hasta hoy, que el gobierno de Gales pone el ejemplo para todo el mundo.

En un documento denominado “Manifiesto por el Futuro”, que fue publicado apenas el mes pasado (Octubre 2020), la Comisionada de las Futuras Generaciones de Gales, hace una serie de recomendaciones a todos los partidos políticos que participarán en las elecciones parlamentarias en 2021. En él habla de resiliencia, con especial enfoque en la emergencia climática y de la naturaleza, y destaca la importancia de los espacios verdes. También realiza propuestas para fortalecer el sistema nacional de salud y el bienestar. Plantea la necesidad de reducir la desigualdad presente y futura. También hace reflexiones acerca de la responsabilidad global de los ciudadanos galeses, pero establece criterios que son relevantes para asegurar una sociedad próspera, con educación de calidad, con la garantía de una relación laboral-familiar balanceada. Perfila el anhelo de un país con una cultura vibrante y con comunidades mas unidas y humanitarias, priorizando la movilidad, el acceso a vivienda digna, al bienestar y la calidad de vida. Desde luego exige el derecho a políticas públicas que propicien un desarrollo equilibrado, diverso, inclusivo y justo.

¡Que envidia le tengo a los ciudadanos galeses que aún no nacen! Ellos tienen a alguien pendiente de que el conductor se fije más en el panorámico que en los espejos retrovisores, que mire el futuro al que se dirigen y no que esté recordando con demasiada frecuencia el pasado.

Por un momento soñé que en México pudiéramos contar con una Secretaría, o al menos una Comisión, Instituto, u oficina, que se ocupe de este tipo de asuntos, pero recordé con tristeza que aquí nuestro conductor, es adicto a los retrovisores, que tiene un panorámico opaco y sucio, pero que además no le interesa limpiarlo, puesto que su destino no está hacia delante, el destino al que quiere llevarnos está atrás, en el pasado. Además, le urge, y por eso conduce a gran velocidad y en reversa.

 
 

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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