Más allá de los planos: neurodivergencia y bienestar del creador

En los últimos años, la idea de la inclusividad ha cobrado una relevancia creciente, consolidándose como un eje fundamental en el diseño y la construcción de espacios adecuados para la neurodivergencia. Este concepto alude a la diversidad natural del funcionamiento neurológico humano, que abarca condiciones como el autismo, el TDAH, la dislexia o las altas capacidades, entre otras. Más allá de una etiqueta clínica, invita a reconocer que no todas las mentes perciben, sienten ni crean de la misma manera. Si bien la inclusividad es un aspecto remarcable y necesario para tener en cuenta al momento de crear espacios, resulta igualmente interesante mirar hacia el otro lado del proceso creativo: cuando la propia neurodivergencia está presente en la mente de quien imagina, diseña y materializa dichos espacios. (Imagen 1)

 

Imagen 1.

 

Si la arquitectura busca dar forma a la manera en que habitamos el mundo, también es cierto que esa forma nace del modo en que cada mente lo percibe. En el caso de profesionales de la arquitectura y diseñadores neurodivergentes, los procesos de observación, análisis y creación pueden adquirir matices únicos: una sensibilidad distinta hacia la luz, el espacio o la textura, una manera no lineal de resolver problemas o bien una hiperconcentración y atención a los detalles que otros podrían pasar por alto.

En muchos casos, el hiperfoco, la memoria visual o la capacidad de ver conexiones inusuales se traducen en propuestas arquitectónicas originales, capaces de integrar función, estética y emoción de maneras inesperadas. Estas diferencias, lejos de ser una limitación, pueden convertirse en fuentes de innovación y profundidad estética, capaces de replantear cómo concebimos los espacios y su relación con quienes los habitan.

Sin embargo, la práctica y la enseñanza de la arquitectura no siempre están preparadas para reconocer o acompañar estas formas distintas de procesar el pensamiento y la experiencia. En mi experiencia atendiendo alumnado y conviviendo de manera diaria con profesionistas del gremio, puedo corroborar que, en contextos en donde predominan la rigidez metodológica, la competencia constante y la presión por cumplir con estándares estéticos o técnicos, muchos de los profesionistas neurodivergentes enfrentan dificultades de adaptación, comprensión e incluso desvalorización de su proceso. Derivado del entorno como de la propia neurodivergencia, la sobrecarga sensorial (sobreestimulación), el perfeccionismo extremo o la dificultad para sostener rutinas prolongadas, pueden volverse obstáculos significativos en un campo que, con frecuencia, asocia el talento con la entrega incondicional y el éxito con la capacidad de resistir el cansancio, por encima del equilibrio entre la creatividad y el bienestar personal.

Muy frecuentemente, el sacrificio personal se normaliza como parte del proceso creativo, mientras que el bienestar o el descanso se perciben como un lujo secundario. Reconocer estas tensiones es esencial para avanzar hacia una cultura profesional más empática y flexible. 

La arquitectura, por su propia naturaleza, combina creatividad, técnica y responsabilidad sobre los espacios que habitamos; sin embargo, esta combinación a menudo se traduce en una constante presión sobre quienes la practican. Jornadas extensas, plazos ajustados y la expectativa de perfección (propia, del cliente, la empresa y/o persona a cargo) pueden generar un entorno donde el estrés, la ansiedad y el burnout se vuelven frecuentes. Reconocer estos riesgos no es un señalamiento de debilidad, sino una invitación a replantear la cultura profesional: cuidar la salud mental del arquitecto es tan esencial como diseñar espacios que cuiden de quienes los habitan. 

No sólo se coloca la salud del arquitecto sobre una pendiente, sino que, además, la mente y el cuerpo son las herramientas principales de estos profesionistas, y si se colocan en juego (uno peligroso, a decir verdad), pueden resultar lesionadas de tal manera que se “secan” y se agotan, dejan de crear (frustración creativa), no pueden continuar resolviendo y, a su vez, dejan de ser sensibles a las necesidades ajenas, cuyas soluciones muchas veces se alojan en los detalles más sutiles. Vale recalcar que lo mental es frecuentemente somatizado, en palabras más coloquiales (y que disfruto incluir en mi discurso): “el cuerpo grita lo que la boca calla” (tarde o temprano, te lo aseguro).

Enfatizar la importancia (y enorme necesidad) de romper tanto con los estereotipos como con los estigmas, y repensar la cultura profesional, es esencial para proteger la salud mental en la arquitectura. Valorar distintos estilos de trabajo y procesos creativos, incluyendo aquellos derivados de la neurodivergencia, permite reconocer que la productividad y la creatividad no dependen del sacrificio extremo. Incorporar pausas conscientes, límites saludables, espacios de acompañamiento y el reconocimiento de la diversidad cognitiva no sólo protege el bienestar del profesionista, sino que también potencia la creatividad y la innovación en la arquitectura misma. (Imagen 2)

 

Imagen 2.

 

Para una práctica sostenible, es importante fomentar una cultura laboral en donde la colaboración esté por encima del individualismo competitivo y se promuevan entornos laborales en donde el bienestar del arquitecto (y del equipo) sea tan relevante como la calidad de los espacios que diseña. La arquitectura no sólo transforma los espacios que habitamos, sino que también refleja la mente de quienes los diseñan. Reconocer la diversidad cognitiva dentro del gremio, incluyendo la presencia de neurodivergencia, nos permite valorar procesos creativos distintos y enriquecer los proyectos con perspectivas únicas. 

Para finalizar, les exhorto a considerar que la salud mental del creador es parte vital de crear espacios que realmente cuiden de quienes los habitan. Una arquitectura inclusiva y consciente no se limita a los usuarios, sino que también abraza a quienes la imaginan y la construyen.

 

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Ligia Nicté-Há Contreras Escalante
Licenciada en Psicología y Maestra en Psicoterapia Individual y Grupal ambas realizadas en la Universidad Modelo. Se desempeña como psicoterapeuta particular. Brinda los servicios de orientación psicológica educativa y docencia en las Escuelas de Arquitectura y de Salud de la Universidad Modelo.