En muchos años de foros, mesas de análisis, reuniones con especialistas y lectura de artículos urbanos, nunca he escuchado a nadie decir directamente que está en contra del desarrollo. El problema es que no siempre estamos de acuerdo en qué es realmente “desarrollo”. En muchas ciudades del mundo, éste no es consecuencia de una adecuada planeación que contemple a toda la población de manera equitativa e incluyente.
El desarrollo mal implementado trae consecuencias negativas, como es el caso de la gentrificación.
¿Qué es la gentrificación?
“Las transformaciones avasallantes del entorno urbano, decididas y fomentadas no por la comunidad, sino por fuerzas políticas y económicas externas, producen el fenómeno de la gentrificación” (MetrópoliMid, Edición 79).
Hay cuatro componentes clave que caracterizan la gentrificación:(1)
- Una fuerte inversión de capital. Puede ser público, como grandes obras urbanas o de espacio público, o privados, como centros comerciales, hospitales, etc. Es importante mencionar que la inversión, en la mayoría de los casos, no forma parte de la dinámica económica natural de la región, ya sea una colonia, un barrio, un pueblo o una comisaría, entre otras.
- Cambio en los usos de suelo. La vida urbana de la zona se transforma, afectando los usos y costumbres y el ritmo de vida de los habitantes.
- Aumenta el valor del suelo. Las inversiones, en consecuencia, aumentan la plusvalía de la zona, y, por lo tanto, también el costo de vida, de las rentas, así como de los bienes y servicios, acompañadas de procesos de revalorización del suelo y recomposición socioeconómica del territorio.
- Genera una fuerte presión al desplazamiento de la población. Los habitantes de la zona son sustituidos por otros con mayor capacidad económica, lo que trae consigo toda una reconfiguración del territorio.
Volviendo a lo que decíamos al inicio, nadie está en contra del desarrollo. Por lo tanto, a primera vista, nadie estaría en contra de los primeros tres componentes: un mayor dinamismo económico, con inversiones tanto del gobierno como de las empresas; una sana mezcla de usos de suelo, que traiga consigo una oferta más variada de bienes y servicios; y el aumento del valor de nuestra propiedad. Entonces, ¿cuál es el problema?
Planeación, escala y velocidad: determinantes para la gentrificación
El problema tiene que ver con la planeación, la escala y la velocidad. A diferencia del desarrollo positivo, cuando se da la gentrificación la velocidad a la que suceden estas transformaciones no permite que sea la población original la que reciba los beneficios de la intervención, aumentando su nivel adquisitivo y su calidad de vida. Más bien, al no poder afrontar la nueva realidad de la zona —ya sea por cambios en su dinámica urbana y costumbres (usos de suelo) o por incapacidad económica (aumento de valor de suelo)— reciben una fuerte presión para trasladarse a otro lugar (desplazamiento).
Entonces, la gentrificación se intensifica cuando la planeación es deficiente o no incorpora mecanismos redistributivos —que puede explicarse por diferentes causas, desde el desconocimiento hasta la influencia económica o política de grupos de interés—, donde la intervención en una región se realiza a una escala y velocidad que superan por mucho el desarrollo natural de su población, generando una fuerte presión al desplazamiento. En otras palabras, el desarrollo se da a una magnitud y velocidad tan desproporcionadas que la población, en lugar de evolucionar con su barrio o región, tiende a abandonarla y ser sustituida por otra. Entonces el problema no es la inversión, sino quiénes son los que realmente se benefician de ella.
Consecuencias de la gentrificación
Además de las afectaciones directas a quienes son desplazados por fenómenos de gentrificación, también se tienen consecuencias negativas a nivel ciudad:
- La vivienda es vista como una mercancía y no un derecho. Esto puede ampliarse incluso a nivel de ciudad, donde se “vende” como marca o destino turístico, sin importar realmente la calidad de vida de sus habitantes.
- Segregación, desplazamiento, exclusión. Con el consecuente malestar social entre los distintos grupos sociales o económicos, entre locales y extranjeros, entre resistentes originales y nuevos residentes.
- Ruptura de tejidos sociales y culturales, pérdida de tradiciones y costumbres, cambios en los ritmos de vida.
¿Cómo prevenir la gentrificación?
A nivel mundial, se han establecido algunas soluciones y alternativas:
- Políticas públicas de vivienda social y control de rentas.
- Zonificación inclusiva y protección del patrimonio.
- Protección de los comercios y la economía local.
- Regulación de aspectos específicos, como el Airbnb.
Sin embargo, no olvidemos que la gentrificación se da acompañada de procesos normativos. Alguien tuvo que autorizar cambios de uso de suelo, inversiones, licencias y permisos. Por ello, considero que el factor primordial para anteponer desarrollo a la gentrificación es la planeación efectiva, incluyente e integral. Una planeación participativa que involucre en la toma de decisiones a los residentes y a los habitantes que han estado en el barrio toda la vida.
Planeación, indispensable, pero siempre con la ciudadanía
¿Recuerdan como iniciamos este análisis? El problema es que no estamos de acuerdo en qué es el desarrollo, y ahí radica un aspecto central para nuestra calidad de vida: ¿qué ciudad queremos?
Es de suma importancia articular —desde la sociedad civil— una visión compartida de la ciudad que queremos, para así lograr posicionar en la agenda pública lo que realmente es importante para la población, y presionar para que eso se refleje en los presupuestos, reglamentos, proyectos y políticas públicas. (MetrópoliMid, Edición 79).
En esta edición de MetrópoliMid, también hablamos del Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano de Mérida (PMOTDUM), y no es coincidencia.
La gentrificación –como otros efectos negativos del desarrollo urbano– no es un fenómeno inevitable ni ajeno a la toma de decisiones públicas. Es el resultado de cómo se planea, a qué escala se interviene y, sobre todo, de cómo se distribuyen los beneficios del desarrollo. Por ello, sólo puede abordarse de fondo a través de una planeación urbana efectiva, incluyente y participativa, construida con la ciudadanía y orientada al interés colectivo.
La ciudad no es únicamente el resultado de inversiones y proyectos, sino de decisiones que definen quién puede habitarla, permanecer en ella y en qué condiciones. Ante esto, todos estamos llamados a participar activamente en la planeación y futuro de Mérida.
(1) De manera muy simplificada, pues se trata de un fenómeno urbano complejo que requiere un análisis específico de cada situación particular.
¡Visita la edición 79 de MetrópoliMid!



