Identidad cultural vs. Diversidad cultural

Caminar por el centro de Mérida

 

De unos años a la actualidad, transitar por las calles de Mérida implica la convivencia cotidiana con personas de muchas partes del mundo. Desde aquellos que tienen sus raíces en Norteamérica, Europa, Asia o África, los cuales por su físico e idioma es evidente su origen, hasta aquellos que vienen del centro y el sur de América, quienes se parecen mucho más a los “oriundos” de Yucatán. Ni qué decir de los compatriotas, que por diversas circunstancias han decidido hacer de Yucatán, y en lo particular de Mérida, su hogar. Algunos de estos transeúntes dejaron sus lugares de origen muchas décadas atrás, mientras que otros tomaron esta decisión recientemente.

Quizás el lugar ideal para percibir gran parte de esta mixtura cultural es la plaza principal o algunos de sus parques y plazas circunvecinos. En estos sitios el español se habla de mil formas distintas, con acentos y modismos diversos, con algunas palabras en maya y muchas más en inglés, francés o alemán, que se van mezclando para crear infinitas variedades. Los orígenes se privilegian y, más allá de ese “collage” lingüístico, la diversidad cultural se manifiesta en una suma de identidades culturales no vinculadas.

La identidad cultural yucateca es, como todas, compleja, y para entenderla debemos remitirnos al pasado. Por cuestiones prácticas y habiendo entendido al mestizaje iniciado oficialmente por Gonzalo Guerrero, revisaremos el proceso migratorio ocurrido a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, para retornar posteriormente a la actualidad.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

La migración y la diversidad cultural en el cambio del siglo (XIX-XX) en Mérida

Hacia la última década del siglo XIX, Mérida se estaba transformando. Nuevas calles, muchas viviendas en construcción o en remodelación, comercios en auge con productos que estaban de moda en otras partes del mundo y, por supuesto, su gente. La ciudad se estaba consolidando como la proveedora regional de servicios; la velocidad a la que se daban los cambios era notable y fácilmente vinculable con el aumento en la capacidad económica derivado del comercio del henequén.

Los oficios se consolidaron y diversificaron: había más costureras, panaderos, plateros y sastres por mencionar algunos quienes, junto con los profesionistas “liberales” abogados, actores, arquitectos, dentistas, dibujantes, escritores, fotógrafos, ingenieros, médicos, notarios, profesores, entre otros más daban servicios a la cada vez más demandante población.

Como parte de esta dinámica poblacional no hay que olvidar que, apenas unos cuantos años antes del cambio de siglo, la población en el estado aumentó únicamente por migración y no naturalmente la migración se intensificó. Esto fue así tanto en lo referido al intercambio poblacional campo-ciudad, como por la llegada de personas de otras partes de la república, y también del extranjero. 

Así, según el censo de 1900, la inmigración nacional equivalía a un 3% del total de los habitantes de la ciudad, mientras que la internacional representaba un tanto igual. Por ello, con aproximadamente 1,484 personas, Mérida era la cuarta capital de la república mexicana con mayor número de extranjeros habitando en ella. 

Para el año 1900, once nacionalidades distintas cohabitaban en la ciudad, entre los que destacaban los españoles, los turcos y los cubanos. La dinámica poblacional propició un aumento en la demanda de casa-habitación, tanto en la compra como para renta, lo que se reflejó en un incremento de precios en el centro de la ciudad, con la consecuente expulsión de la población de bajos recursos, la subdivisión de predios y, con ello, una mayor densidad habitacional. Todo lo anterior, además, indujo prácticas especulativas en las esferas elítico-burguesas. Junto con esto, alrededor de 1905, llegaron al estado más de 1,000 coreanos, y hacia 1910 había alrededor de 600 ciudadanos turcos.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

 

Muchos de estos inmigrantes poco a poco fueron pidiendo la ciudadanía mexicana, y se integraron al tejido social regional. Cada uno fue aportando una faceta nueva a la vida cotidiana local. Por ejemplo, los alemanes se dedicaron a la venta de productos para la construcción con sus almacenes ferreteros, o bien desarrollaron proyectos de infraestructura urbana. Otros más, como los sirio-libaneses, se enfocaron en el comercio a menudeo, sobre todo de telas y encajes, yendo de puerta en puerta al principio, hasta llegar a consolidar emporios económicos. Los italianos, por su parte, se abocaron al arte y a la construcción, mientras que los coreanos a la venta de hortalizas y otros productos frescos. Todos trajeron algo de su cultura, y si bien en un inicio estas manifestaciones se mantuvieron únicamente entre los miembros de su comunidad, poco a poco crearon una madeja compleja de relaciones. Así, la comida, los modismos, algunas costumbres e incluso el hablar, se volvieron un todo.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

Múltiples oleadas migratorias y una ruptura a la integración

A raíz de diversas políticas públicas y de las circunstancias económicas nacionales, a Yucatán, y particularmente a Mérida, han llegado personas de muchas partes de la república y del mundo. Es de notar que ha ocurrido especialmente en la última década, en donde ya sea por la localización estratégica de la ciudad en la Península, por la divulgación de la calidad de vida ofertada en la región lo que involucra la cultura, o sobre todo por los bajos indicadores de inseguridad regional, la migración ha aumentado. 

Personas de Centroamérica han buscado en Mérida un refugio alternativo ante un éxodo peligroso al norte del continente en la búsqueda del sueño norteamericano. Familias enteras pertenecientes a las caravanas migratorias han llegado a tierras locales buscando una nueva vida. Aparentemente no visibles, poco a poco su cultura se ha relacionado con la local. Esto se observa en los lugares donde viven, en la forma de apropiarse de su espacio, en su acento al hablar y en los productos que ofrecen en la calle.

Lo mismo ocurre con la migración que pudiéramos considerar como forzada por parte de comunidades enteras de paisanos chiapanecos, oaxaqueños y de otros estados de la república en donde por diversas circunstancias no hay las condiciones suficientes para vivir con dignidad, por lo que se arriesgan al venir a esta ciudad con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Invisibilizadas e invisibilizados, sobre todo las mujeres y las infancias, lo único que para muchos los vuelve visibles es precisamente su identidad cultural, manifestada en su vestir, en los colores que portan y en su hablar. 

También hay otras migraciones mucho más visibles por la derrama económica que generan, por la toma del espacio público y por la transformación de muchos entornos del centro histórico. Extranjeros mejor así, sin mencionar nacionalidad han decidido hacer de Mérida, y de manera particular del centro de la ciudad, su lugar ideal para vivir. Esto no está mal, en lo absoluto, pero lo que podría tener una lectura negativa, es la aparente poca intención de integración, y el poco deseo de ser parte de esa identidad cultural regional y local. Esto hace que, en su camino a conformar su nuevo hogar, trastoquen las estructuras que le dan sentido a nuestra ciudad.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

Cotidianamente “sentimos” que las cosas están cambiando, pero no sabemos bien a bien qué es lo que se está transformando. ¿Qué es para nosotros, los yucatecos, nuestra identidad? ¿Qué entendemos por diversidad cultural?

Indudablemente, lo que podemos entender como cultura yucateca y sus tradiciones derivan de la relación entre la cultura maya (como base/origen) y del mestizaje de esta con la española (que a su vez estaba plagada de influencias árabe/musulmanas y judías, por decir lo menos). El proceso de construcción de una identidad cultural y la institucionalización de la misma ha derivado en múltiples expresiones tangibles e intangibles, como pueden ser la arquitectura desde los templos y pirámides, hasta la vivienda vernácula, la gastronomía, el vestido, el “habla” yucateca y sin fin de costumbres y tradiciones que son parte de la vida cotidiana en la región.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

 

Sin embargo, la identidad cultural regional se ha visto últimamente comprometida por lo mismo que en algún momento la definió y la fortaleció: la diversidad cultural. Distintos actores sociales, con su propia cultura, llegan a estas tierras para disfrutar de las condiciones prevalecientes en éstas, como la manera de concebir el tiempo, la peculiar forma de vivir y convivir en familia, la concepción espacial de las viviendas pasadas y presentes, la vegetación, el clima inclemente, la forma de ver la muerte, y hasta la misma gastronomía. Sin embargo, toda esta nueva oleada de personas se han vuelto una latente espada de Damocles al tratar de cambiar, e imponer, lo que desde su imaginario debería de ser.

Por ejemplo, si bien muchos entornos urbanos se han revitalizado, también las viviendas se han transformado, e incluso muchas de ellas lo han hecho a partir del autodenominado Yucatan Style, cuando de yucateco no tiene mucho, al no emplear materiales locales, no reconocer los planteamientos espaciales de las viviendas de la región esas de base y origen de nuestra arquitectura, al no entender el rol de la vegetación en el patio y su relación con el clima y el ruido urbano, por decir lo menos. 

Muchas personas que ya tienen estadías prolongadas en la ciudad se niegan a hablar el español, lo que en muchos casos condiciona al local a hablar en una lengua extranjera; incluso la comida regional se empieza a modificar para adaptarse a gustos de nuevas latitudes.

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

Visto a la distancia

Ante los contextos previamente planteados, la posibilidad de riqueza ante la diversidad cultural se pierde. La cultura se emplea como estandarte de la turistificación, pero derivando por un camino que probablemente no tenga retorno. La comunidad local, cada vez es más renuente a aceptar “lo otro”, siendo ésta una característica del yucateco, orgulloso de sus orígenes y de su cultura, con todo y sus peculiaridades. Indudablemente esa negación a la integración cultural y al reconocimiento de “lo otro” como diverso, deriva de esa sensación de agresión y ruptura de lo que viene de afuera, probablemente reforzada por la falta de comprensión y valor por lo local.

Recordemos que la cultura y la diversidad cultural es la suma de todas aquellas manifestaciones materiales, espirituales y simbólicas que representan a una o varias personas, y que las identifican como parte de un conjunto de individuos. Es un bien exclusivo de la humanidad, es lo que nos hace, por una parte, diferentes, pero a la vez nos permite establecer canales de convivencia. 

 

Identidad cultural vs. Diversidad cultural

 

En este contexto, recordemos que, como es costumbre, salir a comer unos taquitos al pastor, comer unos huarachitos o sopes, disfrutar de un buen sashimi o botanear con unos kibis, todo esto y muchísimo más, deriva de ese entramado cultural que nos caracteriza y que, en un estado de convivencia real y plena, nos debería de enorgullecer.

Gladys Arana López
Doctora en Arquitectura. Profesora investigadora en la Facultad de Arquitectura de la UADY. Coordinadora de la Maestría en Diseño Urbano de la Facultad de Arquitectura de la misma Universidad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (I).