La soberanía nacional es un concepto que se ha subjetivizado demasiado, adaptándolo según convenga a quien lo enarbole, y utilizándolo para conseguir el fin que se propone. Quizá la concepción mas habitual, es aquella que se refiere a la defensa del suelo nacional, del territorio, frecuentemente relacionado con actividades tanto políticas como militares, que buscan evitar que la geografía de un país, sea mancillada con la intervención o dominación de algún otro país o entidad extranjera. En términos un poco mas jurídicos, legislativos o constitucionales, la soberanía se refiere con mayor precisión al poder, señalando que todo el poder de una nación, recae en sus ciudadanos, en el pueblo. Sin embargo, la Nación se concibe como algo distinto de la simple suma de los individuos que la componen, lo que da lugar a la soberanía nacional, como una entidad que es mas bien fruto de la reunión de sus individuos mas que de su adición. La imposibilidad práctica de que la gente ejerza de manera directa la autoridad que en ella recae, hace que tenga que delegarla en sus representantes en el Poder Legislativo. La constitución mexicana establece que “todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”.

Algunos pretenden asociar el concepto de soberanía, equivocadamente desde mi punto de vista, a la autosuficiencia o al dominio del Poder Ejecutivo, del gobierno, y no de los ciudadanos, sobre uno o varios recursos de la nación, especialmente los naturales. Y a partir de ahí se desarrolla un discurso nacionalista que pretende justificar monopolios y medidas proteccionistas sobre un sector como el energético, tanto en el tema de los hidrocarburos, como en la generación, transmisión y distribución de la electricidad.

Es cierto que la energía es estratégica para cualquier país, pero es equivocado pensar que se alcance la soberanía solamente si su absoluto control, posesión y gestión se lleva a cabo desde el gobierno federal, aunque se haga mal, ineficientemente, e incluso en contra del beneficio del pueblo, como se hace actualmente desde el régimen del disparate y la ocurrencia.

Al memorando del retroceso dado a conocer la semana pasada, con el que se vulnera la autonomía de los organismos reguladores del sector, y a todas las anteriores acciones para desincentivar o impedir el despliegue de energías renovables, limpias y más económicas, se suma hace un par de días el acuerdo dado en el seno de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), para ya no publicar en el Diario Oficial de la Federación (DOF), importantes acuerdos que hubieran favorecido no solamente una mayor competitividad de las energías renovables, sino un mayor empoderamiento de los ciudadanos sobre recursos que son propiedad de todos y que tenemos gratuitamente, como son el sol y el viento.

Con esa errónea decisión, se cancelan para el sector eléctrico, oportunidades de mejora que tienen que ver con el almacenamiento de energía, y también con un esquema que ha demostrado ser muy exitoso en todo el mundo en donde ha sido implementado, que es el denominado “community solar” o generación distribuida colectiva.

Los proyectos de generación de energía solar colectiva, pudieron haber abierto una ventana de enormes oportunidades de desarrollo de las energías limpias, especialmente en aquellos casos en donde mas se necesita, y existen impedimentos de espacio, de morfología u orientación de las azoteas de los edificios, de propiedades en régimen de condominio, o de comunidades apartadas y poblaciones marginadas a quienes urgía hacer llegar la justicia energética. El modelo de generación colectiva, donde se ha aplicado, ha otorgado poder real a los ciudadanos, lo que les permite ejercer precisamente una auténtica soberanía, que les permite con libertad, tomar decisiones y tener el control sobre sus recursos. No hay mayor y mejor soberanía que esta. Pero ahora, el gobierno de las ocurrencias y los disparates, enarbolando un concepto equivocado de soberanía, ha cancelado, temporalmente, esa posibilidad.

En su Carta Encílcica “Laudato Si”, el Papa Francisco menciona este tema en este párrafo que transcribo textualmente: “En algunos lugares, se están desarrollando cooperativas para la explotación de energías renovables que permiten el autoabastecimiento local e incluso la venta de excedentes. Este sencillo ejemplo indica que, mientras el orden mundial existente se muestra impotente para asumir responsabilidades, la instancia local puede hacer una diferencia. Pues allí se puede generar una mayor responsabilidad, un fuerte sentido comunitario, una especial capacidad de cuidado y una creatividad más generosa, un entrañable amor a la propia tierra, así como se piensa en lo que se deja a los hijos y a los nietos. Estos valores tienen un arraigo muy hondo en las poblaciones aborígenes. Dado que el derecho a veces se muestra insuficiente debido a la corrupción, se requiere una decisión política presionada por la población”.

Ya son muchas, demasiadas, las acciones equivocadas que frenan el progreso de las energías renovables. Todos los días somos testigos de la forma tan disparatada y ocurrente con que se aborda la agenda energética de México, desde un gobierno que confunde fortaleza con autoritarismo, y reduce el concepto de soberanía a la simpleza de la propiedad y control central del estado, en lugar de hacer residir la autoridad en el pueblo, en cuyo beneficio debería enfocar sus actuaciones.

Raúl Asís Monforte González

Raúl Asís Monforte González

Ingeniero Civil y Maestro en Arquitectura de Paisaje. Presidente del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C.

Email: raul@mienergiamx.com

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