Conversatorio: Gentrificación ¿progreso o desplazamiento? Diálogos sobre la ciudad que habitamos

“El 10 de diciembre se conmemora el Día de los Derechos Humanos, un día para recordar que los derechos no son sólo principios abstractos, sino compromisos con la dignidad, la equidad y la justicia en todos los ámbitos de la vida. Entre estos, el espacio urbano donde vivimos.” – Doctora Silvana Forti Sosa. Directora del Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo. 

El pasado 9 de diciembre se llevó a cabo el conversatorio Gentrificación ¿progreso o desplazamiento? Diálogos sobre la ciudad que habitamos, organizado por el Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo, la Universidad de Guadalajara, y MetrópoliMid, en el marco del Día de los Derechos Humanos. El evento cobra especial relevancia en el contexto actual de la ciudad de Mérida, la cual resiente los efectos cada vez más tangibles de la gentrificación, como lo son el desarrollo de la vivienda como mercancía, la segregación, la exclusión, la ruptura de tejidos sociales y culturales, así como la ciudad vista como negocio y no para la ciudadanía. “Hablar de gentrificación en el Día de los Derechos Humanos es recordar que el desarrollo urbano debe priorizar a las personas sobre el capital” – mencionó Silvana.

El diálogo se estructuró en dos segmentos con la participación de seis destacados panelistas: el Maestro Carlos Manuel Orozco Santillan, de la Universidad de Guadalajara; el Doctor Jorge López Ortiz, de la Universidad Autónoma de Yucatán; Leydi Eloina Cocom Valencia, ex Comisaria de Santa Gertrudis Copó; la Maestra Graciela Carrillo Carrillo, del Centro de Investigación Análisis y Docencia de Política Pública CIDAPP; el Doctor Hector Becerril, de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI)-Centro Geo; y Jonathan Martín Aguilar, presidente del Comité Vecinal del Fraccionamiento Las Américas. 

“Si el desarrollo urbano nos perjudica, entonces no es un buen desarrollo”, la resistencia del pueblo de Santa Gertrudis Copó.

La gentrificación no se entiende únicamente a partir de definiciones, sino también desde las experiencias de las comunidades directamente impactadas y afectadas. Como señaló la excomisaria Leydi Cocom, las transformaciones avasallantes del entorno urbano, decididas y fomentadas no por la comunidad, sino por fuerzas políticas y económicas externas, producen dicho fenómeno.

“Todos conocemos la zona norte donde se encuentra el pueblo de Santa Gertrudis Copó. Soy originaria de esa comunidad, he vivido toda mi vida ahí y he visto cómo se ha transformado de una manera avasallante para nosotros. Hemos visto cómo se han construido mega edificios que desentonan con la forma de vida que nosotros llevamos día a día en la comunidad.

 

 

El Ayuntamiento de Mérida nos denomina centros de población, nosotros nos consideramos pueblo, tenemos usos, costumbres, actividades y una cosmovisión maya que todavía conservamos. No estamos en contra del desarrollo urbano, porque tenemos que crecer todos, pero los pueblos originarios tienen que crecer de acuerdo con su forma de vida, porque si el desarrollo nos perjudica, entonces no es un buen desarrollo”. 

En palabras de la excomisaria, para los habitantes originarios del pueblo es como una invasión, en la que muchos llegan con la mentalidad de generar plusvalías “‘tu tierra vale muchísimo’ ¿Y quién les dijo a ellos que nosotros queremos dejar nuestra tierra? Algunos pueden ver terrenos, nosotros visionamos territorio, que no es lo mismo. En el territorio nos hemos desenvuelto, en el hemos realmente vivido.

Esta disruptiva entre los desarrollos inmobiliarios y el pueblo de Santa Gertrudis, ha generado tensiones entre los habitantes. Dentro de estas experiencias, Leydi señaló el descontento por parte de los nuevos residentes con la realización de fiestas tradicionales y bailes populares. De igual manera, los pobladores viven con la incertidumbre de los posibles cambios en el uso de suelo que se pueden suscitar de forma abrupta y que están permitidos en la normatividad.

“Todos son bienvenidos, el problema es cuando nos mandan a la policía por las fiestas tradicionales o bailes populares, cuando estas forman parte de nuestra cosmovisión, de nuestra espiritualidad. Realmente se ha complicado convivir, porque, así como hay gente que puede decir qué bonito que el pueblo siga celebrando sus fiestas, también hay gente que puede decir, por favor, ya bajen la música.

Nos encontramos en una zona 2 —de crecimiento urbano— (PMDU Mérida, 2017); yo hace años me espanté cuando supe que, si mi vecina vendiera su terreno, ahí podían construir un edificio de muchos pisos y dices, wow, ¿y el derecho al sol? (…); o que tal que alguien te esté espiando desde cierto nivel y no tener la privacidad de estar en el patio de tu casa”.  

 

La especulación y el desplazamiento, ¿a dónde se mueve la población originaria?

La ciudad desarrollada, predominantemente desde la lógica económica, ha ejercido un peso importante en la creación de entornos gentrificados, marcando la pauta de dónde, cómo y quiénes pueden acceder a los beneficios del aprovechamiento del suelo. Como indicó el maestro Carlos Santillan.

“La especulación del suelo urbano es un problema que enfrentamos en las ciudades, no se diga la Ciudad de México con el cártel inmobiliario, o con el desplazamiento y la destrucción del patrimonio edificado en la ciudad de Guadalajara. Lo que yo veo en Mérida, es lo mismo, una ley de la especulación del suelo urbano. El capitalismo inversor que es el que especula, el desplazado que vende y el corrupto que aprueba, estamos hablando de una plusvalía generada por esos componentes”. 

Asimismo, dentro de los efectos de la gentrificación que recalcó en su intervención, se encontró el desplazamiento. Argumenta que las personas que vivían en barrios tradicionales, al vender, terminan siento relegadas a nuevos núcleos urbanos, localizados generalmente en las periferias, con escasez de equipamientos, servicios básicos y opciones de movilidad. Son entornos urbanos tan desconectados de las dinámicas urbanas que terminan convirtiéndose en “una ciudad dormitorio (…) lo que ha sido, realmente, una forma de marginalidad”.

“Se van de un barrio tradicional ¿a dónde?, pues a donde haya barato. Se engaña para poder vender casas baratas de 400 mil pesos, que en la colonia americana —tradicional de Guadalajara—, vale 3 millones”.

Parte de esta lógica de especulación, como agregó el doctor Jorge López Ortiz, se origina desde planes y programas de desarrollo urbanos incapaces de gestionar de forma adecuada los cambios en el uso de suelo y las plusvalías que se generan a partir de las intervenciones, tanto públicas como privadas.

“La gentrificación viene desde la forma en que se planifica la ciudad, es decir, la especulación inmobiliaria empieza cuando se organiza, se distribuye y se unifica las zonas urbanas”.

 

La gentrificación y el progreso, la disyuntiva en la narrativa

Dentro de los defensores de los procesos de gentrificación, el principal argumento para no interpretarla como un problema público es la afirmación de que trae consigo progreso. Sin embargo, el doctor Héctor Becerril y la maestra Graciela Carrillo aportaron argumentos de por qué no es posible interpretarla como desarrollo, así como el principal motivo por el cual se cree que la gentrificación es positiva. 

“En literatura reciente se habla de la gentrificación como un proceso de producción de espacio urbano para personas más afluentes. Las ciudades están en constante transformación, pero lo que está pasando es este proceso en el cual el Estado, a través de la planeación, está produciendo espacio para cierto tipo de personas. Eso no solamente puede generar un desplazamiento, sino también está afectando la forma en la que se está viviendo en barrios o colonias. Podemos tener un proceso de revitalización sin gentrificación, porque podemos pensar en uno que tome en cuenta las necesidades y aspiraciones de los otros grupos que también hacen ciudad” – señaló Héctor Becerril. 

“Cuando hablamos de que la gentrificación trae consigo cosas buenas, es que tenemos un entendimiento erróneo de lo que es. La gentrificación es esa consecuencia negativa cuando hacemos una intervención inadecuada de regeneración urbana en un barrio, en una colonia, en un pueblo, en algún lugar (…), incluso algo tan sencillo como la regeneración de un parque puede traer consigo procesos gentrificadores. ¿Es posible que haya desarrollo económico y crecimiento sin que haya procesos de desplazamiento? Sí, sí es posible, cuando reconocemos, primero que nada, que la gentrificación no es inevitable y que no es algo que tiene que suceder para traer mejoras a la ciudad. Se puede evitar con política pública que prevenga esos procesos de desplazamiento y que apoye a la gente que vive, que tiene un comercio o un negocio a que se queden ahí” – complementó Graciela Carrillo.

Desde la experiencia de la comunidad, Jonathan Martín Aguilar, presidente del Comité Vecinal del Fraccionamiento Las Américas, agregó que la visión positiva de la gentrificación también es un problema derivado de perspectivas y de escalas: 

“Cuando hablamos de gentrificación escuchamos que trae progreso, que mejora la seguridad, que impulsa la economía y que eleva la plusvalía, pero esto es si sólo lo vemos desde arriba, desde la inversión. Cuando lo vemos desde un fraccionamiento y la vida diaria de los vecinos, la historia cambia. Las familias que rentan, los adultos mayores con ingresos fijos, los jóvenes que buscan independizarse, incluso propietarios que compraron hace años su primera casa, ahora sienten que los costos alrededor de su propia vivienda empezaron a subir más rápido que sus ingresos. Ese progreso se convierte en presión y no estamos hablando de un desplazamiento violento como en otras ciudades del mundo, pero sí hablamos de un desplazamiento silencioso”. 

 

 

Un manifiesto para la Mérida del mañana

Ante las adversidades que enfrenta hoy Mérida, en el conversatorio se abordaron soluciones y alternativas para prevenir, combatir y revertir los efectos del fenómeno de gentrificación, tales como la creación de polígonos de actuación en programas de desarrollo urbano; la generación de polígonos de amortiguamiento para comunidades originarias —como el caso de Santa Gertrudis Copó—; el establecimiento de mecanismos de gestión en el aprovechamiento del suelo como los controles de renta, los reglamentos para inquilinatos y la regulación de Airbnb; así como el involucramiento ciudadano para la exigencia de los derechos humanos y a la ciudad, que permitan posicionar la gentrificación como un asunto público dentro de las agendas gubernamentales. 

Como parte de las aportaciones finales del conversatorio, los panelistas del segundo bloque expresaron sus reflexiones sobre el tipo de ciudad que imaginan y que les gustaría que fuera Mérida.

“Busco que Mérida sea una ciudad moderna funcional, segura, bonita, limpia, entre muchos calificativos, pero sí hay que entender que esta modernidad y funcionalidad debe ser para todos los que habitamos en ella y no sólo para un sector en específico. Las ciudades no se construyen solas, se construyen con decisiones y cada ley, reglamento, permiso, o proyecto puede acercarnos a una ciudad incluyente o una ciudad excluyente” – Jonathan Aguilar.

“La Mérida del futuro para mí es una con acceso a oportunidades para todos y con participación ciudadana de abajo hacia arriba, como debe ser. En la medida en la que haya un entendimiento entre la forma en la que se planea la ciudad y el transporte público, para que haya un mayor acceso a oportunidades, vamos a tener una ciudad maravillosa, porque todas las personas van a poder tener cerca condiciones para el crecimiento económico, social, educativo, cultural, en todo” – Graciela Carrillo.

“Parte impactada de toda esta transformación, también se integra de una población que no es humana, estamos hablando del área vegetal y de los animales que están siendo desplazados, pero que también conforman el territorio. Me gustaría que Mérida fuera inclusiva y justa en ese sentido, que no nos paráramos con una cuestión solamente de sociedad, sino que pudiéramos transitar hacia un desarrollo que tomara en cuenta este contexto en el que vivimos y que hace de la península, y en particular del municipio, lo que es” – Héctor Becerril.

 

La participación ciudadana: central, estratégica y necesaria

En las conclusiones finales, el maestro David Montañez Rufino, director de MetrópoliMid, manifestó que definir qué tipo de ciudad queremos no es de fácil respuesta y acción, puesto que los diversos actores que intervienen en los procesos de construir ciudad, como es natural y esperado, contarán con diferentes perspectivas y expectativas. “No significa que alguien esté bien o mal, sino que nos habla del reto que es ponernos de acuerdo como sociedad para poder incidir en políticas públicas; con las autoridades, que también son personas”.

El maestro culminó enfatizando la importancia de la participación ciudadana como eje estratégico y necesario para transformar las condiciones urbanas actuales.

“El involucramiento ciudadano en la exigencia de los derechos humanos y a la ciudad es central para contribuir a reducir el impacto negativo de estos fenómenos. Es de suma importancia articular —desde la sociedad civil— una visión compartida de la ciudad que queremos, para así lograr posicionar en la agenda pública lo que realmente es importante para la población, y presionar para que eso se refleje en los presupuestos, reglamentos, proyectos y políticas públicas”. 

 

 

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Karen Daniela May Puerto
Jefa de Gestión de Contenidos y Comunidad en MetrópoliMid. Estudiante de décimo semestre de la licenciatura en Diseño del Hábitat.

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