Un árbol es como una mascota, se convierte en parte importante de la vida de quien lo siembra, así tiene que ser; bajo esa premisa se puede entender qué es lo que se necesita para que una planta florezca, crezca y perdure. “Es como un perro, como un gato, es tener un nuevo miembro en la familia”, expresa el profesor Alberto Casanova Martínez, fundador y propietario del vivero forestal México Primero S de S.S.

De forma tajante, el especialista en la siembra y reproducción de la flora indica que no hay pretextos para olvidar reforestar Mérida; para poner más verde a Yucatán. Pues, aun cuando el suelo estatal es pedregoso y el clima es de temperatura elevadas, las especies se adaptan a estas condiciones. “El calor no es impedimento porque ni el fuego acaba completamente con un árbol; una planta que se quema, vuelve a florecer cuando caen las lluvias”, agrega.

Para Casanova Martínez es indispensable que los vecinos de la Zona Metropolitana, comprendan que un árbol “paga” por su cuidado. Ya que toda la dedicación en la adecuación del espacio para plantarlo, en su riego, se verá recompensada con sus frutos, con su sombra, con el oxígeno, con el refrescamiento del ambiente, con pájaros y fauna diversa.

Cooperación y sanciones

En específico para Mérida, el profesor señala que es importante que el Ayuntamiento haga valer su papel de autoridad en el tema ambiental, pues se ha permitido la construcción de fraccionamientos de más de cinco mil casas en los que sólo se plantan unos cuantos árboles, en ocasiones apenas 15. “Parece que hay temor en imponer las multas correspondientes o hacer que se respeten, pues los constructores siembran determinada cantidad nada más para cumplir; pues 10 o 15 plantas son insuficientes para una zona habitacional extensa.”

Los espacios tampoco son pretexto, advierte, ni la especie, pues la clave está en la profundidad de las pocetas. Deben ser de al menos 30 centímetros; de esa manera las raíces se irán a lo profundo, no levantarán pisos, no destruirán paredes, no afectarán. “Los injertos son adecuados para las casas en fraccionamientos. Pueden ser de naranja, de limón, con uno que tengan notarán la diferencia en el ambiente, pero si plantan dos tendrán mayores beneficios”, apunta.

Para disfrutar de una buena sombra recomienda los ficus. Y ya en terrenos amplios se pueden contemplar especies propias de la región, como el ramón, el ciricote e incluso el pich, el “árbol gigante de Yucatán.”

Educación y cultura

Con cinco viveros en el Estado, uno en cada zona territorial, Alberto Casanova sigue firme en su meta de hacer oficial en las escuelas el programa “Sembrar para Educar”, con el que niños de tercero a sexto de primaria adoptarían dos plantas y con ello se generarían 300 mil árboles para reforestar. El padrón escolar de primaria es de 150 mil niñas y niños, si los motivamos a hacerse responsables, a cuidar los árboles en espera de sus beneficios, estaremos cambiando la cultura y tendremos generaciones que se preocupen y valoren las bondades naturales.

Aunque sus viveros se encuentran en Tzucacab, Cuncunul, Motul Yaxcopoil y Halachó; su trabajo ambiental ya impactó a la Zona Metropolitana, pues en 2017 sembró 9 mil árboles en avenidas de Ciudad Caucel. “Afortunadamente el Ayuntamiento instaló un sistema de riego y el 90% de ellos floreció y hoy ya están dando frutos”. Próximamente sembrará 36 mil ramones en diversos municipios de Yucatán.

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