La pandemia del COVID-19 y el confinamiento que se impuso, generaron situaciones inéditas en todos los campos de la vida social. En relación al uso de los espacios habitacionales, las dificultades derivadas del trabajo y la escuela en casa, así como el incremento de labores domésticas; pusieron de manifiesto las proble- máticas habitacionales que tienen los diferentes sectores de población. A estas dificultades, se sumaron las carencias históricas que viven los sectores más empobrecidos de la población: la falta de servicios y el hacinamiento; que durante la pandemia se exacerbaron. El Gobierno de Yucatán, recién iniciado el confinamiento (6 de abril), puso en marcha el Programa de apoyo a la adquisición de vivienda nueva que implementó con una agrupación empresarial de vivienda.
 

En las últimas décadas, el país ha tenido logros importantes en mejora de la vivienda, tales como el uso de materiales imperecederos en muros, techos y pisos, y el servicio de electricidad que, salvo excepciones, cubre prácticamente el 100% de las unidades habitacionales. Sin embargo, prevalecen algunas condiciones habitacionales que han hecho muy difícil acatar la disposición “quédate en casa”, y seguir las medidas de higiene necesarias para evitar contagios. En este artículo nos enfoca- remos en tres problemáticas: la disponibilidad de agua entubada, el acceso a internet y el hacinamiento en la vivienda de la Zona Metropolitana de Mérida (ZMM).

 

Los datos de INEGI muestran que prácticamente todas las viviendas de la ZMM cuentan con agua potable (96% el municipio que menos tiene que es Ucú, y 99.6% el que más, Conkal). Otra fuente (ENIGH 2018) indica que, en Yucatán, dos de cada 10 unidades no cuentan con la tubería para llevar el líquido al baño y a la cocina. El agua llega a la entrada del terreno, de allí tiene que ser llevada mediante mangueras o cubos hasta donde se va a utilizar. Esta información fue corroborada con un estudio etnográfico realizado en colonias populares de la zona. El estudio realizado en el Cinvestav-Mérida arroja que el 20% de predios sin agua entubada se eleva a 36.9% en comunidades más alejadas de la capital yucateca. La falta de agua en baños y cocina dificulta el lavado de manos y el aseo personal, de trastos y de ropa.

 

 

 

Se considera que se vive en hacinamiento, cuando las viviendas cuentan con un dormitorio y son habitadas por tres y más personas. En la ZMM, 16.3% de las unidades habitadas tienen la problemática de hacinamiento. En casos extremos como en Umán, alcanza 59.7% de las viviendas particulares habitadas. La intensa convivenciadetodoslosresidentes,sinsalirde casa, en espacios reducidos e intentando realizar diferentes actividades, conlleva a conflictos y violencia.

5 de cada 10 viviendas del municipio de Mérida cuentan con servicio de internet, en Progreso 4, en Conkal, Kanasín y Umán 2 de cada 10 casas tienen internet, y en Ucú menos de 1. Esta situación ha puesto en desventaja a la mayoría de los estudiantes de todos los niveles escolares para continuar con los programas educativos que se implementaron en línea. También, una buena cantidad de empleados quedaron en desventaja para trabajar en casa. Sumado a lo anterior, la población sin internet no cuenta con el mismo nivel de información que aquellos que sí cuentan con el servicio.

Para enfrentar los efectos negativos del confinamiento, el Gobiernos de Yucatán puso en marcha diversas disposiciones e instrumentos. De acuerdo a investigadores del CIDE, los programas del gobierno de Yucatán fueron los más numerosos del país. Instrumentos que se centraron en apoyos financieros, económicos y alimenticios para sobrellevar la crisis generada por la pandemia. En cuestión de vivienda, el Gobierno del Estado implementó el Programa de apoyo a la vivienda social que consiste en un apoyo de 47,000 pesos para adquirir una vivienda nueva con un costo no mayor a 417,000 pesos. Para hacerse acreedor de este apoyo, entre otros requisitos, se encuentra que la vivienda haya sido producida por un miembro del organismo empresarial CANADEVI. En la publicación del programa, en diferentes medios de comunicación, claramente se expuso que el Programa tiene el propósito de activar la producción de vivienda, es decir, el programa es de orden económico más que social. No está entre los objetivos mejorar las condiciones habitacionales.

La respuesta oficial en relación a las condiciones de habitabilidad de la ZMM, y sobre todo para que la población esté en condiciones de observar las disposiciones sanitarias para conservar su salud y la de la comunidad, y al mismo tiempo seguir con actividades educativas y laborales; ha sido prácticamente nula. Hay una política financiera en este sector, pero no existe una política social.

 

Acciones que tendrían que implementarse de manera urgente para tiempos sin COVID-19, y de modo apremiante en tiempos de pandemia son: programas de ampliaciones de vivienda para aquellas familias que viven en hacinamiento; obras necesarias para llevar el agua entubada a baño y cocina –o lo más cercano a los espacios con estas funciones en aquellas viviendas que carecen de dichas instalaciones– y; realizar convenios con las compañías de internet para que los habitantes de la ZMM y de todo Yucatán, tengan acceso a este servicio.

Estas son acciones inaplazables para contrarrestar los riesgos a la salud física y mental, y para no quedar excluido de circuitos educativos, laborales y de información.

 

Susana Pérez Medina

Susana Pérez Medina

Doctora en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabaja en el Departamento de Ecología Humana de Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, Unidad Mérida.

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