Más allá de la gentrificación: Mérida en la ruta del capitalismo financiero

La assetización de la vivienda y el surgimiento de un nuevo mercado inmobiliario

 

En Mérida se habla mucho de la gentrificación y de la turistificación. Sin embargo, ambos fenómenos son apenas la manifestación visible de un cambio más profundo: la creciente transformación de la vivienda en un activo financiero.

Desde una perspectiva económica, la vivienda siempre ha tenido una doble naturaleza. Por un lado, es un bien que satisface una necesidad básica: proporcionar un hogar. Por otro lado, constituye una forma de patrimonio y ahorro para las familias. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado fuerza una tercera dimensión: la vivienda como activo financiero.

La existencia de patrimonio asociado a la vivienda no es algo nuevo. Lo novedoso es que la dimensión financiera ha adquirido una importancia creciente. La vivienda ya no es valorada únicamente por su función residencial o por representar un ahorro familiar, sino también por su capacidad para generar rentas y ganancias de capital.

Este cambio forma parte de una transformación más amplia. Desde finales del siglo XX, el capitalismo ha entrado en una etapa caracterizada por la creciente importancia de las finanzas. Una parte cada vez mayor de la acumulación de riqueza ya no proviene de la producción de bienes y servicios, sino de la valorización de activos. A este proceso se le conoce como financiarización.

La financiarización ha penetrado en ámbitos que durante mucho tiempo estuvieron asociados principalmente a derechos y necesidades básicas. Las pensiones, la educación y la salud son algunos ejemplos. La vivienda es uno de los casos más recientes. En la búsqueda constante de nuevas oportunidades de rentabilidad, el capitalismo financiero ha ido incorporando progresivamente aspectos cada vez más amplios de la vida cotidiana a la lógica de los activos y de los mercados financieros.

 

 

Este proceso, conocido en la literatura internacional como assetización (assetization), describe la creciente transformación de bienes y servicios en activos capaces de generar rentas y ganancias de capital. En el caso de la vivienda, la assetización implica que las casas dejan de ser valoradas únicamente por su función como hogar y adquieren una importancia creciente como instrumentos de inversión.

En otras palabras, junto al mercado tradicional de vivienda ha surgido otro mercado. No se trata solamente de comprar y vender casas para habitarlas, sino de adquirir activos inmobiliarios capaces de generar rendimientos futuros. Quien compra una vivienda bajo esta lógica no necesariamente busca vivir en ella, busca preservar e incrementar su patrimonio.

Desde luego, las viviendas siempre se han comprado y vendido, y muchas familias las han considerado una inversión. La diferencia es que, durante mucho tiempo, la demanda estuvo dominada principalmente por quienes buscaban un lugar para vivir y estaba estrechamente vinculada a las condiciones económicas locales. Hoy, en cambio, las viviendas participan en un mercado mucho más amplio, impulsado por inversionistas, expectativas de rentabilidad y flujos de capital que trascienden las fronteras de una ciudad.

Las nuevas tecnologías y plataformas digitales han ampliado enormemente las posibilidades de este nuevo mercado. Airbnb es quizás el ejemplo más visible. Una vivienda puede funcionar ahora como un pequeño hotel y ofrecer rendimientos comparables a otras alternativas de inversión. En consecuencia, las ciudades comienzan a competir por atraer capitales que buscan activos rentables, y las viviendas dejan de depender exclusivamente de la capacidad de compra de sus habitantes.

Por ello, el precio de las viviendas ya no refleja únicamente los ingresos y necesidades de la población local, sino también las expectativas de rentabilidad de inversionistas y mercados cada vez más integrados a escala global.

La discusión sobre la vivienda ya no puede reducirse únicamente a la gentrificación o al turismo. Ambos fenómenos son, en realidad, expresiones visibles de una transformación más profunda: la creciente incorporación de las ciudades a la lógica del capitalismo financiero. 

Comprender estos procesos es fundamental, porque cuando uno de los aspectos más básicos de la vida, como la vivienda, se integra crecientemente a las dinámicas del capitalismo financiero, el desafío para las políticas públicas consiste en construir ciudades más justas, donde el derecho a la vivienda sea una posibilidad real para quienes viven y trabajan en ellas.

 

 

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Felipe Alonzo Solís
Doctor en Economía. Profesor en la UADY e investigador en desarrollo territorial y políticas públicas. Presidente del Colegio de Maestros en Administración y Políticas Públicas del Sureste.