La complejidad y el sapere aude

Feb 8, 2024 | Artículos, Zona Urbana

A partir de los años setenta, en gran parte del mundo occidental se popularizó el discurso de lo complejo, en oposición a las posturas simplificadoras del pensamiento humano que habían predominado desde la revolución industrial. 

Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés, fue quien, a partir de la cibernética, la teoría de sistemas y la teoría de la información, propuso la epistemología de la complejidad, la cual “busca dar razón del universo como un todo, más allá de la simple suma de sus partes, y de cómo sus componentes se unen para producir nuevas formas” (Cárdenas et al. 2004. pág. 133).

Esta afirmación parece ir contracorriente, cuando la impronta desarrollista de los últimos siglos ha enfatizado la necesidad de un orden basado en el análisis de los componentes del todo, hasta llevarlo a su simplicidad. Numerosas teorías en diversas disciplinas han fundamentado sus posturas epistemológicas en el estudio de las particularidades, incluso de sus interacciones entre sí, bajo una óptica analítica que soslaya la síntesis integradora.

Educación especializada en la productividad 

La ausencia de la complejidad fue parte de una imposición hegemónica que permeó desde la industria hacia la educación, en un intento por especializar la formación humana en busca de una mayor productividad.

Lo anterior supuso llegar a una concepción de la educación como una mercancía más, cuyo resultado impacta directamente en las utilidades del mercado, por lo que la realidad educativa se encontró inmersa en los  lineamientos establecidos en el escenario económico que pretenden la creación de profesionales idóneos a las  exigencias del mercado.  

En la mayor parte de los sistemas educativos se incluyó la necesidad de profundizar en el conocimiento, sin reflexionar sobre su contexto de aplicación, desprovisto de interacciones, aislado y muchas veces carente de sentido.

“Hasta la época de la Ilustración era posible que un intelectual fuera capaz de hacer grandes contribuciones en diferentes áreas del saber. Pero a medida que se buscaba entender con mayor profundidad el mundo natural y que se creaban técnicas y metodologías cada vez más precisas, la realidad se fue dividiendo en segmentos más pequeños. La misión de los investigadores se transforma, entonces, en la reducción del universo a sus componentes mínimos” (Cárdenas et al. 2004. pág. 135).

La complejidad y el sapere aude

Profesiones cada vez más especializadas 

Hasta el Renacimiento era común que, quienes destacaban por sus conocimientos, adquirieran reconocimiento público por sus saberes en diversas disciplinas, como René Descartes, filósofo, matemático y físico; o, quizá el más diverso de todos, Leonardo da Vinci, quien fue botánico, anatomista, arquitecto, pintor, poeta, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico y urbanista.

Hoy, tal hazaña es prácticamente imposible. Las profesiones liberales se han especializado cada vez más y no es extraño encontrarse a profesionistas que hacen licenciatura, especialidad, maestría e incluso doctorado en una misma disciplina. Tal parece ser la norma académica y económicamente establecida.

Sin embargo, tal y como Morin señala, el ser humano es complejo y “el conocimiento debe enfrentar la complejidad… hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el sicológico [sic], el afectivo, el mitológico) y que existe un tejido interdependiente, interactivo e interretroactivo entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y el todo, el todo y las partes, las partes entre ellas. Por esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad” (Morin, 1999, pág. 17).    

La complejidad y el sapere aude

Una visión limitada: el riesgo de carecer de formación diversa

La falta de una formación diversa puede generar una visión limitada del contexto, incluso aunque se tengan los más altos niveles educativos. Morín señala que “la educación debe promover una inteligencia general apta para referirse, de manera multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción global” (Morin, 1999, pág. 17).    

La disyuntiva es si el individuo será capaz de salir de su caverna o permanecerá en ella. Sapere Aude es una expresión clásica que utilizó Immanuel Kant a finales del siglo XVIII en su ensayo ¿Qué es la Ilustración?, y que significa atrévete a saber o a tener juicio. 

Los estudiantes universitarios asumen los requerimientos de la industria, en muchas ocasiones sin cuestionarlas, pero ¿hasta dónde una formación altamente especializada garantizará la permanencia del profesional en un mercado laboral cambiante? y ¿cuál es la responsabilidad de la industria con estos profesionales que hoy se especializan en esquemas laborales particularizados y efímeros? Estas interrogantes plantean la necesidad de cuestionar si el individuo debe seguir buscando su especialización, o replantearse una postura de formación más general.

Ir contracorriente parece no ser una vía fácil, quizá el sapere aude que planteaba Kant se pudiera reproducir 200 años después, en un contexto diferente, pero con el mismo objetivo liberador del hombre. 

En conclusión, una cosa parece cierta: de acuerdo con los postulados de Morin, el ser humano es complejo y su realidad es una expresión de esta complejidad, lo cual induce a la necesidad de proveerle de una mayor diversidad de conocimientos que le permitan encontrar un sentido más amplio de su existencia, en cuyo caso esta manifestación de libertad debe partir de él mismo.   

La complejidad y el sapere aude

«Los estudiantes universitarios asumen los requerimientos de la industria, en muchas ocasiones sin cuestionarlas, pero ¿hasta dónde una formación altamente especializada garantizará la permanencia del profesional en un mercado laboral cambiante? y ¿cuál es la responsabilidad de la industria con estos profesionales que hoy se especializan en esquemas laborales particularizados y efímeros?».

Referencias

Cárdenas M., Rivera J. (2004) La teoría de la complejidad y su influencia en la escuela. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, núm. 9, enero-diciembre, pp. 131-141 Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela

Morin, E. (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Santillana, UNESCO.

Luis Alberto García Domínguez
Licenciado en Derecho con especialidad en docencia; Maestro en Desarrollo Organizacional, en Desarrollo Regional y en Neuropsicología Clínica; Doctor en Desarrollo Regional. Adscrito a la Escuela de Negocios de la Universidad Modelo.

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