La crisis sanitaria del COVID-19 y las disposiciones implementadas a nivel global afectaron directamente la movilidad de las personas, en todas las escalas: internacional, regional y local. Mérida no fue la excepción, con el “quédate en casa” y el paro de actividades se forzó al confinamiento. La movilidad y la asistencia a espacios públicos resultaron ser los dos principales factores para la propagación del virus.

Otra situación que develó con crudeza la pandemia del coronavirus es que la organización social y la participación ciudadana son elementales para afrontar crisis como la que estamos viviendo. El intercambio de información, la distribución de apoyos, la unificación de las demandas y propuestas; hubieran sido más efectivas si la población estuviera organizada por unidades territoriales. Las formas de las ciudades y particularmente la presencia de espacios públicos de calidad pueden coadyuvar a esta organización ciudadana.

Clasificamos los espacios públicos en aquellos que sirven de asiento, tales como los parques recreativos y los que contienen flujos (de peatones, vehículos y mercancías). En este artículo nos centraremos en el espacio público de flujos. En la ciudad de Mérida, prácticamente todas las vías de circulación son mixtas. Sin embargo, hay calles que tienden a tener pocos peatones y mucha circulación vehicular, es el caso de avenidas; en otras, confluyen una gran cantidad de peatones, el caso más representativo es el centro histórico de la ciudad.


El término espacios públicos involucra tanto las características físicas como las sociales. Entre las físicas se encuentran las dimensiones, las formas (si son abiertos o cerrados) y los diferentes elementos presentes (árboles, bancas, fuentes, calles). Las cualidades sociales se refieren a los sectores de población que los frecuentan, a las actividades que en ellos se realizan, y a los conflictos surgidos de su apropiación.

 

Los espacios públicos más valorados y pretendidos por planificadores y urbanistas son aquellos que procuran mayor heterogeneidad social y funcional; mezcla de actividades y de grupos sociales. La presencia de estos lugares es significativa no sólo para mejorar la distribución urbana, sino para crear espacios donde la población confluya y tenga contacto visual cotidiano que es uno de los primeros pasos para la creación de relaciones sociales que construyen comunidades. Se genera la pedagogía de la tolerancia.

El centro histórico de la ciudad, incluidos sus espacios públicos, al mismo tiempo que representa la zona de mayor riqueza simbólica, económica y social; también es la más conflictiva debido al número de sujetes que intervienen y los intereses individuales y de grupo que en ellos convergen. Por ejemplo, las disputas que se generan entre el comercio de la calle y el establecido, entre peatones y vehículos, entre los restaurantes con mesas en las calles y los viandantes.

 
 
 

 

 

La crisis sanitaria del COVID-19 impactó de manera directa los espacios públicos del centro histórico de Mérida. El caso más representativo es que de las 119 pruebas de COVID-19 que aplicaron a los locatarios de los mercados Lucas de Gálvez y San Benito, 47 salieron positivas. Difícilmente sabremos cuantos contagios de la población yucateca fueron en el centro de Mérida.

La zona central se vio afectada porque es el principal punto de transbordo del transporte público que utiliza la mitad de la población de la Zona Metropolitana de Mérida (ZMM). En segundo término porque es el único centro de abasto de bienes y servicios de la mayoría de la población de Yucatán, de todos aquellos que no cuentan con equipamientos cercanos a sus viviendas. Además, porque los usuarios de la zona es aquel sector de población que no puede tener el privilegio de quedarse en casa, ya sea porque labora en actividades esenciales (50.2% de la población ocupada de la ZMM, de acuerdo al Censo Económico 2019) o porque trabaja en la informalidad (24.7% de la ciudad de Mérida de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo). Sólo cuando el paro de actividades también redujo la demanda de los servicios ofrecidos por personas autoempleadas, se quedaron en casa. Por último, el centro de la ciudad es un espacio público de riesgo ante la pandemia por las estrechas aceras para el flujo de transeúntes, y que además, están ocupadas por puestos de ambulantes y por filas de personas en espera de autobuses; situación que hacen imposible conservar la sana distancia.

La respuesta del Ayuntamiento en la salida del confinamiento no es digna de la mejor ciudad para vivir: flechas para indicar el sentido de circulación en las aceras. Disposición que no contribuye en nada a mantener la distancia y evitar contagios masivos. Sale sobrando, dado que los peatones siempre han seguido esas direcciones al caminar en las aceras, desde antes de la pandemia. Una solución inmediata y de muy bajo costo que ayudaría a mantener la sana distancia, es aumentar el área de circulación peatonal restándosela a la vehicular, utilizando pintura y señalización.

“De las 119 pruebas de COVID-19 que  aplicaron a los locatarios de los mercados Lucas de Gálvez y San Benito, 47 salieron positivas”.

 

La pandemia puso de manifiesto un problema añejo: la hiperfuncionalidad del centro de Mérida. Es preciso una descentralización funcional a fin de aminorar el estrés y el conflicto que se genera entre los diferentes actores del espacio público de una de las zonas más importantes de la ciudad. Esto sería conduciendo la localización equipamientos y servicios en zonas bien establecidas a fin de crear nuevos centros de confluencia. Para lo cual es primordial una reestructuración del transporte público y de la movilidad en general.

La generación de lugares que atraigan población, en un radio de escala distrital, para abastecerse de bienes y servicios; ha sido planteada en todos los Programas de Desarrollo Urbano y nunca llevada a cabo. La presencia de nuevos espacios públicos de asiento y de flujos, con heterogeneidad social y funcional ayudaría a aminorar el riesgo de contagio masivo de COVID-19 y de futuros virus, en el centro de la ciudad y en las nuevas zonas de confluencia. El espacio público también sería factor detonante de la cohesión social y organización ciudadana, que son fundamentales en períodos de crisis como el que estamos viviendo.

Susana Pérez Medina

Susana Pérez Medina

Doctora en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabaja en el Departamento de Ecología Humana de Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, Unidad Mérida.

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