RESILIENCIA: palabra toral en estos tiempos, palabra que abarca muchas aristas y que tocaré en este artículo correspondiente a la Revista MetrópoliMid número 20. 
 

¿Cómo se define? 

La palabra resiliencia deriva del latín «resilere» que significa volver atrás, a la posición original, resaltar y rebotar(1), por lo que podríamos definirla como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ella. 

Este concepto tiene su origen en la física, explicándolo de la siguiente manera: un material que regresa a su estado original después de haberse sometido a algún tipo de fuerza que la deformó.

Este término comenzó a ser utilizado en la psicología hace aproximadamente cincuenta años, esto es, durante los años setentas del siglo XX, en donde algunos investigadores como Rutter y Cyrulnick basados en el concepto que se tenía de la física, lo utilizaron para “describir algunas habilidades de las personas para aceptar sucesos trágicos en sus vidas, logrando enfrentar a la realidad y haciéndole frente a la adversidad, recuperando su vida y superando las consecuencias que los sucesos negativos hayan dejado”. 

Hasta el día de hoy, continúa el debate sobre si la resiliencia es una habilidad o un proceso de adaptación positiva en diversos entornos, en lugar de una característica de estabilidad.

 
 

 

 

 

¿Cuántos tipos de resiliencia existen?

El listado es largo, pudiendo mencionar la resiliencia psicológica, la emocional, la corporal, comunitaria, la resiliencia individual, la colectiva, la social, la organizacional y la urbana. En estos momentos de pandemia, donde una de las palabras más buscadas en internet es ansiedad, el tema de resiliencia individual y urbana (una ciudad, un asentamiento humano) resultan torales. 

Las preguntas obligadas serían: ¿cualquier persona puede ser resiliente?, ¿cualquier ciudad puede ser resiliente? Comencemos con el primer cuestionamiento. La respuesta es sí: cualquier persona puede ser resiliente. Para ser resiliente no basta con quererlo, sino que hay que adoptar un compromiso con uno mismo. Es lo que se llama la voluntad del querer. No es posible ser una persona resiliente sin esfuerzo, motivación y determinación.

Les recomiendo un excelente libro llamado “Levantarse y luchar: cómo superar la adversidad con Resiliencia”, libro de la autoría de la doctora neuropsiquiatra Rafaela Santos, presidente del Instituto Español de Resiliencia, en la que nos explica detalladamente los seis pasos para convertirse en una persona resiliente. 

 

A decir de la doctora Santos, siguiendo estos seis pilares de la resiliencia, podrás convertirte en un ser resiliente, en una persona capaz de adaptarte con éxito a la adversidad. Salir del profundo dolor sólo es posible desde la fortaleza que te aporta la resiliencia.

¿Cualquier ciudad puede ser resiliente?

Comencemos por definir qué es una ciudad resiliente. La ONU HABITAT la define así: “Es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o lentos de origen, esperados o inesperados”.

Vivimos en un planeta donde los terremotos, los huracanes, las inundaciones, las sequías, son desgraciadamente cada vez más frecuentes. De ahí la importancia de la resiliencia urbana, como una forma de construir las ciudades que les permite prepararse, resistir y recuperarse de cualquiera amenaza natural.

Según datos oficiales de las Naciones Unidas, el 80% de las ciudades más grandes del mundo es vulnerable a los terremotos, el 60% corre el riesgo de marejadas o tsunamis, y todas enfrentan los nuevos impactos causados por el cambio climático. Ante estos números y este panorama, se hace urgente convertirnos en una ciudad resiliente. 

Pero: ¿Cómo convertir una ciudad en resiliente?

En su Programa de Perfiles de Ciudades Resilientes, las Naciones Unidas establecen unas pautas para que una urbe sea considerada como tal, en las que incluye, entre otras cosas, tareas esenciales para la conservación del hábitat natural, como la protección de los ecosistemas y barreras naturales o la revitalización de los ríos.

Es tal la importancia del concepto de resiliencia urbana, que la Fundación Rockefeller creó en el mes de diciembre de 2013 el programa de 100 Ciudades Resilientes (100 Resilient Cities) y que, a partir de febrero del 2020, cambió su nombre a Red Global de Ciudades Resilientes. De nuestro país, solamente pertenecen las ciudades de Guadalajara, Colima, Ciudad Juárez y la Ciudad de México.

La Red Global de Ciudades Resilientes no solo pretende colaborar con las ciudades de forma individual, sino que, a decir de la misma Red, también facilitar la creación de una práctica global de desarrollo de la resiliencia, que promueva la cooperación mediante el intercambio de buenas prácticas y experiencias.

Un dato final muy impactante. Según el Banco Mundial, un euro invertido en resiliencia, supone un ahorro de siete euros en respuesta de emergencia. ¿Le apostamos a una Mérida resiliente? 

Termino este escrito con una cita que aparece en el prólogo del libro citado de la doctora Santos: 

«Lo que te hace crecer como persona son las derrotas bien asumidas, aceptadas y configuradas por dentro en el mapa del mundo personal. (…) Nihil difficile volenti, nada es difícil, si hay voluntad. No hay obstáculo que no pueda ser vencido si la voluntad está fortalecida.»

 (1) Meneghel, Salanova, & Martínez, 2013.

Leticia Torres Mesías Estrada

Leticia Torres Mesías Estrada

Arquitecta por la Universidad Autónoma de Yucatán. Maestra en Administración Pública por la Universidad del Valle de México.

Es especialista en Planeación Estratégica Urbana y en Ciudades Seguras por el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano de Barcelona (CIDEU). Docente en la escuela de Arquitectura de la Universidad Modelo y Productora del programa del podcast de radio «Habitar y +».

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