En este número, abordaremos el tema de las energías renovables. Éstas han sido utilizadas desde hace siglos, pero, ahora, se hace relevante apostarles para ayudar a que el planeta no siga deteriorándose por efectos de los gases de efecto invernadero y otros contaminantes. Mencionaré en este escrito datos históricos y numeralia tomados de las páginas oficiales de Biodiversidad, Biointeligencia y Vivint Solar.

Comenzaría por enlistar cuáles son los principales problemas del medio ambiente, donde podríamos relacionar las cinco principales causas de la contaminación en nuestro planeta:

· Los pesticidas y productos químicos.
· La deforestación.
· Los desechos industriales y domésticos.
· Los combustibles fósiles.
· Los altos índices de producción de basura.

Hablar de energías renovables está relacionado directamente con el cuarto contaminante enlistado: los combustibles fósiles.

Por décadas hemos explotado para su utilización el carbón, el petróleo y el gas natural, entre otros, generando altos índices de contaminación, no solo en el aire, sino en los entornos en donde se extraen esos recursos. De ahí la importancia de las energías renovables: tienen como características principales que son fuentes de energía limpias, de ahí que se les conozca también con ese nombre.

Otras de sus características es que son inagotables y, lo más importante tal vez: no producen gases de efecto invernadero, que es el principal causante del cambio climático. Tampoco producen emisiones contaminantes. Vale la pena aclarar que ya estamos adoptando la expresión “crisis climática” en lugar de decir cambio climático, pues el cambio ya se dio y ahora estamos en crisis.

¿Sabías que en este momento de pandemia, al haber disminuido el tránsito vehicular y haber parado por un tiempo las industrias, dejamos de producir el volumen de CO2 que producíamos y, en consecuencia, el planeta comenzó a sanar y la capa de ozono comenzó a regenerarse? En interesante artículo publicado en la revista digital CONECTA, la doctora María del Carmen Hernández, profesora de biología y desarrollo sustentable del Tecnológico de Monterrey campus Estado de México habla sobre “los inesperados beneficios de la epidemia Covid-19 para el medio ambiente en el país”, señalando el contar ahora con un aire más limpio y la reducción en las emisiones de gases que contribuyen al cambio climático (crisis climática).

Relacionemos las nueve principales energías renovables: 

 

 

En este artículo me concentraré en las dos primeras: la eólica y la solar.

La energía eólica:

¿Sabías que hay registros de su uso desde el siglo XI? La forma más antigua de utilizar la energía eólica es a través de los molinos de agua. Se dice que a finales del siglo XI, y según el censo de la época, había más de 5,600 molinos de agua en Inglaterra.

En ese mismo siglo XI, en Francia, existían 20,000 molinos de agua; para el número de habitantes que tenía Francia, equivalía a un molino cada 250 habitantes. En los lugares donde escaseaba el agua se construían molinos de viento, siendo el registro más antiguo el construido en Yorkshire Inglaterra en el año 1185, esto es, en el siglo XII. En esos tiempos, los molinos de agua y de viento se usaban para moler grano, curtir, lavar, accionar fuelles de fraguas, crear pigmentos para pintar y prensar aceitunas. Específicamente, el molino de agua tenía como uso principal el abatanado para convertir la lana en tejido. En esta operación el molino sustituía a una cuadrilla de abatanadores.

Como verás, el uso de la energía eólica no es nada nuevo. En nuestro Yucatán, podríamos hablar de las veletas, cuya función en el siglo pasado y fines del antepasado era extraer agua de pozo para uso personal y agrícola. Aún podemos ver de manera escasa en nuestro paisaje yucateco, aclarando que algunas ya son solo como ornamenta o por algún recuerdo familiar, pues “el abuelo la usaba”.

La energía solar:

El uso de la energía solar se remonta a épocas más antiguas aún, hay registros de que la gente la ha usado desde el siglo VII A. de C. Los primeros usos de la energía solar incluían el enfocar la energía del sol a través de una lupa para encender fuegos para cocinar. Para el siglo III A. de C., los griegos y los romanos hacían unas especies de “espejos ardientes” para encender antorchas sagradas para ceremonias religiosas.

Podríamos hablar también de los llamados soláriums, que fueron inventados en la antigüedad para captar la energía solar por su calor natural. Eran salones que se construían orientados hacia el sur y que captaban y concentraban luz solar. Ese es el principio que utilizaban los baños romanos.

Haciendo a partir de aquí una línea del tiempo, en 1839, el físico francés Edmond Becquerel descubrió el efecto fotovoltaico al estar experimentando con una celda hecha de electrodos metálicos en una solución. Pero es hasta 1883 que el inventor americano Charles Fritz creó la primera celda solar de selenio funcional.

22 años después, Albert Einstein en 1905, publicó un artículo sobre el efecto fotoeléctrico y cómo es que la luz transporta energía, pero es hasta el año de 1952 que los Laboratorios Bell crearon las celdas solares utilizando silicio, como las que conocemos ahora.

Los paneles solares también se han utilizado en la era espacial. A finales de los años 50’s y durante los 60’s del siglo XX, se utilizaron paneles solares para energizar varias partes de los satélite Vanguard I, el Vanguard II, Explorer III, el Sputnik-3 para que en 1964, la NASA lanzara el satélite Nimbus, el primer satélite que dependió totalmente de paneles solares fotovoltaicos para su operación.

Muchos países nos llevan ventaja de décadas de haberle apostado a las energías limpias. En este artículo hemos visto que se utilizan desde hace siglos y hemos escrito sobre sus ventajas. Recordemos que el planeta tierra es el único que tenemos, cuidémoslo. De eso depende nuestra supervivencia y la de 1’666,576 especies existentes en el mundo.

Apostémosles a las energías renovables. El planeta y todos los que en él habitamos, lo vamos a agradecer.

 

 

Leticia Torres Mesías Estrada

Leticia Torres Mesías Estrada

Arquitecta por la Universidad Autónoma de Yucatán. Maestra en Administración Pública por la Universidad del Valle de México.

Es especialista en Planeación Estratégica Urbana y en Ciudades Seguras por el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano de Barcelona (CIDEU). Docente en la escuela de Arquitectura de la Universidad Modelo y Productora del programa del podcast de radio «Habitar y +».

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