A partir del 17 de marzo la forma de vida que teníamos cambió repentinamente y tuvimos que enfrentarnos a una realidad que muy poco podemos comprender en todas sus dimensiones e impactos. Uno de los temas prioritarios tiene que ver con el espacio público y su relación en las dinámicas sociales y económicas. Pero también implica comprender que el espacio público engloba todas las esferas para garantizar la plenitud en la vida de una persona y, sobre todo, para ofrecerle oportunidades de desarrollo desde una perspectiva democrática, sin distinción. Es decir, el espacio público es el lugar de y para todos. Por ello, deber ser el centro de cualquier visión y política pública. Porque hacer espacio público es hacer ciudad, y hacer ciudades debe de detener el principio fundamental de hacer mejores ciudadanos.

Desde este punto de partida, me voy a permitir reflexionar sobre la dimensión pública de la ciudad Post pandemia con respecto al espacio público para la movilidad. Este posicionamiento se motiva en que, ahora más que nunca, las debilidades, omisiones y carencias de la ciudad se han manifestado como un volcán en erupción. Y todo aquello que estaba en lista de espera, por cualquiera que hayan sido los motivos, ha quedado en evidencia, revelando la urgencia de actuar con visión estratégica.

El espacio público para la movilidad implica repensar las calles en el nuevo contexto de la pandemia y en la necesidad imperante de respetar la sana distancia, pero además se convierte en el área más importante para que las personas se puedan desplazar. Por lo tanto, ¿cómo se puede garantizar que las personas utilicen las calles para desplazarse de forma segura bajo las nuevas condiciones que nos obliga la pandemia?

En este sentido, la calle se debe de repensar para ir mucho más allá de ser meramente el espacio por donde transitan los vehículos. La calle ya no puede verse como la oportunidad para el ejercicio de los recursos públicos a través de acciones de repavimentación y bacheo y que con estas iniciativas se nos quiera ofrecer la idea de que se cumple con las necesidades de la población. Porque desde este sentido, únicamente se atiende a los requerimientos de las personas que quieren proteger su automóvil, lo cual es muy válido, pero la esfera del interés público implica tener una visión integral sobre la dimensión democrática y social de la calle.

Es así, que la calle también es la gran articuladora para que el sistema de transporte público cumpla con su función de manera eficiente. Y me permito aclarar que, para esta reflexión, el transporte público no es el objeto de interés, sin embargo, para cumplir con las necesidades de la población, se requiere evidentemente de la estructura urbana, la cual está conformada por un sistema vial, que debería responder a una jerarquización de las calles para poder determinar el tipo de movilidad que se puede desarrollar a lo largo de cada una de ellas.

Entonces, cuando imaginamos que la calle representa la gran red urbana por donde nos podemos desplazar y que debería responder a una lógica regida por el orden, la jerarquía y el principio de conectividad, es que podemos visualizar el gran poder que está depositado en cada km de asfalto. Desde esta perspectiva, el Municipio de Mérida es el promotor inmobiliario más poderoso del Estado, simplemente por tener bajo su dominio la mayor cantidad de km dotados de infraestructura que le da servicio a la población.

Como consecuencia, toda esta área asfaltada debería concebirse como la gran oportunidad para repensar la dimensión pública de la calle. Y a partir del reconocimiento de la jerarquía vial, tanto por las dimensiones de las vialidades como por su presencia y grado de conectividad en la ciudad, es que se debería de proponer esquemas de movilidad alternativos, que complementen al transporte público y faciliten los desplazamientos de las personas dentro del nuevo contexto de la pandemia.

Los peatones y los ciclistas son, por tanto, los ejes centrales para comprender qué tipo de calle necesitamos y qué les hace falta a las nuestras para poder incorporar a estos usuarios de forma exitosa. ¿Qué pasaría si en vez de repavimentar calles, se les preguntará a estos usuarios cómo se quisieran sentir cada vez que las utilicen? Y a partir de sus respuestas, se rediseñen las calles. Toda vez que la repavimentación, como mencionamos al principio, da cuenta a las necesidades de los automovilistas, pero desconocen el interés del peatón y del ciclista.

La pandemia nos debe de dejar alguna, si no es que muchas enseñanzas. Y para esta reflexión, las calles tienen el poder de cambiar la experiencia urbana. A mí, por ejemplo, en esta temporada de pandemia, me encantaría poder caminar por calles arboladas y coloridas, llenas de flores y de aromas, con suficiente espacio para sentirme protegida del flujo vehicular y respetando la sana distancia entre las personas. Caminar hasta cansarme y poder sentarme en alguna banca mientras observo a cualquier cantidad de gente desplazándose en bicicleta o caminando. Ya sea haciendo ejercicio o paseando a sus hijos y mascotas. Me encantaría que la calle sea tan hermosa y placentera, que salir a caminarla ya sea en sí mismo, el paseo más lindo que pudiera hacer en mi maravillosa Mérida. Me gustaría caminar por una calle que me permita despejar la mente, reflexionar y encontrar motivos de inspiración mientras la recorro. Quiero enseñarle a mi hijo lo bella que es Mérida mientras caminamos por la calle, para que él a su vez, llegado el momento, haga lo mismo con el suyo.

El gran desafío, por tanto, queda en subrayar la dimensión pública de la ciudad, para garantizar el principio del Derecho a la Ciudad por encima del interés privado. Y a ti, ¿qué te gustaría sentir cuando camines por una calle de Mérida?

¿Qué te gustaría sentir cuando camines por una calle de Mérida?, A mí, por ejemplo, en esta temporada de pandemia, me encantaría poder caminar por calles arboladas y con suficiente espacio para sentirme protegida del flujo vehicular y respetando la sana distancia.

Yolanda Fernández Martínez

Yolanda Fernández Martínez

Doctora en Arquitectura, investigadora y docente en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Directora de Desarrollo Urbano en el Ayuntamiento de Mérida del 2010 al 2012. Directora del programa de radio “Habitar y +”, acerca de temáticas relevantes en arquitectura y vivienda de Mérida, así como del resto del mundo.

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