Mérida debe ir más allá de ser una buena ciudad para vivir. Ésta debe reconocerse como una metrópoli que otorgue calidad de vida para quienes la habitan. Por ello, al iniciar el 2020 sería deseable que se desarrollan algunas acciones para replantear a Mérida más allá de la ciudad segura que hoy presume ser.

Fernando Alcocer Ávila, especialista en diseño urbano y planeación, recalca que en la capital de Yucatán no hay una directriz de cómo crecer y no hay una visión administrativa de cómo debe ser la expansión de la ciudad. “Mérida no es la excepción de lo que ocurre en muchas ciudades del país, pues su crecimiento es descontrolado al igual que en otros puntos de la geografía mexicana. No hay un camino establecido con directrices claras de hacía donde debe ir”, apunta.

Desde esa perspectiva, el arquitecto expone que no hay un diseño urbano en la metrópoli que permita la movilidad. Por lo que ese sería un segundo paso deseable para reorientar la expansión urbana. Se debe identificar a la capital de Yucatán como una verdadera ciudad para quienes la viven y no para quienes la explotan.

Así, el tercer objetivo que debe cumplirse con- siste en permitir nuevos y adecuados usos de suelo. “Hay una desconexión absoluta entre los sectores de la ciudad, no hay un reconocimiento de sus centros urbanos, las vialidades no están debidamente jerarquizadas, no se aprovechan ni se atienden esos puntos en los que la gente se concentra”, explica Alcocer Ávila.

Agrega que no se ha llegado alguna vez a una planeación integral e incluyente, “no se sabe ni siquiera qué tipo de ciudad somos”. Por lo tanto, la estructura vial o movilidad urbana es un reto para Mérida. Este problema se refleja en los fraccionamientos que se construyen de forma dispersa, sin pensar en su interrelación con las demás zonas habitacionales. Se edifican totalmente desconectados y eso provoca que las vialidades se saturen.

“No hay calles que conecten toda la ciudad, por eso el traslado entre fraccionamientos, colonias y hasta comisarías es deficiente. Eso es lo que ha causado que ahora el anillo periférico esté saturado, pues es más fácil salir, rodear y volver a entrar para ir de un punto a otro en Mérida”, recalca.

Habría que identificar detalladamente los sitios en los que se mueven las personas y que se clasifican como centros urbanos, es decir, esos puntos en los que convergen los ciudadanos, en los que se bajan y abordan el transporte público. Recordemos que la capital de Yucatán es una ciudad centralizada desde su fundación, detalla el especialista. Actualmente hay sub- centros en zonas como Altabrisa, Plaza Dorada, Plaza Patio y Oriente, pero no hay una manera eficiente y ágil de moverse entre ellos o de conectarse con el primer cuadro de la capital.

Por otra parte, es preciso darle a Mérida esa visión de ciudad hábitat en la que sus espacios públicos no sólo sean seguros, sino que sean verdaderamente pensados para la relación social, el recreo, el descanso y la convivencia. De ahí, que un ideal o propósito más para alcanzar en el 2020 radique en que la política de vivienda y la ambiental sea eficientes; pues, nueva- mente el crecimiento disperso y el mal uso del suelo están acabando con áreas verdes natura- les necesarias para Mérida.

“Porque la ciudad es un espacio para todos, con diferentes condiciones. Es un espacio donde tenemos nuestras actividades, desde habitar, hasta estudiar, tener salud y trabajo”, enfatiza Fernando Alcocer.

El gran deseo –finaliza- es lograr una ciudad que se integre, que se conecte. Por ejemplo, en Mérida la cobertura de servicios hospitalarios cada día crece y mejora, al igual que los servicios educativos, por esto, valga la redundancia, es una excelente ciudad de servicios a nivel península, pero al vivir en ella, una gran mayoría padece el aislamiento de sus zonas habitacionales.