Bridgetown: ¿La arquitectura financiera necesaria para construir el futuro?

De repente, una idea que nace dentro del ámbito netamente financiero, puede terminar revelándonos algo mucho más profundo, como la manera en que una sociedad decide construir su futuro.

La Iniciativa Bridgetown, impulsada por Barbados y liderada por su primera ministra Mia Amor Mottley, nació en 2022 a partir de cuestionarse si continuaría siendo adecuada la arquitectura financiera internacional creada varias décadas atrás, para enfrentar los desafíos del mundo actual y del futuro. Su versión 3.0 ahora vigente, propone reformarla para responder mejor al cambio climático, la vulnerabilidad económica, el endeudamiento y las enormes necesidades de inversión de los países en desarrollo.

La propuesta descansa en tres grandes ideas. La primera de ellas consiste en cambiar las reglas del sistema financiero internacional, hacer que las economías sean más resistentes frente a los shocks y multiplicar radicalmente el financiamiento disponible para el desarrollo y la acción climática. Pero hay algo que me interesa todavía más que la arquitectura financiera propuesta, y es definir lo que haríamos con el dinero si es que finalmente logramos movilizar la cantidad que se necesita.

Porque conseguir capital no es el objetivo. Es el medio. El verdadero desafío comienza después. Necesitamos construir redes eléctricas modernas, ampliar la transmisión y distribución, incorporar almacenamiento, desarrollar generación limpia y fortalecer sistemas energéticos capaces de responder a una demanda creciente.

Necesitamos también infraestructura hídrica, ciudades más resilientes, transporte eficiente, vivienda, conectividad digital y sistemas productivos capaces de enfrentar un clima cada vez más cambiante. Y necesitamos hacerlo antes de que la vulnerabilidad se convierta en desastre.

Bridgetown Initiative propone precisamente mecanismos para movilizar capital público y privado a una escala mucho mayor, incluyendo garantías, instrumentos de reducción de riesgo y mejor preparación de proyectos para convertir necesidades de infraestructura en inversiones viables. Su propuesta 3.0 plantea, por ejemplo, movilizar al menos 500 mil millones de dólares anuales de capital privado para acción climática y desarrollo sostenible.

 

 

Pero, desde el corazón de la iniciativa emerge una condición fundamental, que sostiene que no basta con tener dinero, sino que son necesarios buenos proyectos. Proyectos técnicamente sólidos, financieramente viables, socialmente útiles, ambientalmente responsables y que sean capaces de generar valor agregado sólido y duradero. Necesitamos planeación, estudios, ingeniería, instituciones competentes, reglas claras y capacidad para ejecutar.

Sería paradójico conseguir implementar una nueva arquitectura financiera, para seguir construyendo con ella el viejo mundo que ya queremos dejar atrás. La oportunidad está en utilizar ese capital para transformar vulnerabilidad en resiliencia, dependencia en capacidad propia, infraestructura obsoleta en sistemas inteligentes y crecimiento económico en prosperidad sostenible.

También por eso Bridgetown resulta relevante para América Latina. No se trata solamente de cuánto financiamiento pueda llegar a nuestros países, sino de la capacidad que tengamos para convertirlo en infraestructura que aumente productividad, seguridad energética, disponibilidad de agua, competitividad y calidad de vida.

A lo largo de la historia hemos aprendido que las grandes transformaciones no ocurren solamente cuando aparece una nueva tecnología. Ocurren cuando existe la posibilidad de hacerla accesible a millones de personas, y con ella mejorar sustancialmente sus condiciones de vida.

Yo no sé si Bridgetown conseguirá suficientes adeptos e impulsores como para convertirse finalmente en la nueva arquitectura financiera internacional. Lo que sí sé es que, para construir la infraestructura que el mundo actual necesita, se precisa una amplia visión y del más alto nivel.

El capital, señoras y señores, puede financiar muchas cosas. Pero solamente una buena visión puede convertirlo en un futuro luminoso, como el que todos anhelamos.

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Raúl Asís Monforte González
Ingeniero Civil. Cuenta con dos Maestrías, una en Arquitectura de Paisaje y otra en Energías Renovables, ambas por la Universidad Marista. Empresario especializado en construcción, sistemas de riego y energía solar. Propietario de Riego Inteligente®️ y Mi Energía MX®️. Es presidente fundador de la Asociación Mexicana de Energía Renovable y Medio Ambiente A.C., ex presidente del Comité Directivo de la CMIC delegación Yucatán y ex vicepresidente ejecutivo nacional de infraestructura energética en la misma CMIC. Consejero de MetrópoliMid.
raul@mienergiamx.com