¿Por qué una política pública destinada a promover la movilidad segura y sostenible para “calmar el tráfico” y salvar vidas, fue primero resistida y luego rechazada por los vecinos del barrio a quienes se pretendía beneficiar? Analizar el contexto de desarrollo de la primera zona 30 de la Capital de Argentina, explica, comprende y valora lo que pasó, y también alecciona.
El 28 de julio de 2017, mientras las autoridades mantenían reuniones informativas con los vecinos de Villa Real —barrio de la Comuna 10— para iniciar la obra de zonificación del área 30, el conductor de un transporte de carga que circulaba a muy alta velocidad atropelló a una educadora que iba en bicicleta y, sin siquiera detenerse, continuó su marcha. La velocidad de impacto quedó registrada en las cámaras de seguridad que tenían los vecinos. La maestra de primaria, Susana Emma Magnin, murió en el acto. Tenía 56 años.
Paradójicamente, el incidente no concitó las adhesiones esperables a favor de la zona 30 y un grupo no menor de personas se plantó judicialmente contra el proyecto. El conflicto dividió a la comunidad y, hasta que pudo superarse, afectó la credibilidad del gobierno porteño. Repasemos los hechos.
Las autoridades habían elegido Villa Real por motivos inapelables: una elevada tasa de incidentes de tránsito —89 entre 2010 y 2016— asociados a las altas velocidades de circulación que aumentaban el riesgo vial en una zona de alta densidad de escuelas, con una población importante de infantes y personas mayores. Los opositores al proyecto hicieron otras lecturas. Algunos centraron sus objeciones en la quita de espacio de estacionamiento para sus autos, mientras que otros sostuvieron que las calzadas intervenidas con “chicanas reductoras” provocarían un colapso del tránsito en esas calles, y otro grupo de residentes cuestionó el impacto ambiental. El gobierno contestó los amparos, la Justicia habilitó la ejecución de toda la obra.

Los 14 mil vecinos, habitantes de las 47 manzanas intervenidas, convivieron con los trabajos de infraestructura. En la zona calma que abarca 188 cuadras, bajó la velocidad máxima de 40 km/h a 30 km/h. La transformación incluyó cruces peatonales elevados, chicanas reductoras de velocidad y canteros para achicar el ancho de la calzada, ampliación de las ciclovías y la creación de nuevos espacios verdes. El 18 de enero de 2019 se inauguró oficialmente la zona 30 de Villa Real.
En 2020, un grupo de vecinos nos contactó para que los ayudáramos a elevar, ante las autoridades, reclamos de seguridad sobre cruces peligrosos en otros barrios de la Comuna 10. En pandemia, in situ, debatimos con ellos los resultados de la experiencia arriba comentada. Ahora aceptan que 30 km/h es la única velocidad aceptable en las calles de los barrios. El punto está ganado. Pero la obra dejó a la vista el problema principal de Villa Real: la imposible convivencia de viviendas familiares con depósitos y empresas de transporte de carga. ¿Será posible un nuevo ordenamiento de usos del suelo?
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