Perspectiva de Género y Derecho a la ciudad: Silvana Forti Sosa, directora del Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo

Un análisis crítico de la ausencia de perspectiva de género en el PMOTDUM 2050

Lo que sigue es resultado del proceso impulsado por el LUM-Modelo, junto con otras organizaciones y ciudadanos, en el cual realizamos una lectura crítica del Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano de Mérida (PMOTDUM 2050), y elaboramos una serie de propuestas que fueron entregadas al IMPLAN y que éste nos respondió a través del oficio 229. En este análisis me concentraré en cómo se integra la perspectiva de género atendiendo a los niveles normativo, instrumental y estratégico del PMOTDUM.

 

Lo que el PMOTDUM menciona (avances formales)

El documento demuestra un avance en el reconocimiento formal de principios de equidad e inclusión, alineándose con el discurso de la «Nueva Agenda Urbana» de ONU-Habitat. Los puntos positivos se encuentran principalmente en su marco conceptual:

  • Principios rectores explícitos: El programa se estructura en torno a políticas de “Crecimiento”, “Consolidación”, “Conservación” y “Gestión”. Dentro de estas, se incorporan principios como el “derecho a la ciudad”, la “equidad”, la “inclusión” y la “accesibilidad universal”.
  • Inclusión de grupos vulnerables en la retórica: Se menciona explícitamente a grupos como “personas con discapacidad”, “adultos mayores” y “población en situación de vulnerabilidad” como beneficiarios de las metas, lo que indica una intención de no ser un instrumento ciego a las diferencias sociales.
  • Inclusión de la participación ciudadana: Se valora la participación social como un principio rector y una acción específica, estableciendo la necesidad de herramientas “accesibles e inclusivas” y de “incorporación de las necesidades de mujeres y grupos en situación de vulnerabilidad”.

 

Vacíos y contradicciones: El “déficit de género e interseccionalidad”

El Nivel Normativo es, en esencia, ciego al género. Está construido con un lenguaje técnico y neutral que, en la práctica, puede perpetuar y profundizar las desigualdades existentes. El documento se enfoca en regular usos de suelo, impactos (bajo, mediano, alto), coeficientes y vialidades desde una perspectiva puramente física y económica, sin considerar cómo estas regulaciones afectan de manera diferencial a hombres, mujeres y diversidades. La principal crítica es que el “sujeto” de la norma es un usuario abstracto y neutro (el “habitante”, el “poblador”), que no tiene cuerpo, ni género, ni responsabilidades de cuidado, ni necesidades específicas derivadas de su posición social. Este enfoque convierte en neutral lo que en realidad es un sesgo implícito hacia un usuario tipo: varón, adulto, que se desplaza en vehículo motorizado y cuya vida no está estructurada por el trabajo de cuidados.

El Nivel Estratégico refleja la falta de diagnóstico con perspectiva de género. El documento menciona “marginación urbana” y “rezago social”, pero no presenta un diagnóstico desagregado por sexo o con indicadores de género (pobreza de tiempo, jefaturas de hogar femeninas, acoso en el transporte, distribución de equipamientos de cuidado). Sin esta base, las estrategias pueden no atacar las causas profundas de la desigualdad (1).

Presentamos algunos de los problemas que identificamos:

  • Invisibilidad de la economía del cuidado: El mayor ausente en el documento es el reconocimiento de la “economía del cuidado”. Las actividades de cuidado (cuidar de infantes, adultos mayores o personas enfermas) recaen desproporcionadamente en las mujeres y determinan sus patrones de movilidad (viajes cortos, poliédricos y en horas valle) y su uso del espacio público (proximidad a equipamientos, necesidad de espacios seguros y de descanso). El programa no aborda esto de manera directa.
  • Equipamiento y servicios ciegos al género: Se habla de “dotación equitativa de infraestructura, equipamiento y servicios”, pero no se especifica qué tipo de equipamiento es prioritario para cerrar brechas de género. 

El Nivel Instrumental es, por definición, el “cómo” se hará realidad la ciudad soñada en el Nivel Estratégico y se aplicarán las reglas del Nivel Normativo. Desde una perspectiva de género, este nivel es el más prometedor y, a la vez, el que presenta los desafíos más concretos. Un acierto en la planeación o la estrategia puede perderse si los instrumentos para implementarla, gestionarla y evaluarla no están diseñados para asegurar que los beneficios lleguen de manera equitativa a todas las personas.

La crítica principal es que, aunque el Nivel Estratégico contiene la semilla de una visión inclusiva, el Nivel Instrumental no la riega de manera sistemática. Se enfoca en la eficacia administrativa, la gestión del suelo y la movilización de recursos, pero no traduce los principios de equidad e inclusión en instrumentos, lineamientos, metas e indicadores concretos que permitan medir y garantizar el avance hacia una ciudad con justicia de género. La semilla de la “Mérida Justa” del Nivel Estratégico no podrá germinar si los instrumentos para regularla, los indicadores (2)  para medir su crecimiento y los mecanismos para evaluar su salud no están calibrados para detectar y corregir las desigualdades.

 

 

En este punto, sostenemos que, a pesar de los avances en el lenguaje formal de equidad, el PMOTDUM 2050 presenta problemas estructurales que impiden una perspectiva de género e interseccional efectiva. El principal problema es la falta de traducción de estos principios en instrumentos concretos y vinculantes.

La respuesta del IMPLAN a las observaciones ciudadanas que planteamos refleja una postura que blinda el programa ante la crítica de fondo, incluida la de género. El IMPLAN declaró improcedentes la mayoría de las propuestas que buscaban hacer vinculantes los principios de equidad. También encontramos competencias fragmentadas, al argumentarse que temas clave como la modificación de la Ley de Desarrollos Inmobiliarios (para aumentar cesiones o garantizar vivienda social) “no son competencia del Programa”. Esta fragmentación de responsabilidades, aunque legalmente cierta, impide una visión integral de ciudad. Sin modificar esas leyes, es casi imposible garantizar una ciudad inclusiva.

 

Conclusión: un marco neutro que perpetúa desigualdades

El PMOTDUM 2050 adolece de un enfoque de género e interseccionalidad sustantivo. Se queda en un lenguaje retórico de “equidad” abstracto y procedimental, sin reconocer que las políticas urbanas no son neutrales. Al no diseñar instrumentos específicos para corregir las desventajas estructurales de las mujeres y otros grupos vulnerables (acceso a vivienda, movilidad del cuidado, seguridad en el espacio público, equipamientos de proximidad), el programa corre el riesgo de perpetuar las desigualdades existentes bajo un manto de aparente “justicia territorial”.

La Mérida justa que se promete para 2050 no se construye delegando decisiones a futuros planes parciales o declarando improcedentes las propuestas ciudadanas que buscan hacer vinculantes esos principios. Se construye con reglas claras, cuotas obligatorias y una distribución de recursos que priorice a quienes han sido históricamente desplazados por el modelo de crecimiento. Actualmente, el PMOTDUM carece de esos “dientes”.

 

 

(1) «Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre», frase atribuida al físico William Thomson, lord Kelvin.

(2) Por el espacio de este artículo nos limitaremos a dar un ejemplo: 

Metas e indicadores: Este es el corazón del Nivel Instrumental y donde la ausencia de una perspectiva de género es más crítica y evidente. Las metas, en su inmensa mayoría, son cuantitativas y agregadas. Miden «porcentajes de cobertura», «número de proyectos», «superficies», pero no miden si los beneficios de esas acciones se distribuyen de manera equitativa o si están cerrando brechas de desigualdad.

Política de Crecimiento: La Meta 2.2 mide «Superficie de espacio público por habitante». Un indicador ciego al género. Un espacio público puede tener muchos metros cuadrados, pero ser inseguro y, por lo tanto, no ser utilizado por mujeres y niñas. Un mejor indicador sería: «Porcentaje de mujeres y niñas que reportan sentirse seguras en los espacios públicos de su colonia» o «Nivel de satisfacción de las personas cuidadoras con la accesibilidad y el diseño de los espacios públicos».

Mecanismos de Evaluación y Seguimiento: Menciona al Observatorio Urbano de Mérida como órgano técnico de seguimiento. Se establece que el sistema de indicadores es clave para la evaluación. Sin embargo, al no tener indicadores desagregados, no se podrá ni mejorar, ni evaluar el comportamiento de la brecha de inequidad.

 

Bibliografía: 

  • Ayuntamiento de Mérida (2025). PMOTDUM 2050: Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano. Documento sometido a consulta pública (2025).
  • Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo y Observatorio de Movilidad de Mérida (nov. 2025): Lectura crítica al PMOTDUM 2025.
  • Aportes al Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano de Mérida, entregado al IMPLAN of 229. (2025)
  • IMPLAN (05-01-25) of 229 Respuesta a la consulta pública.

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Silvana Forti Sosa
Directora del Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo