Este artículo reflexiona sobre la esperanza como fundamento ético y práctico para la construcción de un orden mundial NoViolento y una cultura de paz. Parte de la premisa de que la esperanza trasciende el deseo de un futuro mejor cuando se convierte en decisiones, prácticas y acciones colectivas orientadas a transformar la realidad. A partir de una revisión conceptual de la noviolencia, se recuperan las aportaciones de Gandhi mediante los principios de ahimsa y satyagraha, así como la perspectiva contemporánea de la noviolencia como un proyecto humanista, político y social basado en la dignidad, la verdad, el diálogo y la emancipación del sufrimiento humano. El texto plantea que la Comunicación NoViolenta constituye una herramienta accesible para iniciar este proceso de transformación, al promover habilidades como la escucha activa, la empatía, el respeto, la inclusión y la construcción de acuerdos. Asimismo, analiza cómo las relaciones de poder, la culpabilización, la vergüenza y diversas respuestas emocionales y culturales alimentan patrones de comunicación violenta en los ámbitos familiar, educativo y laboral. Finalmente, sostiene que toda comunicación implica una responsabilidad ética respecto al bienestar y desarrollo de las personas, y propone que la construcción de comunidades más justas y pacíficas comienza por transformar la manera en que nos relacionamos y nos comunicamos cotidianamente.
Primera parte
Alguna vez se han preguntado ¿cómo se puede estabilizar el orden mundial sin violencias? ¿La humanidad dejará de destruir su hábitat y a sus conciudadanos? ¿Cómo hemos llegado a este ecosistema de comunicación tóxica que atenta contra la integridad, la paz y el desarrollo pleno de las personas?
Muchos mantenemos la esperanza en un orden global NoViolento a través del trabajo arduo y cotidiano, donde se suman formadores, activistas, dirigentes, estrategas, analistas, investigadores, voluntarios, constructores y profesionales. La esperanza como aspiración y también como acción. Es decir, la esperanza adquiere una dimensión transformadora cuando deja de ser solamente un deseo y se convierte en decisiones, prácticas y acciones concretas: ¿qué puedo hacer para acercarme a ese futuro que quiero para mí y para otros?, ¿con quién puedo construirlo?, ¿por dónde empiezo hoy?
La esperanza como disposición ética y política para imaginar futuros posibles no es una espera pasiva, sino una invitación para actuar individual y colectivamente en el presente, reconociéndonos como agentes de cambio, capaces de transformar nuestro entorno.

Un buen comienzo de acción es la Comunicación NoViolenta
El término “no-violencia” (con un guión) se utiliza en la literatura de estudios de paz para referirse al vocablo hindú ahimsa, usado por Gandhi a inicios de su liderazgo político. Esta palabra se asocia a la actitud compasiva ante otras personas que conlleva el abstenerse de infringir daño, dolor físico o emocional. Para Gandhi, este vocablo también significaba la reivindicación de la dignidad humana a través de una serie de acciones entre las que se encuentra la resistencia pacífica. Se asocia también a otra palabra que acuñó Gandhi: satyagraha, usada para referirse a su oposición a la no-cooperación, la resistencia y la franca desobediencia política ante los ataques a la dignidad humana y a la destrucción de la memoria y la verdad.
Estudiosos más contemporáneos consideran que la NoViolencia no solo es una renuncia a la violencia, sino un programa ético, político, económico, social, humanista y abierto, que conduce hacia la emancipación en miras a reducir el sufrimiento humano. Se identifican como valores fundamentales de esta NoViolencia el rechazo a matar, la búsqueda de la verdad, el diálogo y la escucha activa y los modos de pensamiento alternativos y creativos. Entonces, la NoViolencia es, entre otras cosas, una ruta de introspección personal que implica avanzar en el conocimiento, la conciencia y el control de sí mismo.
La Comunicación NoViolenta considera diversos valores y habilidades muy apreciados en la construcción de una cultura de paz, como son la escucha activa, la empatía, el respeto, el diálogo, la responsabilidad, la comprensión, los acuerdos, la inclusión, como grandes pilares. Generalmente las personas que carecen de habilidades comunicativas expresan comportamientos más agresivos y abusivos al externar sus puntos de vista. También es importante, en la vida diaria, reconocer a los instigadores de la comunicación violenta que generan la mayoría de los conflictos, como son la frustración, el resentimiento, el odio, los celos, el reproche, la tristeza, el dolor, el estrés o el miedo. También pueden ser cuestiones relativas al manejo de la identidad, la sensación de injusticia, la sensación de incompetencia o algunas otras predisposiciones y respuestas automáticas aprendidas.
Cuando las personas se sitúan en un lugar de poder, sin las habilidades de la Comunicación NoViolenta, o bien se sitúan en la posición de virtuoso, experimentado u omnisapiente, todas las demás personas quedan en el lado de sometimiento, enjuiciamiento, objeto de escarnio, sujeto de enmienda.
Otro ejemplo son las prácticas culturales occidentales donde es común “culpar” al menos empoderado y también hacer sentir avergonzados a los “vencidos”. Es así cómo se perpetúa la comunicación violenta en los entornos familiares, escolares y laborales, hasta que hay una evaluación personal, colectiva y muy profunda de los efectos que tiene en la vida de las personas. Es necesario reconocer con responsabilidad las huellas de la violencia que hemos dejado en el trayecto de nuestras vidas. Toda comunicación implica un compromiso y una responsabilidad: ¿cómo contribuye lo que comunico de forma verbal y no verbal al bienestar de las personas, a su seguridad, a su autoestima, a su crecimiento o a generar comunidad?

La comunicación se construye en el marco de la relación entre las personas. A su vez, toda relación puede configurarse desde la igualdad o desde la desigualdad, dependiendo de cómo se ejerce y se distribuye el poder entre quienes se comunican. Por ello, aquello que decimos y la manera en que lo interpretamos no dependen únicamente de las palabras, sino también del significado que atribuimos a la relación con la otra persona. Comunicamos desde el lugar que ocupamos en esa relación y, al mismo tiempo, nuestra comunicación contribuye a reproducirla o transformarla. Si consideramos al otro como igual, ya sea amigo o enemigo; o como diferente, superior o inferior, el sentido que pueden tomar las mismas palabras puede ser muy diverso, y la carga afectiva que conlleva también.
¿Es posible construir comunidad a partir de la Comunicación NoViolenta? En la segunda parte de este artículo les comentaré sobre una metodología que es muy sencilla de aplicar en la vida cotidiana.
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