Hace algunos días una persona cercana me planteó de manera directa: ¿por qué la insistencia en vivir dentro de Mérida?

 La Mérida 3D: distante, dispersa y desconectada, es un problema complejo y serio, del que pocos conocemos realmente.

Y es que el planteamiento no es vivir “dentro de Mérida”, sino en lo que corresponde a su zona urbana consolidada, donde existe una continuidad de la ciudad, donde hay servicios, equipamientos, transporte público, seguridad y parques.

Vamos, si dentro de la “Mérida consolidada” –desde el enfoque urbano– tenemos serios problemas de costos y tiempos de traslado en transporte público, de cantidad y calidad de parques y áreas verdes, de cobertura de seguridad y servicios tanto públicos como privados… ¿qué podemos esperar en aquellas viviendas, lotes o privadas que se encuentran desconectadas, desarticuladas y perdidas a la mitad de la nada?



¿Y por qué debería importarnos?

Por que se trata de un fenómeno negativo que nos afecta, tanto a nivel individual, como a nivel de sociedad y de desarrollo urbano. Dicho de otra forma: afecta directamente al que adquiere una vivienda fuera de la zona urbana y afecta indirectamente a todos los demás habitantes.

Como particulares, es importante reconocer los costos de vida asociados a una vivienda ubicada fuera de la trama urbana. A mediano plazo, es más costoso vivir fuera de la zona urbana consolidada, tanto 1). en tiempos y costos de traslado –ya sea que usemos el transporte público o no–, 2). en acceso a servicios –gran parte de estas viviendas no tienen agua potable, sufren por acceso a servicios como el internet, la recolección de basura, o incluso plataformas de servicio a domicilio o entregas de compras en línea–, 3). en disponibilidad de equipamientos públicos o privados, especialmente los que corresponden al nivel de barrio, 4). en seguridad pública –tenemos que instalar cámaras y sistemas de seguridad adicionales ya que la vivienda se encuentra en zonas aisladas.

A nivel de sociedad –es decir lo que nos afecta a todos–, el tener una ciudad con viviendas dispersas y desconectadas eleva los costos de prácticamente todo. Hay que ampliar la cobertura de policías, bomberos y servicios de recolección de basura, hay que construir más escuelas y centros de salud, hay que hacer más infraestructura básica, como energía eléctrica, agua potable, calles, alumbrado, etc. Pero no es solo un tema de cantidad, sino sobre todo de calidad. Una ciudad que se expande de manera discontinua, dejando vacíos urbanos por todos lados, genera una baja densidad que hace imposible que Mérida pueda tener un sistema de movilidad –especialmente de transporte público–, eficiente y de bajo costo. También hace muy difícil tener espacios públicos de calidad, pues la densidad poblacional es tan baja que simplemente los parques a escala urbana no son sostenibles.

 

 
 

 

¿Y qué sucede con la seguridad y tranquilidad que tanto valoramos en Yucatán?, como menciona el D.H. Luis Carlos Sierra en esta edición, “cuando en los fraccionamientos hay un bajo porcentaje de viviendas habitadas, como sucede en los desarrollos inmobiliarios que circundan la periferia de la ciudad, los ojos en la calle son minimizados e incluso nulificados, siendo proclive la proliferación de espacios inseguros”.

A la larga, estos factores harán que la gente abandone su vivienda. Se trata de un fenómeno que ya tiene un impacto significativo en la Zona Metropolitana, y lo podemos constatar en los datos analizados por la doctora Susana Pérez en esta edición, que identifica 61,238 viviendas particulares desocupadas en la ZMM (el 13.8% del total), de las cuales 92% se encuentran en la periferia.

Se trata, desde luego, de un tema complejo, y que por lo tanto será analizado en esta y en posteriores ediciones de la Revista MetrópoliMid. Por desgracia, una cosa es cierta para Mérida: en palabras del doctor Ricardo López, “Las condiciones de habitabilidad en esta etapa de auge inmobiliario han empeorado… se ha construido mucha vivienda, pero de mala calidad o mal planeada, o deliberadamente hecha en tierra barata, lejana e inconexa”.

¿Cómo consideras las condiciones de vivienda en Mérida?, ¿crees que hay una diferencia real entre vivir dentro o fuera de la mancha urbana consolidada?

Si dentro de la “Mérida consolidada” tenemos serios problemas de costos y tiempos de traslado, de cantidad y calidad de parques y áreas verdes, de cobertura de seguridad y servicios… ¿qué podemos esperar en aquellas viviendas, que se encuentran desconectadas, desarticuladas y perdidas a la mitad de la nada?

David Montañez Rufino

David Montañez Rufino

Fundador y Director General de la plataforma urbana M50: organización ciudadana dedicada a promover una ciudad pensada, diseñada y construida mediante gobernanza; con espacios públicos de calidad, sistema de movilidad integral y desarrollo urbano sostenible.

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