El efecto dona es el fenómeno que sucede en una ciudad cuando la población habita cada vez más la periferia y abandona el centro histórico, así como la zona urbana consolidada. En el caso de Mérida, este fenómeno se comenzó a agravar cuando la población al interior del anillo periférico migró hacia los fraccionamientos o comisarías del exterior, como Las Américas en el norte, Ciudad Caucel en el poniente o Los Héroes en el oriente.

(Fraccionamiento Los Héroes, vista aérea)

A pesar de los discursos de re-densificación, la realidad es que más del 36% de los habitantes de Mérida viven afuera del periférico, aun considerando que el 80% de la superficie urbanizada está al interior del anillo vial. Significando que, el 36% de los habitantes de Mérida viven en tan sólo el 20% de su superficie urbanizada, por lo que existe más del doble de densidad en la periferia de la ciudad que al interior de la misma. Mientras, en la zona periurbana hay 7,578 hab/km2 aproximadamente, y al interior del anillo periférico apenas hay cerca de 3,285 hab/km2. Estas cifras no impresionan si tomamos en cuenta que, tan sólo en los tres fraccionamientos mencionados, se suman más de 230 mil habitantes.

El efecto dona genera consecuencias graves para el sistema urbano, que se traducen en un detrimento en la calidad de vida de las personas. ¿Alguien no ha sufrido los embotellamientos en los puntos de acceso de periférico?

Una ciudad dona tiene graves conflictos viales, en especial si no se cuenta con un adecuado sistema de transporte público, como es el caso de Mérida. Sucede porque la población habita en la periferia, pero los principales equipamientos urbanos, servicios y centros de trabajo se encuentran al interior del anillo periférico. Por lo tanto, los tiempos de traslado y los costos de transporte serán cada vez mayores.

(Periférico, Imágen: Jornada Maya)

Otro problema es la calidad de los servicios y espacios públicos. Una ciudad tan dispersa y con baja densidad interior hace que sea muy complicado y costoso garantizar la seguridad pública, los servicios básicos como el agua, la energía eléctrica, la recolección de basura y la calidad y tamaño de los espacios públicos, como parques y mercados. Por ejemplo, se ha vuelto común que viviendas o privadas tengan que recurrir a la perforación de pozos individuales por no tener acceso al servicio de agua potable, o que haya un alto índice de robos a casa habitación en los fraccionamientos periurbanos.

Entonces, ¿qué dicen de todo esto nuestros instrumentos de planeación?, como sociedad, como gobierno, como individuos habitantes de la metrópoli; debemos definir la ciudad que queremos. ¿Hacia dónde continuaremos creciendo en los próximos diez o veinte años?

 

 

 

David Montañez Rufino

David Montañez Rufino

Fundador y Director General de la plataforma urbana M50: organización ciudadana dedicada a promover una ciudad pensada, diseñada y construida mediante gobernanza; con espacios públicos de calidad, sistema de movilidad integral y desarrollo urbano sostenible.

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