Las ciudades representan el territorio donde se generan relaciones sociales y económicas, es donde se satisfacen necesidades personales como la educación, la recreación y la cultura. Muchas personas migran a las ciudades con la intención de mejorar sus condiciones de vida y sus oportunidades. Por esta razón debe ser responsabilidad del Estado generar las condiciones necesarias para que estas relaciones resulten favorables para todas y todos.

Actualmente el desarrollo de muchas ciudades tiende a responder a los intereses de unos cuantos actores, que son los principales responsables de “hacer ciudad” dado que tienen el capital para ello. Es muy probable que el resultado de estos intereses particulares sea inequitativo para los habitantes de la ciudad, generando condiciones de vida diferenciadas; Mérida no es la excepción. Por tal motivo, este artículo pretende explicar la forma en que la inequidad se manifiesta en la ciudad de Mérida, partiendo de que la inequidad no se reduce a solamente medir desigualdades económicas sino, tal como menciona Soja E.W. (2010), también abarca las distribuciones geográficas y se compone por tres dimensiones que son:

a) Dimensión socioeconómica
b) Dimensión físico-territorial
c) Procesos de gestión de la ciudad

En la dimensión socioeconómica se consideran los índices de marginación social y desigualdades económicas. Siendo el nivel socioeconómico una medida económica y sociológica que combina la experiencia de trabajo de una persona y la posición económica y social de un individuo o familiar en relación con los demás; basada en el ingreso, la educación y la ocupación. En este sentido, se puede decir que el nivel socioeconómico está relacionado con el grado de escolaridad de las personas, sumado al mercado laboral en donde se mueve con sus propias dinámicas, dando alternativas de empleo precarias.

Según el informe de prosperidad urbana de Mérida (2017) realizado por ONU HABITAT, existe un “limitado acceso a las tecnologías de comunicaciones que mejoren las condiciones de educación y desarrollo de capacidades. Las zonas de alto grado de marginación urbana tienen muy bajo acceso a computadora en el hogar. En ellas, menos de la mitad de población tiene algún grado aprobado en educación superior.” También se reportó que pese a la centralidad económica que existe en la ciudad, Mérida no está generando empleo suficiente, pues el 57% de la población en edad productiva se encuentra desempleada y 24.13% tiene un empleo informal; además las condiciones del empleo actual generan ingresos de menos de dos salarios mínimos para 34.56% de la población.

En cuanto a la dimensión físico-territorial se puede tomar en cuenta el índice de diversidad urbana, el cual mide la diversidad de usos de suelo. En el Informe de Prosperidad Urbana para la ciudad de Mérida (2017), la metrópoli tiene un índice de 11.6/100, es decir, muy bajo. Esto hace referencia a que los equipamientos, servicios sociales, comercio, entre otros espacios necesarios para el desarrollo de la vida urbana, se encuentran concentrados en la porción centro y norte de Mérida; resultado del modelo de expansión de la ciudad; construyendo zonas grandes homogéneas principalmente de vivienda a las periferias de la ciudad. Lo que contribuye a que las personas tengan que hacer recorridos largos hasta sus centros de empleo, educación o recreación. Es cierto que en algunas zonas de la ciudad, como en la zona norte, se cuenta con equipamiento de salud, educativo y de recreación, sin embargo, este es privado; es necesario pagar o consumir para acceder a ellos y es importante mencionar que no todas las personas del norte cuentan con el mismo nivel socioeconómico, lo que los convierte en equipamientos exclusivos de un grupo de personas.

A esto debe sumarse la vialidad y el transporte, pues constituyen elementos trascendentales de las ciudades para incrementar la accesibilidad física a los lugares, oportunidades, empleos, servicios y bienes, que permiten el cumplimiento pleno de los derechos humanos (ONU Hábitat, 2015). Al menos 10% de las colonias periféricas y 70% de los desarrollos inmobiliarios dispersos no tienen acceso caminable (menos de 1 km) a alguna ruta de transporte público (Informe de prosperidad urbana de Mérida, 2017), es decir, entre más lejanos e inaccesibles se encuentren los asentamientos de vivienda de los puntos de desarrollo, más inequitativa será la calidad de vida de las personas que los habitan.

Respecto a los componentes del procesos de gestión, se tendría que pensar en un cambio de paradigma en la política de suelo y vivienda, pues se sigue centrando exclusivamente en la construcción de vivienda genérica en las periferias de la ciudad, o, en su defecto, en privadas alejadas de la concentración urbana y con precios muy altos. En materia de consolidación urbana, en los últimos 15 años, no se ha tomado acción de 2 mil hectáreas de vacíos urbanos. Esto significa que existe una cantidad considerable de suelo ocioso y en especulación, lo que tiene altos costos para la ciudad y para su población pues no se aprovecha para resolver rezagos en materia de vivienda accesible, equipamiento y espacio público.

Por otro lado, el índice de gobernanza y legislación (el cual mide participación electoral, acceso a la información pública local, participación cívica, recaudación de ingresos propios, eficiencia del gasto local y eficiencia en el uso de suelo ) del Informe de Prosperidad Urbana de Mérida (2017) es de 40.79/100 en promedio, sin embargo, el desglose nos muestra que en gobernanza de la urbanización tiene un 0/100. Esto hace referencia a un déficit de eficiencia en el uso del suelo y del gasto local, lo que tienen un impacto negativo en la prosperidad urbana.

Los procesos de gestión constituyen un componente de la equidad, pues representan los mecanismos políticos que enfrentan las desigualdades existentes. En este sentido, mientras no se implemente una gobernanza eficiente, el modelo de expansión de la ciudad de Mérida seguirá generando inequidad en la vida de sus habitantes.

Después de observar estos datos que van más allá de la inversión económica de la ciudad, parece claro que en Mérida existe inequidad urbana y que la prioridad en los siguientes años debe enfocarse hacia acciones que permitan oportunidades de desarrollo y de acceso de todas las personas que la habitan. Es decir, una planeación urbana eficiente, considerando los puntos aquí mencionados, y flexible; pues las ciudades son un ente vivo y cambiante, que requiere ser observada e intervenida constantemente.

 

*Texto de estudiantes de la Maestría en Diseño Urbano de la UADY. 

Derechos Reservados ⎮ MetrópoliMid 2019

CONTÁCTANOS

info@metropolimid.com.mx

direccion@metropolimid.com.mx