Al despertar en la mañana para comenzar el día, ya sea para ir a trabajar, o bien salir de paseo, lo primero que hago es tomar una ducha (¡qué agradable es abrir el grifo de la regadera y ver como una lluvia de gotas de agua nos refresca!). Alguna vez hemos reflexionado de dónde viene el agua que disfrutamos al abrir el grifo en nuestra casa, al ducharnos, al lavar trastes, etc. En realidad el agua que usamos para nuestro estilo de vida y comodidad ha recorrido un largo camino. La ciudad de Mérida se ubica en la región geohidrológica Yucatán Norte, la cual se caracteriza por contener un volumen de agua muy importante. Podemos decir que el agua que utilizamos en Mérida proviene en principio de las precipitaciones pluviales que son consecuencia de la entrada de masas húmedas que cruzan el Atlántico, traídas por los vientos Alisios desde el Norte de África.

El agua de lluvia una vez en el suelo, no forma cuerpos de agua como lagos o ríos superficiales como en otras regiones del país; en el caso de la península de Yucatán, el agua se infiltra a profundidad de manera difusa cuando escurre entre los amplios sistemas de fallas y fracturas que han desarrollado durante tiempos geológicos las rocas calizas, y que les confieren una gran permeabilidad. En el proceso de infiltración del agua al acuífero desempeñan una función importante las propiedades químicas de las rocas calizas, que permiten su disolución al contacto con ácidos naturales que transporta el agua, dando lugar a la formación de cavernas y cavidades de disolución, dolinas, cenotes, entre otras; a este proceso se le denomina karstificación. Se reconoce que el agua infiltrada circula por acción de la gravedad desde las zonas de mayor precipitación al sur del estado (Sierrita de Ticul), hasta la costa norte de Yucatán, en donde se efectúa la descarga natural del acuífero en el mar; dando lugar también a la formación de esteros y lagunas costeras. Puedo decir que desde la cuenca alta de captación hasta las zonas de extracción en donde se ubican los pozos que abastecen a la ciudad de Mérida, el agua que sale de mi grifo ha recorrido de manera subterránea más de 150 kilómetros.

Todos podemos coincidir en que el agua es un elemento vital en nuestras vidas, fundamental para un auténtico desarrollo social, y que en Yucatán la única fuente disponible es el agua subterránea, sin embargo, al parecer no le damos la importancia necesaria. El estado carece de una red de observación del comportamiento del acuífero en el territorio, y a lo largo del año, se debe registrar cuál es su condición y cómo se comportan las aguas subterráneas.

La ciudad de Mérida hasta hoy no tiene dificultades de abastecimiento de agua, sin embargo, enfrentamos un serio problema de degradación de la calidad de ésta en virtud de las características propias del acuífero y de nuestras acciones. Es fácil comprender que el agua al infiltrarse al subsuelo arrastra otras sustancias, lo que provoca el deterioro de su calidad. Vale la pena mencionar algunos ejemplos: en Yucatán y en Mérida las rocas calizas han sido utilizadas para la fabricación de agregados para la construcción, por lo que se han destinado superficies como bancos de materiales pétreos, también conocidas como sascaberas, incluso algunos de ellos son explotados por debajo de los niveles freáticos. Al ser abandonados han sido receptores de desechos sólidos y áreas de descarga de aguas residuales, por lo que son convertidos en fuentes de contaminación directa.

Otro aspecto que se ha descuidado es el fecalismo al aire libre, lo cual es muy frecuente en el medio rural, ya que la población no cuenta con baños para hacer sus necesidades fisiológicas y las realizan en sus patios; lo que significa una fuente de contaminación bacteriológica, ya que las aguas se infiltran y transportan coliformes fecales y bacterias patógenas. La construcción de pozos pluviales en la ciudad de Mérida igualmente representa una fuerte carga de contaminación para el acuífero, pues las aguas pluviales arrastran todas las sustancias vertidas en la superficie. Un punto más es el insuficiente tratamiento de las aguas residuales. En Mérida las aguas residuales de uso doméstico, industrial y comercial son descargadas directamente al acuífero, en la mayoría de los casos sin tratamiento. Estudios realizados por la Facultad de Ingeniería de la UADY reportan un bajo funcionamiento de las fosas sépticas, por lo que hay una fuerte descarga orgánica y bacteriana de las aguas de las fosas a través de los pozos de absorción. Una fuente más de polución del acuífero la constituye la aplicación incontrolada de fertilizantes y pesticidas en el medio rural. Las granjas de cerdos y de aves son una fuente potencial de contaminación del mismo, por lo que es imprescindible realizar el monitoreo permanente y el tratamiento de los desechos generados.

¡Cómo se puede apreciar en esta breve mención de fuentes de contaminación que degradan la calidad del agua que requerimos para vivir, debemos como ciudadanos tomar conciencia y poner la atención debida para exigir a las autoridades respectivas el cumplimiento de la normatividad, y la recuperación de nuestro acuífero!

*Portada de México Destinos, fotografías del artículo de Nayeli González Muñoz 

Gerardo García Gil

Gerardo García Gil

Doctor en Geografía por la UNAM; especialización en Cartografía de los Recursos Naturales y Ordenamiento Ecológico del Territorio, profesor investigador del Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias-UADY.

E-mail: garciag@correo.uady.mx

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